Alejándome de Ti
- ¿Por que demonios dejaría de hablarle?
- Aún no estas en condiciones de estar cerca de nadie, más que de nosotros.
- No puedo dejarla atrás. Yo mismo no me lo perdonaría.
- Lo que no te perdonarias seria hacerle daño. Si por alguna vuelta del destino llegaras a lastimarla, no podrías superar esa culpa. Jamás.
- Yo no le haría daño.
- Te aseguro que si podrías hacerlo. Aunque no quieras, cuando te transformas eres un ser inestable. Por lo menos hasta que puedas controlarte. No puedes estar cerca de ninguna persona, que no pueda reaccionar al estar junto a ti, durante la transición.
- Esta bien. –me dolía aceptar. No lo hacia solo por le hecho de que jamás quisiera lastimar a Bella, aunque en este momento con el solo hecho de dejarla sola y no comunicarme con ella. La hacia sufrir. Pero fuera de esto acepta el “mandato” de Sam, –por que así lo sentí– y quizás por esto no lograba doblegarme. Era algo que aun, no entendía.
- Y nunca, óyelo bien. NUNCA. Podrás decirle lo que eres ahora, ni lo que somos nosotros. Es un secreto de la tribu.
Valla, con eso si había un problema. Asi tiempo cuando caminaba con ella por First Beach, yo le había revelado la vieja historia de la tribu Quiliute. Un presentimiento me indico que este no era el momento para comentárselo a Sam.
Sam espero hasta que yo lo mire, y asentí.
- Otra cosa más antes de irme. Te recomiendo que te cortes el cabello, cuando eres lobo, y tu cabello es tan largo, se te dificulta poder ver por la cantidad de pelaje que se acumula frente a tus ojos.
- Bien. Lo hare. –obedecí automáticamente. Odiaba cortar mi cabello.
Sam se fue, afuera lo esperaban los otros dos lobos. Embry, y… aun no sabia quien era el otro, nunca hablo lo suficiente como para poder saber quien era.
Me fui a dar un baño, luego de que me vestí, me fui a la cocina, papá había pedido… 3 pizzas. No podía creer que fuera pedido tantas.
Cuando termine de comer hasta el último trozo, supe por que. Tenía un hambre inhumana.
Antes de acostarme busque una tijera, me fui al baño, y pase la filosa tijera entre mis cabellos. Me lo corte yo mismo, molesto. No deseaba hacerlo, pero si iba a ser un lobo. Quería poder tener visibilidad. El corte me quedo como de profesional.
Cuando me fui a acostar caí rendido.
Comencé a dar vueltas en la cama, molesto... Me sentía un poco mal, había soñado con Bella; fue lo peor que pude imaginarme. Bella salía herida por mi culpa.
Afligido me levante de la cama y fui a trompicones hasta el sofá. Me sentía débil, y… molesto. Me senté en un de las sillas de la mesa, respire un par de veces, profundo y tratando de calmarme; estaba molesto por el simple hecho de imaginarme lastimando a Bella.
El teléfono sonó sobresaltándome.
— ¿Diga? –la voz me sonó un poco ronca.
—Ay, Jake —era Bella. Mi corazón pego un brinco de la emoción y el miedo—. ¡Qué mala voz...!
— Me encuentro fatal... —dije en voz baja. Seguramente papá estaba en casa, el sabia que yo no debía hablar con Bella.
— Cuánto siento haberte hecho salir conmigo. Te he fastidiado. –se disculpo. En realidad era lo mejor que me había pasado. Aunque luego de ese día, todo en mi vida había cambiado.
— Estoy contento de haber ido. No te eches la culpa, no la tienes. –no era justo que se sintiera mal por una idea errada. Lo que me sucedía no era culpa de ella.
— Enseguida te vas a poner bien —aseguro—. Yo ya me sentía bien esta mañana, al despertar.
— ¿Estabas enferma? —pregunte sintiéndome culpable por no haberla llamado antes. Debí haberlo hecho aunque papá, Sam y todos los integrantes de esa manada se molestaran.
—Sí, yo también la pillé, pero ahora me encuentro bien...
—Eso es estupendo —dije en un susurro. Si ella estaba bien, yo también lo estaba. No podía ir a su casa.
—... así que probablemente estarás bien en cuestión de horas —me prometió.
— Dudo que tenga lo mismo que tú. –respondí en voz baja.
— ¿No tienes una gripe estomacal?
—No, esto es… algo más.
— ¿Qué es lo que te duele?
—Todo —susurre—, todo el cuerpo. –no mentía, aun me dolían todos los huesos y músculos.
— ¿Qué puedo hacer, Jake? ¿Qué te puedo llevar?
—Nada. No puedes venir —le corte tajante. Demasiado descortés para mí gusto. Pero tenia que cuidarla, no podía permitirle estar cerca de mí.
—Ya he estado expuesta a lo que sea que tengas —trato de contrariarme.
— Yo te llamaré en cuanto me sea posible. Te avisaré de cuándo puedes volver a venir.
—Jacob...
—He de irme —dije rápidamente cuando escuche que papá se acercaba. Y que yo me acercaba a flaquear en promesa de separarme de ella.
—Llámame cuando te encuentres mejor.
—De acuerdo —acepte triste, sabiendo que no podría hacerlo.
—Te veré pronto —dijo Bella tristemente.
—Espera a que te llame —le repetí. Tratando de convencerla. Yo sabía que no la llamaría. Era mejor para ella.
—Vale... Adiós, Jacob.
—Bella...
Susurre melancólicamente, con unas lágrimas que habían comenzado a rodar mis ojos sin permiso. Colgué el teléfono, y cruce la puerta, en dirección al bosque, sabiendo que no tendría tiempo suficiente para calmarme. Me quite la camisa en el camino, dejando fluir esa otra parte de mí.
Los personajes referidos a la saga Crepúsculo que son usados en este blog son propiedad de Stephenie Meyer.
julio 22, 2011
julio 18, 2011
Cap. XXI
Manada Vs Bella
Comencé a dar vueltas alrededor de los arboles, a gran velocidad, me dolía la cabeza, escuchaba voces aglomeradas pero no lograba identificar ninguna, solo me provocaban una fuerte jaqueca.
- Hagan silencio. –escuche una fuerte voz en mi cabeza, seguida de esta el ruido seso. No sabía de donde provenía pero lo agradecí enormemente. Al mismo tiempo yo deje de dar vueltas y frene. Me sorprendió lo rápido que pude detenerme, incrustando las… patas, en la tierra. Me tambalee, y caí hacia un lado y resbale por la tierra unos metros. No estaba acostumbrado en ningún sentido a andar en 4 patas.
Me levante y trate de respirar poco a poco ahora que todo estaba en silencio, pero me dolía mucho el costado, sentía como si fuera corrido kilómetros agachado.
- Te acostumbraras
- ¿Qué? –pregunte en mi cabeza a esa voz. Mi respiración estaba agitada, seguramente me estaba volviendo loco.
- No hermano, no estas loco. – ¿esa voz?
- ¿Embry?
- Si hermano soy yo. Lamento mucho no haberte contado sobre… esto. –Un enorme lobo de pelaje gris salió de entre los arboles de mi derecha.
- No entiendo nada. –Replique. Tras el lo siguieron dos lobos más, uno alto con el pelaje negro, y a pocos metros apareció otro lobo, pero este tenia el pelaje color castaño.
- Nosotros te ayudaremos a entenderlo. –El enorme lobo negro, más alto que yo me hablo mentalmente, pero de pie frente a mi, con sus ojos clavados en los míos. Ahora su voz me sonaba más familiar, conocida. Acaso era…
- ¿Sam? –murmure.
- Si soy yo. El alfa de esta manada... Por ahora. –Corrigió luego.
- ¿Manada?
- Si Jacob. Las historias que tu padre te ha contado durante lo largo de tu vida, no son mentiras. Somos parte de un linaje de lobos. Nuestro deber es con las personas, debemos protegerles.
- Pero yo, que. ¿Por qué?
- Era tu destino, desde siempre. Eres el hijo de Ephraim Black. Tu lugar en esta manada… es el de alfa.
- ¿Alfa?, de que demonios hablas. Yo no quiero ser esto, no quiero ser eso que dices. Quiero volver a mi cuerpo. Volver a ser yo.
- Debes calmarte. Te ayudaremos a volver a tu estado. Y luego hablaremos mejor de esto.
- Por favor, solo quiero. Volver a ser yo. No soporto estar así.
- Debes relajar cada uno de tus músculos. Deja fluir tu lado humano.
- No entiendo que debo hacer. ¿Cómo?
- Piensa en ti mismo, como humano. Trata de expulsarlo hacia afuera y apaciguar tu lado de lobo –me deje caer sobre mis asientos traseros, tratando de relajarme.
Una presión comenzó a bajar desde mi cabeza hasta mis pies, descendiendo. Permití que fluyera mi lado humano, pensando en cada característica de mi cuerpo, mis brazos, mis dedos y pies, mi cara y mi tórax. Respire tranquilamente, acompasando mis respiraciones con las de Sam. Sentí como si una parte de mi se recluyera en mi interior, esperando la señal para volver a salir a la luz.
Abrí los ojos nuevamente, mi cuerpo había vuelto. Estaba algo sucio por la caída de hacia un rato. Pero era yo. Aunque… desnudo. No me di cuenta en que momento había perdido la ropa, pero supuse rápidamente que en el momento en que… me convertí en… –no lograba ni pensar bien la palabra, no aplicada en mi– la ropa se rompió, incluyendo mis zapatos. Genial ahora tenia que comprarme otros nuevos.
De pronto caí en la cuenta de que aun tenia compañía. Los lobos permanecían a mí alrededor. Me sentí algo cohibido por su presencia, no estaba vestido y me incomodaba un poco tenerlos tan cerca.
Sam, llevo su hocico hasta una de sus patas traseras, agarro algo con los dientes y luego me lo aventó.
Era un short de jean. Me lo puse sin protestar. Me sentía mucho mejor vestido.
- ¿Siempre va a ser así? Me refiero a, la ropa. Y si vuelve a sucederme esto, tendré que aplicar la misma solución respirar y relajarme hasta que vuelva a ser yo, mi verdadero yo.
No escuche ninguna voz de respuesta en mi cabeza.
- ¡Hey! ¿Qué sucede? –quizás lo de hablar solo funcionaba siendo lobo.
El lobo negro, comenzó a cambiar de forma, reduciendo su pelaje, y colocándose sobre dos piernas. Era Sam. Se coloco un short negro que cargaba sujeto en una pierna. Se lo puso mientras yo trataba de ver hacia otro lado. Mi vista se clavo en el lobo gris que estaba a pocos centímetros. Se acerco dos pasos hacia mí, y yo sin poder evitarlo retrocedí.
- Es Embry –hablo Sam– quiere que sepas que cuenta contigo. Y que esta feliz de que te nos hayas unido. Por fin. Y ahora tu verdadero yo, no es solo el humano, tu vida esta dividida en dos seres. Eres un humano y cuando lo desees serás un licántropo. Debes aprender a controlarlo.
- No quiero ser esto. Me confunde.
- Es lo que eres. –corto tajante. Sentí como si debiera doblegarme a esa voz. No por que hablara en voz alta. Si no por algún lazo extraño… que no lograba entender.
- Necesito ir a casa. Me siento mal.
- Esta bien. Pasaremos más tarde, te vamos a acompañar hasta allá, estas algo débil. Trata de descansar. Y debes ser paciente, de ahora en adelante no puedes reaccionar de forma dramática ante una situación, debes tratar de relajarte y asimilar las cosas sin molestarte. Te transformarías en lobo y… si hay alguien, cerca de ti. Podrías… lastimarle sin la menor intención de hacerlo.
- De acuerdo. –no pude decir nada más. Algo en la voz de Sam demostraba que hablaba en serio, y que no debía tomármelo a la ligera. El tono afligido con el que había hablado me causo algo de lastima.
Me acompañaron hasta mi casa, si me sentía débil y a la vez algo dentro de mí, parecía fortalecerse. Mientras caminábamos me tambalee un par de veces, tenia mucha hambre, más de la normal. Como si no fuera comido en varios días.
Cuando entre a casa, papá estaba pegado al teléfono, con la mirada perdida y el rostro algo contrariado. Camine hasta el sofá y me deje caer sobre el.
— Está aquí —respondió a quien estuviera del otro del auricular.
La persona le respondió, y papá arrugo un poco el entrecejo.
— Estaba... demasiado enfermo para telefonear. Ahora mismo no se encuentra muy bien —era más que obvio que hablaba de mí. Y no mentía, en realidad no me sentía bien.
—No, no —repuso papá rápidamente, como si le fueran dicho una barbaridad—. Estamos bien. Quédate en casa.
Alguien estaba pendiente de mi, quizás era Harry, o Charlie. Dios… Bella. Había quedado en llamarla.
Trate de levantarme para tomar el auricular, pero me dolían mucho las piernas, y los brazos. Sam puso una mano sobre mi hombro, en señal de que debía esperar.
—Adiós, Bella. –dijo papá con voz seca y apática. El corazón se me estrujo y quise marcarle y pedirle disculpa por la forma en que el le había hablado.
- Por que le hablaste así. Debiste pasármela. –le recrimine a papá. El dirigió una mirada cargada de palabras a Sam. Este asintió y volteo a verme.
- No debes y no puedes acercarte a Bella.
Comencé a dar vueltas alrededor de los arboles, a gran velocidad, me dolía la cabeza, escuchaba voces aglomeradas pero no lograba identificar ninguna, solo me provocaban una fuerte jaqueca.
- Hagan silencio. –escuche una fuerte voz en mi cabeza, seguida de esta el ruido seso. No sabía de donde provenía pero lo agradecí enormemente. Al mismo tiempo yo deje de dar vueltas y frene. Me sorprendió lo rápido que pude detenerme, incrustando las… patas, en la tierra. Me tambalee, y caí hacia un lado y resbale por la tierra unos metros. No estaba acostumbrado en ningún sentido a andar en 4 patas.
Me levante y trate de respirar poco a poco ahora que todo estaba en silencio, pero me dolía mucho el costado, sentía como si fuera corrido kilómetros agachado.
- Te acostumbraras
- ¿Qué? –pregunte en mi cabeza a esa voz. Mi respiración estaba agitada, seguramente me estaba volviendo loco.
- No hermano, no estas loco. – ¿esa voz?
- ¿Embry?
- Si hermano soy yo. Lamento mucho no haberte contado sobre… esto. –Un enorme lobo de pelaje gris salió de entre los arboles de mi derecha.
- No entiendo nada. –Replique. Tras el lo siguieron dos lobos más, uno alto con el pelaje negro, y a pocos metros apareció otro lobo, pero este tenia el pelaje color castaño.
- Nosotros te ayudaremos a entenderlo. –El enorme lobo negro, más alto que yo me hablo mentalmente, pero de pie frente a mi, con sus ojos clavados en los míos. Ahora su voz me sonaba más familiar, conocida. Acaso era…
- ¿Sam? –murmure.
- Si soy yo. El alfa de esta manada... Por ahora. –Corrigió luego.
- ¿Manada?
- Si Jacob. Las historias que tu padre te ha contado durante lo largo de tu vida, no son mentiras. Somos parte de un linaje de lobos. Nuestro deber es con las personas, debemos protegerles.
- Pero yo, que. ¿Por qué?
- Era tu destino, desde siempre. Eres el hijo de Ephraim Black. Tu lugar en esta manada… es el de alfa.
- ¿Alfa?, de que demonios hablas. Yo no quiero ser esto, no quiero ser eso que dices. Quiero volver a mi cuerpo. Volver a ser yo.
- Debes calmarte. Te ayudaremos a volver a tu estado. Y luego hablaremos mejor de esto.
- Por favor, solo quiero. Volver a ser yo. No soporto estar así.
- Debes relajar cada uno de tus músculos. Deja fluir tu lado humano.
- No entiendo que debo hacer. ¿Cómo?
- Piensa en ti mismo, como humano. Trata de expulsarlo hacia afuera y apaciguar tu lado de lobo –me deje caer sobre mis asientos traseros, tratando de relajarme.
Una presión comenzó a bajar desde mi cabeza hasta mis pies, descendiendo. Permití que fluyera mi lado humano, pensando en cada característica de mi cuerpo, mis brazos, mis dedos y pies, mi cara y mi tórax. Respire tranquilamente, acompasando mis respiraciones con las de Sam. Sentí como si una parte de mi se recluyera en mi interior, esperando la señal para volver a salir a la luz.
Abrí los ojos nuevamente, mi cuerpo había vuelto. Estaba algo sucio por la caída de hacia un rato. Pero era yo. Aunque… desnudo. No me di cuenta en que momento había perdido la ropa, pero supuse rápidamente que en el momento en que… me convertí en… –no lograba ni pensar bien la palabra, no aplicada en mi– la ropa se rompió, incluyendo mis zapatos. Genial ahora tenia que comprarme otros nuevos.
De pronto caí en la cuenta de que aun tenia compañía. Los lobos permanecían a mí alrededor. Me sentí algo cohibido por su presencia, no estaba vestido y me incomodaba un poco tenerlos tan cerca.
Sam, llevo su hocico hasta una de sus patas traseras, agarro algo con los dientes y luego me lo aventó.
Era un short de jean. Me lo puse sin protestar. Me sentía mucho mejor vestido.
- ¿Siempre va a ser así? Me refiero a, la ropa. Y si vuelve a sucederme esto, tendré que aplicar la misma solución respirar y relajarme hasta que vuelva a ser yo, mi verdadero yo.
No escuche ninguna voz de respuesta en mi cabeza.
- ¡Hey! ¿Qué sucede? –quizás lo de hablar solo funcionaba siendo lobo.
El lobo negro, comenzó a cambiar de forma, reduciendo su pelaje, y colocándose sobre dos piernas. Era Sam. Se coloco un short negro que cargaba sujeto en una pierna. Se lo puso mientras yo trataba de ver hacia otro lado. Mi vista se clavo en el lobo gris que estaba a pocos centímetros. Se acerco dos pasos hacia mí, y yo sin poder evitarlo retrocedí.
- Es Embry –hablo Sam– quiere que sepas que cuenta contigo. Y que esta feliz de que te nos hayas unido. Por fin. Y ahora tu verdadero yo, no es solo el humano, tu vida esta dividida en dos seres. Eres un humano y cuando lo desees serás un licántropo. Debes aprender a controlarlo.
- No quiero ser esto. Me confunde.
- Es lo que eres. –corto tajante. Sentí como si debiera doblegarme a esa voz. No por que hablara en voz alta. Si no por algún lazo extraño… que no lograba entender.
- Necesito ir a casa. Me siento mal.
- Esta bien. Pasaremos más tarde, te vamos a acompañar hasta allá, estas algo débil. Trata de descansar. Y debes ser paciente, de ahora en adelante no puedes reaccionar de forma dramática ante una situación, debes tratar de relajarte y asimilar las cosas sin molestarte. Te transformarías en lobo y… si hay alguien, cerca de ti. Podrías… lastimarle sin la menor intención de hacerlo.
- De acuerdo. –no pude decir nada más. Algo en la voz de Sam demostraba que hablaba en serio, y que no debía tomármelo a la ligera. El tono afligido con el que había hablado me causo algo de lastima.
Me acompañaron hasta mi casa, si me sentía débil y a la vez algo dentro de mí, parecía fortalecerse. Mientras caminábamos me tambalee un par de veces, tenia mucha hambre, más de la normal. Como si no fuera comido en varios días.
Cuando entre a casa, papá estaba pegado al teléfono, con la mirada perdida y el rostro algo contrariado. Camine hasta el sofá y me deje caer sobre el.
— Está aquí —respondió a quien estuviera del otro del auricular.
La persona le respondió, y papá arrugo un poco el entrecejo.
— Estaba... demasiado enfermo para telefonear. Ahora mismo no se encuentra muy bien —era más que obvio que hablaba de mí. Y no mentía, en realidad no me sentía bien.
—No, no —repuso papá rápidamente, como si le fueran dicho una barbaridad—. Estamos bien. Quédate en casa.
Alguien estaba pendiente de mi, quizás era Harry, o Charlie. Dios… Bella. Había quedado en llamarla.
Trate de levantarme para tomar el auricular, pero me dolían mucho las piernas, y los brazos. Sam puso una mano sobre mi hombro, en señal de que debía esperar.
—Adiós, Bella. –dijo papá con voz seca y apática. El corazón se me estrujo y quise marcarle y pedirle disculpa por la forma en que el le había hablado.
- Por que le hablaste así. Debiste pasármela. –le recrimine a papá. El dirigió una mirada cargada de palabras a Sam. Este asintió y volteo a verme.
- No debes y no puedes acercarte a Bella.
julio 16, 2011
Cap. XX
Transición - Transformación
Escuche como gimió nuestro acompañante, y seguidamente vomito dentro del cubo. Por auto reflejo voltee a ver si había vomitado donde era y no había manchado los asientos.
El viaje de vuelta fue incomprensiblemente largo. Me molestaba mas de lo que cuenta llevar un vomitador en la parte de atrás de mi auto “nuevo”.
Bella aun tenia frio, así que mantuve mi brazo a su alrededor; anduvimos en silencio.
Observe a Bella de reojo, ella ni lo noto, su vista estaba clavada en lo que tenia al frente pero su mente estaba flotando. El silencio solo me ponía a pensar en que pensaba ella. Sin importar que fuera yo siempre estaría ahí para ella, para escucharla y tratar de comprenderla. Para ser… su… amigo. Claro que esta que la quería más que eso, pero no puedes obligar a un corazón lastimado a amar.
De pronto Bella se estremeció, supuse que el “frio” se lo estaba causando. La estreche con fuerza para mantenerla calienta.
Cuando llegamos a casa de Bella, la ayude a subir a Mike a la Suburban de el, y yo les seguí desde atrás para luego devolverme con ella.
Mientras nos devolvíamos comencé a sentirme extraño, como mareado, no con ganas de vomitar si no, mas como fuera de mi mismo. Tenía la vista un poco distorsionada, y mi cuerpo expandía olas de calor. Era confuso que ha esta hora de la noche no hiciera frio, no era Bella algo malo en ella, era algo en mi lo que estaba fallando.
— Me autoinvitaría a entrar, en vista de que hemos llegado pronto —dije mientras frenaba detrás de la pickup—, pero creo que tal vez tengas razón sobre lo de la fiebre. Empiezo a sentirme un poco... extraño. –admití.
—Ay, no, ¡tú también! –Grazno Bella– ¿Quieres que te lleve a casa?
—No —dije mientras sacudía la cabeza, quería llegar de una vez y creía ser capaz de manejar—. Aún no me siento enfermo, sólo... mal. Si tengo que acercarme al arcén y parar, lo haré.
— ¿Me llamarás en cuanto llegues? —pregunto Bella con sincero interés y preocupación.
— Claro que sí. –le conteste pronto.
Quería decirle unas cuantas palabras antes de irme. Pero el solo pensarlas me hacia sentir empalagoso. Cursi. Arrugue la frente mientras miraba hacia el bosque, me mordí el labio mientras me debatía en que debía hacer.
Cuando Bella abrió la puerta para bajar, mi mano salto hasta su muñeca para detenerla. Su frio me hizo sentir algo mareado.
— ¿Qué ocurre, Jake?
— Hay algo que quiero decirte, Bella, pero me parece que va a sonar un tanto cursi.
Bella suspiro y resignada respondió.
—Adelante.
—Es sólo esto: sé lo infeliz que eres y que tal vez esto no te ayude en nada, pero quiero que sepas que siempre estaré aquí. No voy a dejarte caer, te prometo que siempre podrás contar conmigo. –Debió sonar como frase de quinceañera– Guau, sí que suena cursi. Pero lo sabes, ¿no? ¿Sabes que nunca jamás te voy a hacer daño?
— Sí, Jake. Lo sé, y ya cuento contigo, probablemente más de lo que piensas.
Sonreí mas de la cuenta por sus palabras. Yo siempre estaría ahí. Pero en este momento no podía estarlo. Me picaban las plantas de los pies y la cabeza amenazaba con dolerme.
Sentí un torbellino en mi estomago, di un respingo. Y me apresure a despedirme. Necesitaba llegar a casa, quizás solo necesitaba descansar.
—Creo que será mejor que me vaya a casa, de verdad.
Bella salto del coche, mientras me alejaba grito.
— ¡Llámame!
Pise a fondo el acelerador, la carretera estaba húmeda, típico de Forks. En pocos minutos ya estaba entrando en territorio de la Push. Cuando llegue a casa me ardían los ojos, y sentía más calor que en un día propio de verano, aparentaba tener al sol sobre mí, calentándome tanto como podía, dirigiendo hacia mi cada uno de sus rayos sobre mi costado. Sin clemencia.
Estacione como pude, logre bajarme del auto a trompicones. Los arboles se azotaban debido a la brisa que había, pero yo sentía el aire, parecido al de un ventilador que esta dentro de una casa de cinc. Era imposible que hiciera tanto calor. Camine hacia la puerta de la casa, bueno corría a decir verdad aunque no me sentía cansado solo quería llegar y eso me impulsaba a correr.
- ¡Jake! –Grito papá en cuando me vio entrar– ¿Qué tienes?
- Estoy bien solo necesito descansar.
- No es eso. Esta…. esta sucediendo.
- Estas alucinando. –entre a mi habitación y caí sobre mi cama.
Un escalofrió me recorrió, dejándome aturdido, y luego otra vez me invadía el calor. Era como sentir dos cosas a la vez. El clima fue calentándome cada vez más, negándose a abandonar mi cuerpo. Quemando cada una de mis extremidades.
- Cálmate Jake. –me tranquilizaba mi papá, sentado en su silla junto a mi. –debes dejarlo fluir en ti. Es tu destino.
- Maldición… y ahora de que demonios hablas.
- Vas a unirte a tus descendientes.
- No… entien…do. –tartamudee a causa de un espasmo que me recorrió el cuerpo.
- Serás lo que debes ser, estarás con los que son como tú… vivirás tu destino como… un licántropo Jake, un lobo. Esta transacción… te estas convirtiendo en lo que son Sam, Paul, Embry… uno de ellos. Tu destino es cuidar a los humanos de seres sedientos de sangre que habitan a nuestro alrededor. Seguirás el linaje de grandes héroes que han cuidado por años nuestras tierras.
Las palabras de papá se entremezclaban con el dolor y las punzadas… estaba inconsciente de la realidad, tanto que no lograba encontrarle sentido a sus palabras o simplemente no tenían sentido. Este dolor no podía ser real, debía de estar dormido, seguramente estaba teniendo una pesadilla. Pero… muy vivida. Una oleada de fuego fluyo desde la planta de mis pies, subía por mi columna, recorriendo todo mi cuerpo, provocándome espasmos en brazos y piernas. Me sentía aturdido, una quemazón manaba por todo mi ser haciendo de mi algo más… algo diferente… antiguo. Irreal.
Mi cuerpo continuaba subiendo de temperatura, papá permanecía a mi lado, me hablaba pero yo no lograba calmarme… no entendía, o no quería entender que esto en realidad me estuviera pasando.
Me estremecí cuando otro temblor subió por mi columna, mi mente comenzó a trabajar a mayor velocidad, algunas voces en mi cabeza daban tumbos, aturdiéndome. Escuchaba a otros hablando en voz alta, o pensando en gran volumen. Escuchaba los autos que pasaban por la carretera, que estaba a… kilómetros de distancia.
Cuando mi cuerpo se doblo hacia adelante, pensé que me estaba volviendo loco. Me levante de la cama, dándome varios golpes contra las paredes, de pronto ya no estaba caminando en 2 piernas, si no en cuatro patas. Tenía un enorme hocico. Grandes patas y mucho pelaje. En gran, gran cantidad. Un color rojo cobrizo me recorría completamente.
Salí corriendo de la casa, dejando un desastre detrás de mí, no lograba equilibrarme. Llegue al bosque en cuestión de segundos, corría a una velocidad insuperable, no chocaba con ningún árbol aún y cuando sobre mis ojos caía una espesa melena que me cubría la vista casi en su totalidad.
Todos los olores chocaban contra mi nariz de forma más notoria, todo era mas claro. No solo lo que me rodeaba, si no también mi naturaleza; que despertaba en mí sin pedir permiso.
Escuche como gimió nuestro acompañante, y seguidamente vomito dentro del cubo. Por auto reflejo voltee a ver si había vomitado donde era y no había manchado los asientos.
El viaje de vuelta fue incomprensiblemente largo. Me molestaba mas de lo que cuenta llevar un vomitador en la parte de atrás de mi auto “nuevo”.
Bella aun tenia frio, así que mantuve mi brazo a su alrededor; anduvimos en silencio.
Observe a Bella de reojo, ella ni lo noto, su vista estaba clavada en lo que tenia al frente pero su mente estaba flotando. El silencio solo me ponía a pensar en que pensaba ella. Sin importar que fuera yo siempre estaría ahí para ella, para escucharla y tratar de comprenderla. Para ser… su… amigo. Claro que esta que la quería más que eso, pero no puedes obligar a un corazón lastimado a amar.
De pronto Bella se estremeció, supuse que el “frio” se lo estaba causando. La estreche con fuerza para mantenerla calienta.
Cuando llegamos a casa de Bella, la ayude a subir a Mike a la Suburban de el, y yo les seguí desde atrás para luego devolverme con ella.
Mientras nos devolvíamos comencé a sentirme extraño, como mareado, no con ganas de vomitar si no, mas como fuera de mi mismo. Tenía la vista un poco distorsionada, y mi cuerpo expandía olas de calor. Era confuso que ha esta hora de la noche no hiciera frio, no era Bella algo malo en ella, era algo en mi lo que estaba fallando.
— Me autoinvitaría a entrar, en vista de que hemos llegado pronto —dije mientras frenaba detrás de la pickup—, pero creo que tal vez tengas razón sobre lo de la fiebre. Empiezo a sentirme un poco... extraño. –admití.
—Ay, no, ¡tú también! –Grazno Bella– ¿Quieres que te lleve a casa?
—No —dije mientras sacudía la cabeza, quería llegar de una vez y creía ser capaz de manejar—. Aún no me siento enfermo, sólo... mal. Si tengo que acercarme al arcén y parar, lo haré.
— ¿Me llamarás en cuanto llegues? —pregunto Bella con sincero interés y preocupación.
— Claro que sí. –le conteste pronto.
Quería decirle unas cuantas palabras antes de irme. Pero el solo pensarlas me hacia sentir empalagoso. Cursi. Arrugue la frente mientras miraba hacia el bosque, me mordí el labio mientras me debatía en que debía hacer.
Cuando Bella abrió la puerta para bajar, mi mano salto hasta su muñeca para detenerla. Su frio me hizo sentir algo mareado.
— ¿Qué ocurre, Jake?
— Hay algo que quiero decirte, Bella, pero me parece que va a sonar un tanto cursi.
Bella suspiro y resignada respondió.
—Adelante.
—Es sólo esto: sé lo infeliz que eres y que tal vez esto no te ayude en nada, pero quiero que sepas que siempre estaré aquí. No voy a dejarte caer, te prometo que siempre podrás contar conmigo. –Debió sonar como frase de quinceañera– Guau, sí que suena cursi. Pero lo sabes, ¿no? ¿Sabes que nunca jamás te voy a hacer daño?
— Sí, Jake. Lo sé, y ya cuento contigo, probablemente más de lo que piensas.
Sonreí mas de la cuenta por sus palabras. Yo siempre estaría ahí. Pero en este momento no podía estarlo. Me picaban las plantas de los pies y la cabeza amenazaba con dolerme.
Sentí un torbellino en mi estomago, di un respingo. Y me apresure a despedirme. Necesitaba llegar a casa, quizás solo necesitaba descansar.
—Creo que será mejor que me vaya a casa, de verdad.
Bella salto del coche, mientras me alejaba grito.
— ¡Llámame!
Pise a fondo el acelerador, la carretera estaba húmeda, típico de Forks. En pocos minutos ya estaba entrando en territorio de la Push. Cuando llegue a casa me ardían los ojos, y sentía más calor que en un día propio de verano, aparentaba tener al sol sobre mí, calentándome tanto como podía, dirigiendo hacia mi cada uno de sus rayos sobre mi costado. Sin clemencia.
Estacione como pude, logre bajarme del auto a trompicones. Los arboles se azotaban debido a la brisa que había, pero yo sentía el aire, parecido al de un ventilador que esta dentro de una casa de cinc. Era imposible que hiciera tanto calor. Camine hacia la puerta de la casa, bueno corría a decir verdad aunque no me sentía cansado solo quería llegar y eso me impulsaba a correr.
- ¡Jake! –Grito papá en cuando me vio entrar– ¿Qué tienes?
- Estoy bien solo necesito descansar.
- No es eso. Esta…. esta sucediendo.
- Estas alucinando. –entre a mi habitación y caí sobre mi cama.
Un escalofrió me recorrió, dejándome aturdido, y luego otra vez me invadía el calor. Era como sentir dos cosas a la vez. El clima fue calentándome cada vez más, negándose a abandonar mi cuerpo. Quemando cada una de mis extremidades.
- Cálmate Jake. –me tranquilizaba mi papá, sentado en su silla junto a mi. –debes dejarlo fluir en ti. Es tu destino.
- Maldición… y ahora de que demonios hablas.
- Vas a unirte a tus descendientes.
- No… entien…do. –tartamudee a causa de un espasmo que me recorrió el cuerpo.
- Serás lo que debes ser, estarás con los que son como tú… vivirás tu destino como… un licántropo Jake, un lobo. Esta transacción… te estas convirtiendo en lo que son Sam, Paul, Embry… uno de ellos. Tu destino es cuidar a los humanos de seres sedientos de sangre que habitan a nuestro alrededor. Seguirás el linaje de grandes héroes que han cuidado por años nuestras tierras.
Las palabras de papá se entremezclaban con el dolor y las punzadas… estaba inconsciente de la realidad, tanto que no lograba encontrarle sentido a sus palabras o simplemente no tenían sentido. Este dolor no podía ser real, debía de estar dormido, seguramente estaba teniendo una pesadilla. Pero… muy vivida. Una oleada de fuego fluyo desde la planta de mis pies, subía por mi columna, recorriendo todo mi cuerpo, provocándome espasmos en brazos y piernas. Me sentía aturdido, una quemazón manaba por todo mi ser haciendo de mi algo más… algo diferente… antiguo. Irreal.
Mi cuerpo continuaba subiendo de temperatura, papá permanecía a mi lado, me hablaba pero yo no lograba calmarme… no entendía, o no quería entender que esto en realidad me estuviera pasando.
Me estremecí cuando otro temblor subió por mi columna, mi mente comenzó a trabajar a mayor velocidad, algunas voces en mi cabeza daban tumbos, aturdiéndome. Escuchaba a otros hablando en voz alta, o pensando en gran volumen. Escuchaba los autos que pasaban por la carretera, que estaba a… kilómetros de distancia.
Cuando mi cuerpo se doblo hacia adelante, pensé que me estaba volviendo loco. Me levante de la cama, dándome varios golpes contra las paredes, de pronto ya no estaba caminando en 2 piernas, si no en cuatro patas. Tenía un enorme hocico. Grandes patas y mucho pelaje. En gran, gran cantidad. Un color rojo cobrizo me recorría completamente.
Salí corriendo de la casa, dejando un desastre detrás de mí, no lograba equilibrarme. Llegue al bosque en cuestión de segundos, corría a una velocidad insuperable, no chocaba con ningún árbol aún y cuando sobre mis ojos caía una espesa melena que me cubría la vista casi en su totalidad.
Todos los olores chocaban contra mi nariz de forma más notoria, todo era mas claro. No solo lo que me rodeaba, si no también mi naturaleza; que despertaba en mí sin pedir permiso.
julio 14, 2011
Cap. XIX
Umm ardiendo
— No voy a cambiar —susurro con voz lastimera.
Permanecí en silencio, sopesando sus palabras. Aun estaba presente en su destrozado corazón ese que tanto daño le había causado. La única forma en que no me permitiera entrar en su vida, como yo realmente quería; era que el Cullen aun marcaba sus días y sus noches. Sin dejarla continuar su vida de forma normal.
— Se trata aún del otro, ¿verdad? –no me atreví si quiera a nombrarlo. Por miedo a que eso le hiriera.
Agradecí no haberlo hecho, su expresión se crispo del dolor.
— No tienes por qué hablar de ello —aclare en cuanto comprobé que el solo pensar en el la lastimaba, hasta el punto de quedar con la vista perdida.
Ella asintió pero no dijo nada. Aun recordaba al Cullen, pero quizás me permitiera mantenerme a su lado, e insistir un poco.
— Pero no te enfades porque te ronde, ¿vale? —Le palmee el dorso de la mano—. No me voy a rendir. Tengo tiempo de sobra. –recalce.
Ella suspiro, como cansada. O quizás resignada.
— No deberías desperdiciarlo en mí —explico, como si eso fuera suficiente para que me alejara de ella. Era mi tiempo, y ya había decido dárselo por completo a ella.
— Es lo que quiero hacer, siempre y cuando que te guste estar en mi compañía.
— No logro imaginarme cómo no voy a querer estar contigo —no necesitaba más. El resto lo lograría con el pasar del tiempo.
Una gran sonrisa se extendía por mi rostro...
— Puedo vivir con eso.
— No esperes nada más —advirtió. Mientras intentaba por enésima vez retirar su mano de entre las mías. La retuve con terquedad.
— En realidad, esto no te molesta, ¿verdad? —pregunte advirtiendo la respuesta. Con positivismo. Estrecho sus dedos para simbolizar a lo que me refería.
— No.
— Tampoco te preocupa lo que él piense —no era una pregunta. Alce el pulgar en dirección a los servicios para mostrar a lo que me refería.
— Supongo que no.
— En tal caso, ¿cuál es el problema?
— El problema —comenzó— es que esto tiene un significado diferente para mí que para ti.
— Bueno —de forma protectora aferre más su mano entre las mías—. Ése es mi problema, ¿no?
— Perfecto —refunfuño—, pero no lo olvides.
— No voy a hacerlo. Ahora soy yo quien sujeta la granada sin el seguro, ¿no? —me burle mientras le codeaba las costillas.
Bella puso los ojos en blanco algo sorprendida por mi chiste. En realidad esperaba que me dejara intentarlo.
Reí entre dientes y comencé a acariciar de forma distraída diseños en el dorso de su mano, con la yema del dedo. De pronto sentí una protuberancia en su muñeca. No sabía que era.
— ¡Qué cicatriz tan rara tienes ahí! —Dije mientras giraba su mano para verla bien—. ¿Cómo te la hiciste?
Con el índice de mi mano libre recorrí la cicatriz, que aunque era apenas visible sabía que ahí estaba.
— ¿De verdad esperas que recuerde dónde me hice todas las cicatrices?
— Está fría —señale mientras presionaba suavemente la extraña cicatriz.
Justo en ese momento alguien que fuera preferido continuara vomitando, salió del baño. Sentí algo de lastima por que el chico venia dando tumbos y tenía un aspecto horrible, peor que el normal.
— ¡Mike! —exclamo Bella casi tartamudeando.
— ¿Te importa que nos vayamos ya? —susurró.
— No, por supuesto que no —salto de mi lado, para irse junto al blandengue por lógica soltó su mano de entre las mías.
— ¿Era demasiado fuerte para ti la película? —pregunte molesto.
El me miro molesto y farfulló:
— En realidad, no he visto prácticamente nada. Sentí náuseas antes de que apagaran las luces. –entonces para que entre, se fuera limitado a irse y dejarnos solos.
— ¿Por qué no lo dijiste? —pregunto Bella, mientras Bella lo ayudaba a salir.
— Esperaba que se me pasase.
— Un segundito —pedí en cuanto llegamos a la puerta. Me fui hasta el puesto donde vendían palomitas, no quería que el estúpido vomitara dentro de mi auto, y lo ensuciara todo.
— ¿Podría darme un cartucho vacío de palomitas? –le pedí a la dependienta.
La chica miro al enfermo una sola vez y me entregó un cartucho enseguida.
— Llévelo fuera cuanto antes, por favor —me pidió.
Bella llevaba al chico casi cargado para ayudarlo a llegar hasta afuera. Yo me limitaba a caminar de ellos. Pero sola no iba a poder meterlo dentro del auto. La ayude y apenas estuvo dentro lo mire con recelo y le entregue el cartucho.
— Por favor —me limite a decirle.
Bajamos los cristales de las ventanillas para que entrara aire, albergando la esperanza de que eso ayudara al blandengue para que no vomitara de nuevo. Bello envolvió su cuerpo con los brazos para conservar el calor.
— ¿Tienes frío otra vez? —pregunte, aunque ya sabia que así era. La rodee con el brazo que tenía libre antes de que respondiera.
— ¿Tú no?
Negué con la cabeza. En realidad tenía tanto calor que podría dejar de usar camisa. Parecía como si fuera medio día y el sol estuviera posando.
—Debes de tener fiebre o algo así —me toco la frente con los dedos y sentí sus dedos fríos como sobre mi piel.
—Vaya, Jake... ¡Estás ardiendo! –exclamo sorprendida.
—Me siento bien —espete con un encogimiento de hombros—. Estoy sano como un roble.
Me volvió a tocar la cabeza. Su frio parecía hielo.
—Tienes las manos heladas —me queje.
—Tal vez sea yo —dedujo.
— No voy a cambiar —susurro con voz lastimera.
Permanecí en silencio, sopesando sus palabras. Aun estaba presente en su destrozado corazón ese que tanto daño le había causado. La única forma en que no me permitiera entrar en su vida, como yo realmente quería; era que el Cullen aun marcaba sus días y sus noches. Sin dejarla continuar su vida de forma normal.
— Se trata aún del otro, ¿verdad? –no me atreví si quiera a nombrarlo. Por miedo a que eso le hiriera.
Agradecí no haberlo hecho, su expresión se crispo del dolor.
— No tienes por qué hablar de ello —aclare en cuanto comprobé que el solo pensar en el la lastimaba, hasta el punto de quedar con la vista perdida.
Ella asintió pero no dijo nada. Aun recordaba al Cullen, pero quizás me permitiera mantenerme a su lado, e insistir un poco.
— Pero no te enfades porque te ronde, ¿vale? —Le palmee el dorso de la mano—. No me voy a rendir. Tengo tiempo de sobra. –recalce.
Ella suspiro, como cansada. O quizás resignada.
— No deberías desperdiciarlo en mí —explico, como si eso fuera suficiente para que me alejara de ella. Era mi tiempo, y ya había decido dárselo por completo a ella.
— Es lo que quiero hacer, siempre y cuando que te guste estar en mi compañía.
— No logro imaginarme cómo no voy a querer estar contigo —no necesitaba más. El resto lo lograría con el pasar del tiempo.
Una gran sonrisa se extendía por mi rostro...
— Puedo vivir con eso.
— No esperes nada más —advirtió. Mientras intentaba por enésima vez retirar su mano de entre las mías. La retuve con terquedad.
— En realidad, esto no te molesta, ¿verdad? —pregunte advirtiendo la respuesta. Con positivismo. Estrecho sus dedos para simbolizar a lo que me refería.
— No.
— Tampoco te preocupa lo que él piense —no era una pregunta. Alce el pulgar en dirección a los servicios para mostrar a lo que me refería.
— Supongo que no.
— En tal caso, ¿cuál es el problema?
— El problema —comenzó— es que esto tiene un significado diferente para mí que para ti.
— Bueno —de forma protectora aferre más su mano entre las mías—. Ése es mi problema, ¿no?
— Perfecto —refunfuño—, pero no lo olvides.
— No voy a hacerlo. Ahora soy yo quien sujeta la granada sin el seguro, ¿no? —me burle mientras le codeaba las costillas.
Bella puso los ojos en blanco algo sorprendida por mi chiste. En realidad esperaba que me dejara intentarlo.
Reí entre dientes y comencé a acariciar de forma distraída diseños en el dorso de su mano, con la yema del dedo. De pronto sentí una protuberancia en su muñeca. No sabía que era.
— ¡Qué cicatriz tan rara tienes ahí! —Dije mientras giraba su mano para verla bien—. ¿Cómo te la hiciste?
Con el índice de mi mano libre recorrí la cicatriz, que aunque era apenas visible sabía que ahí estaba.
— ¿De verdad esperas que recuerde dónde me hice todas las cicatrices?
— Está fría —señale mientras presionaba suavemente la extraña cicatriz.
Justo en ese momento alguien que fuera preferido continuara vomitando, salió del baño. Sentí algo de lastima por que el chico venia dando tumbos y tenía un aspecto horrible, peor que el normal.
— ¡Mike! —exclamo Bella casi tartamudeando.
— ¿Te importa que nos vayamos ya? —susurró.
— No, por supuesto que no —salto de mi lado, para irse junto al blandengue por lógica soltó su mano de entre las mías.
— ¿Era demasiado fuerte para ti la película? —pregunte molesto.
El me miro molesto y farfulló:
— En realidad, no he visto prácticamente nada. Sentí náuseas antes de que apagaran las luces. –entonces para que entre, se fuera limitado a irse y dejarnos solos.
— ¿Por qué no lo dijiste? —pregunto Bella, mientras Bella lo ayudaba a salir.
— Esperaba que se me pasase.
— Un segundito —pedí en cuanto llegamos a la puerta. Me fui hasta el puesto donde vendían palomitas, no quería que el estúpido vomitara dentro de mi auto, y lo ensuciara todo.
— ¿Podría darme un cartucho vacío de palomitas? –le pedí a la dependienta.
La chica miro al enfermo una sola vez y me entregó un cartucho enseguida.
— Llévelo fuera cuanto antes, por favor —me pidió.
Bella llevaba al chico casi cargado para ayudarlo a llegar hasta afuera. Yo me limitaba a caminar de ellos. Pero sola no iba a poder meterlo dentro del auto. La ayude y apenas estuvo dentro lo mire con recelo y le entregue el cartucho.
— Por favor —me limite a decirle.
Bajamos los cristales de las ventanillas para que entrara aire, albergando la esperanza de que eso ayudara al blandengue para que no vomitara de nuevo. Bello envolvió su cuerpo con los brazos para conservar el calor.
— ¿Tienes frío otra vez? —pregunte, aunque ya sabia que así era. La rodee con el brazo que tenía libre antes de que respondiera.
— ¿Tú no?
Negué con la cabeza. En realidad tenía tanto calor que podría dejar de usar camisa. Parecía como si fuera medio día y el sol estuviera posando.
—Debes de tener fiebre o algo así —me toco la frente con los dedos y sentí sus dedos fríos como sobre mi piel.
—Vaya, Jake... ¡Estás ardiendo! –exclamo sorprendida.
—Me siento bien —espete con un encogimiento de hombros—. Estoy sano como un roble.
Me volvió a tocar la cabeza. Su frio parecía hielo.
—Tienes las manos heladas —me queje.
—Tal vez sea yo —dedujo.
julio 09, 2011
Cap. XVIII
Persistente
Trate de mantenerme tranquilo cuando el rubiecillo apoyo su mentón sobre el hombre del asiento donde iba Bella, con su mejilla rozando lo de ella. Respire hondo sin mostrar ningún atisbo de molestia, recurriendo a todo mi autocontrol para no bajarlo del auto a golpes.
Me sentí mejor cuando vi de reojo como Bella, se giraba poco a poco, hasta quedar de espaldas a la ventana, alejándose de el, mientras hablaba disimuladamente conmigo.
Bella me pregunto curiosa, acerca del auto. Ya que le parecía que andaba muy bien, mientras respondía el pasajero molestoso me interrumpió con tono pedante.
— ¿No funciona la radio de este trasto?
—Sí —contestó tratando de hablar tranquilo—, pero a Bella no le gusta la música. –explique a regañadientes. Seguramente el no lo había notado, pero en Bella habían cambiado muchas cosas, solo alguien que la quiere podría notarlo. Y yo era uno de ellos.
Bella me miraba sorprendida, no esperaba que me fuera dado cuenta de ese detalle insignificante para algunos.
— ¿A Bella? —preguntó extrañado.
—Tiene razón —susurro Bella. De reojo vi como ella permanecía atónita y no dejaba de verme.
— ¿Cómo no te va a gustar la música? —continuo el chico.
—No sé —me encogí de hombros—. Es sólo que... me molesta.
—Bah.
El rubiecillo se echó hacia atrás murmurando algo poco entendible, pero por alguna razón lo escuche como si me lo fuera gritado al oído.
“Por favor… a quien no le gusta la música.”
Cuando llegamos al cine, busque el billete de 10 dólares que había sacado de mis pocos ahorros y se lo entregue a Bella.
— ¿Y esto por qué? —pregunto.
—No tengo la edad necesaria para entrar en este cine sin la compañía de un adulto. –le conteste sarcásticamente.
Bella rio con ganas.
—Y a propósito de los parientes adultos... ¿Va a matarme Billy si te meto de tapadillo a ver esta película?
—No, le dije que planeabas corromper la inocencia de mi juventud. –conteste sinceramente.
Bella soltó una risita entre dientes. Cuando me di cuenta teníamos pegado atrás a su amigo.
Compramos las entradas para esa película que quería ver Bella, a mi no me llamaba mucho la atención, y cuando inicio la funcione supe por que. Los efectos especiales eran… estúpidamente falsos e irreales. Uno siempre sabe que son mentiras, pero en este caso era demasiado falso y obvio.
Las personas salían volando por los aires como si tuvieran alas, otra termino sin cabeza. Los coches al igual que las personas parecían tener alas. La sangre de los heridos salía disparada de sus cuerpos como si de una manguera se tratase.
No pude evitar reírme por lo irreal que me resultaba la película, una pareja del puesto del frente se estremecía cuando alguien salía herido o moría “trágicamente”, yo solo podía reírme.
— ¿Qué ocurre? —me pregunto extrañada Bella.
— ¡Oh, vamos! —le conteste en un susurro—. La sangre que chorrea ese tío llega a más de seis metros... ¡¿A quién pretenden engañar?!
Me reí entre dientes, cuando el asta de una bandera dejó empalado a otro hombre en un muro de hormigón.
Al rato Bella me acompaño con su risa. Quizás alcanzo a ver lo mismo que yo. Lo irreal de la película. Aproveche que estaba sentado junto a ella, para colocar mi mano sobre el apoyabrazos que estaba junto a Bella. Esperaba que ella entrelazara sus dedos entre los míos. Pero en cambio cruzo los brazos con determinación sobre el pecho. Al rato note que no lo había hecho por mi, si no por quien estaba a su otro costado, pues este había tomado la misma posición que yo.
El chico gimió como si algo le doliera.
—Mike, ¿estás bien? –escuche a Bella preguntar.
—No —contestó entrecortadamente—, creo que estoy enfermo.
El gimió una vez más y salió disparado como boleo hacia la puerta. Bella se levanto para seguirle y yo de inmediato me levante para ir con ella, pero ella testadura como siempre me contesto:
—No, quédate. Voy a asegurarme de que está bien. –si claro, como si creyera que iba a quedarme aquí mientras ella se iba a atender al debilucho ese que no es capaz de soportar una película con sangre y heridas falsas.
—No tenías que haber venido. Aprovecha tus ocho pavos de gore —insistió Bella mientras caminábamos por el pasillo. Como si pensara que realmente iba a devolverme q ver una película que para nada era de mi agrado. Lo único bueno de estar ahí dentro era su compañía.
—Ésa sí que es buena. Te los puedes quedar, Bella. Esa película es una mierda —conteste levantando la voz cuando salimos del cine.
Cuando llegamos afuera de la sala no vimos al chico en ninguna parte. Imagina que estaría en el baño, así que entre. Sintiéndome satisfecho de que Bella no siguiera reclamándome, seguramente a ella no le fuera gustado entrar al baño de hombres.
Cuando abrí la puerta, escuche a alguien en el baño, el sonido era tan fuerte que podría creerse estaba vomitando las tripas. Lo vi de espalda inclinado a un lavamanos. Me devolví hacia el pasillo, cerrando la puerta otra vez a mis espaldas.
—Está ahí dentro. Todo en orden —dije poniendo los ojos en blanco—. ¡Qué blandengue! –me burle– Deberías haber buscado a alguien con más estómago, alguien que se ría en las películas gore que hacen vomitar a otros. –le sugería claramente refiriéndome a mi.
—Abriré bien los ojos en busca de alguien así.
Estábamos los dos solos en el pasillo, se podía escuchar las palomitas que se saltaban victimas del calor dentro de la maquina. Pero además aun podía escuchar al blandengue vomitar escandalosamente, y el ruido de una bala incrustándose en el cerebro de alguien, durante la función que estábamos viendo anteriormente.
Fui a sentarme a uno de los sillones tapizado de terciopelo pegado a la pared, ignorando los fuertes ruidos, que aunque eran lejanos los escuchaba claramente. Por una razón que desconocía.
De forma distraída le di unos golpecitos al asiento que estaba junto a mí, con la vista clavada en Bella, invitándola a sentarse.
—Tenía pinta de que iba a estar ahí dentro durante un buen rato —dije tranquilamente mientras estiraba mis piernas para acomodarme bien en el asiento a esperar.
Ella suspiro pero a la final vino a sentarse a mi lado. Ya que estábamos solos, y el debilucho tardaría un rato, podía aprovechar el momento a solas con ella. Me acercó a ella en cuanto se senté y le pase el brazo por los hombros.
—Jake —protesto como casi siempre mientras se alejaba de mí.
Deje caer el brazo aparentando tranquilidad, y pareciendo inmutado ante su rechazo. Extendí la mano y tome la suya con firmeza, rodee su muñeca con la otra mano libre cuando ella intento retirarla.
—Espera, espera un momento, Bella —hable calmadamente—. Dime una cosa. –pedí.
— ¿Qué? —murmuro son una mueco de evidente disgusto. Pero eso no me frenaría.
—Te gusto, ¿vale?
—Sabes que sí. –permanecí tranquilo en el exterior mientras mi corazón daba brincos.
— ¿Más que ese vacilón que está vomitando hasta la primera papilla? —me burle mientras señalaba con la cabeza la puerta del baño.
—Sí —suspiro.
— ¿Más que cualquiera de los chicos que conoces? —permanecí tranquilo y sereno, sabiendo que su respuesta seria que si. Estaba consiente de que a ella no le gustaba nadie de su clase o de cualquier otro rincón de Forks. O por lo menos no ahora, hace unos meses seguramente su respuesta fuera sido otra.
—Y más que las chicas —aclaro.
—Pero eso es todo —aclare mas para mi que para ella. Aunque esas palabras me quemaran la garganta. Sabía cual era su respuesta y eso debía ser más que suficiente para mantenerme alerta pero tranquilo. Tenía tiempo de sobra para que su próxima respuesta cambiara.
—Sí —susurro casi con miedo a herirme.
Le ofrecí una gran sonrisa para tranquilizarme.
—Pues no hay problema, ya sabes, como tú eres la que más me gusta y crees que estoy bien... Estoy preparado para ser sorprendentemente persistente.
Trate de mantenerme tranquilo cuando el rubiecillo apoyo su mentón sobre el hombre del asiento donde iba Bella, con su mejilla rozando lo de ella. Respire hondo sin mostrar ningún atisbo de molestia, recurriendo a todo mi autocontrol para no bajarlo del auto a golpes.
Me sentí mejor cuando vi de reojo como Bella, se giraba poco a poco, hasta quedar de espaldas a la ventana, alejándose de el, mientras hablaba disimuladamente conmigo.
Bella me pregunto curiosa, acerca del auto. Ya que le parecía que andaba muy bien, mientras respondía el pasajero molestoso me interrumpió con tono pedante.
— ¿No funciona la radio de este trasto?
—Sí —contestó tratando de hablar tranquilo—, pero a Bella no le gusta la música. –explique a regañadientes. Seguramente el no lo había notado, pero en Bella habían cambiado muchas cosas, solo alguien que la quiere podría notarlo. Y yo era uno de ellos.
Bella me miraba sorprendida, no esperaba que me fuera dado cuenta de ese detalle insignificante para algunos.
— ¿A Bella? —preguntó extrañado.
—Tiene razón —susurro Bella. De reojo vi como ella permanecía atónita y no dejaba de verme.
— ¿Cómo no te va a gustar la música? —continuo el chico.
—No sé —me encogí de hombros—. Es sólo que... me molesta.
—Bah.
El rubiecillo se echó hacia atrás murmurando algo poco entendible, pero por alguna razón lo escuche como si me lo fuera gritado al oído.
“Por favor… a quien no le gusta la música.”
Cuando llegamos al cine, busque el billete de 10 dólares que había sacado de mis pocos ahorros y se lo entregue a Bella.
— ¿Y esto por qué? —pregunto.
—No tengo la edad necesaria para entrar en este cine sin la compañía de un adulto. –le conteste sarcásticamente.
Bella rio con ganas.
—Y a propósito de los parientes adultos... ¿Va a matarme Billy si te meto de tapadillo a ver esta película?
—No, le dije que planeabas corromper la inocencia de mi juventud. –conteste sinceramente.
Bella soltó una risita entre dientes. Cuando me di cuenta teníamos pegado atrás a su amigo.
Compramos las entradas para esa película que quería ver Bella, a mi no me llamaba mucho la atención, y cuando inicio la funcione supe por que. Los efectos especiales eran… estúpidamente falsos e irreales. Uno siempre sabe que son mentiras, pero en este caso era demasiado falso y obvio.
Las personas salían volando por los aires como si tuvieran alas, otra termino sin cabeza. Los coches al igual que las personas parecían tener alas. La sangre de los heridos salía disparada de sus cuerpos como si de una manguera se tratase.
No pude evitar reírme por lo irreal que me resultaba la película, una pareja del puesto del frente se estremecía cuando alguien salía herido o moría “trágicamente”, yo solo podía reírme.
— ¿Qué ocurre? —me pregunto extrañada Bella.
— ¡Oh, vamos! —le conteste en un susurro—. La sangre que chorrea ese tío llega a más de seis metros... ¡¿A quién pretenden engañar?!
Me reí entre dientes, cuando el asta de una bandera dejó empalado a otro hombre en un muro de hormigón.
Al rato Bella me acompaño con su risa. Quizás alcanzo a ver lo mismo que yo. Lo irreal de la película. Aproveche que estaba sentado junto a ella, para colocar mi mano sobre el apoyabrazos que estaba junto a Bella. Esperaba que ella entrelazara sus dedos entre los míos. Pero en cambio cruzo los brazos con determinación sobre el pecho. Al rato note que no lo había hecho por mi, si no por quien estaba a su otro costado, pues este había tomado la misma posición que yo.
El chico gimió como si algo le doliera.
—Mike, ¿estás bien? –escuche a Bella preguntar.
—No —contestó entrecortadamente—, creo que estoy enfermo.
El gimió una vez más y salió disparado como boleo hacia la puerta. Bella se levanto para seguirle y yo de inmediato me levante para ir con ella, pero ella testadura como siempre me contesto:
—No, quédate. Voy a asegurarme de que está bien. –si claro, como si creyera que iba a quedarme aquí mientras ella se iba a atender al debilucho ese que no es capaz de soportar una película con sangre y heridas falsas.
—No tenías que haber venido. Aprovecha tus ocho pavos de gore —insistió Bella mientras caminábamos por el pasillo. Como si pensara que realmente iba a devolverme q ver una película que para nada era de mi agrado. Lo único bueno de estar ahí dentro era su compañía.
—Ésa sí que es buena. Te los puedes quedar, Bella. Esa película es una mierda —conteste levantando la voz cuando salimos del cine.
Cuando llegamos afuera de la sala no vimos al chico en ninguna parte. Imagina que estaría en el baño, así que entre. Sintiéndome satisfecho de que Bella no siguiera reclamándome, seguramente a ella no le fuera gustado entrar al baño de hombres.
Cuando abrí la puerta, escuche a alguien en el baño, el sonido era tan fuerte que podría creerse estaba vomitando las tripas. Lo vi de espalda inclinado a un lavamanos. Me devolví hacia el pasillo, cerrando la puerta otra vez a mis espaldas.
—Está ahí dentro. Todo en orden —dije poniendo los ojos en blanco—. ¡Qué blandengue! –me burle– Deberías haber buscado a alguien con más estómago, alguien que se ría en las películas gore que hacen vomitar a otros. –le sugería claramente refiriéndome a mi.
—Abriré bien los ojos en busca de alguien así.
Estábamos los dos solos en el pasillo, se podía escuchar las palomitas que se saltaban victimas del calor dentro de la maquina. Pero además aun podía escuchar al blandengue vomitar escandalosamente, y el ruido de una bala incrustándose en el cerebro de alguien, durante la función que estábamos viendo anteriormente.
Fui a sentarme a uno de los sillones tapizado de terciopelo pegado a la pared, ignorando los fuertes ruidos, que aunque eran lejanos los escuchaba claramente. Por una razón que desconocía.
De forma distraída le di unos golpecitos al asiento que estaba junto a mí, con la vista clavada en Bella, invitándola a sentarse.
—Tenía pinta de que iba a estar ahí dentro durante un buen rato —dije tranquilamente mientras estiraba mis piernas para acomodarme bien en el asiento a esperar.
Ella suspiro pero a la final vino a sentarse a mi lado. Ya que estábamos solos, y el debilucho tardaría un rato, podía aprovechar el momento a solas con ella. Me acercó a ella en cuanto se senté y le pase el brazo por los hombros.
—Jake —protesto como casi siempre mientras se alejaba de mí.
Deje caer el brazo aparentando tranquilidad, y pareciendo inmutado ante su rechazo. Extendí la mano y tome la suya con firmeza, rodee su muñeca con la otra mano libre cuando ella intento retirarla.
—Espera, espera un momento, Bella —hable calmadamente—. Dime una cosa. –pedí.
— ¿Qué? —murmuro son una mueco de evidente disgusto. Pero eso no me frenaría.
—Te gusto, ¿vale?
—Sabes que sí. –permanecí tranquilo en el exterior mientras mi corazón daba brincos.
— ¿Más que ese vacilón que está vomitando hasta la primera papilla? —me burle mientras señalaba con la cabeza la puerta del baño.
—Sí —suspiro.
— ¿Más que cualquiera de los chicos que conoces? —permanecí tranquilo y sereno, sabiendo que su respuesta seria que si. Estaba consiente de que a ella no le gustaba nadie de su clase o de cualquier otro rincón de Forks. O por lo menos no ahora, hace unos meses seguramente su respuesta fuera sido otra.
—Y más que las chicas —aclaro.
—Pero eso es todo —aclare mas para mi que para ella. Aunque esas palabras me quemaran la garganta. Sabía cual era su respuesta y eso debía ser más que suficiente para mantenerme alerta pero tranquilo. Tenía tiempo de sobra para que su próxima respuesta cambiara.
—Sí —susurro casi con miedo a herirme.
Le ofrecí una gran sonrisa para tranquilizarme.
—Pues no hay problema, ya sabes, como tú eres la que más me gusta y crees que estoy bien... Estoy preparado para ser sorprendentemente persistente.
julio 04, 2011
Cap. XVII
Tú… Sobras… ¿por que no te vas?
La mañana siguiente me fui casi sonámbulo a la escuela. Cuando salí de clases Quil me esperaba en la entrada, tenia el ceño fruncido.
— ¿Qué traes? ¿Por qué esa cara?
— Me suspendieron.
Puse mi mejor cara de interrogante
— ¿Con quien peleaste? –era clave en Quil… siempre se peleaba con alguien.
— Embry
— ¿Que le dijiste?
— Que era un idiota.
— Es cierto. Pero que mal que te castigaran. ¿Le pegaste?
— A el… no. A Paul, que se metió en la discusión. De seguro me van a castigar.
— No lo dudes.
— te iba a invitar para el cine. Con Bella y unas amigas de ella. Pero bueno, ya no creo que se pueda.
— Eres un…
— Jajajaja… quizás no te castiguen… ruega.
— Eres un sucio. Ya veras
— Si, quiero verlo. Te acompaño a tu casa.
Llegamos a su casa y la respuesta de su mamá, fue más que predecible. Por esa razón yo me había venido.
— ¡¿QUEEE?! ¿Cómo que te peleaste? Estas loco.
— No fue nada mamá el empezó.
— Si claro, como si no te conocería.
— Mejor ni lo intentes — le susurre en el oído a Quil.
Me fui de casa de Quil, sin parar de reírme. Llegue a casa y me di un baño, busque una camisa negra y unos jeans, estaba casi seguro que la ropa se estaba encogiendo.
Prendí el motor del auto, esta era la inauguración, su primera salida oficial. Maneje hasta casa de Bella, ella aun no llegaba. Salí de mi Auto, —no me cansaba de decirlo… Mi Auto— y me apoye en el capó para esperarla.
Al cabo de un minuto, escuche el silencioso motor de su pickup. Me reí sarcásticamente, vi a Bella bajarse rápidamente del auto, riendo y seguramente admirando mi coche.
— ¡Increíble! — Exclamo en voz alta apenas estuvo fuera del auto—. ¡Lo has acabado! ¡No me lo puedo creer! ¡Has terminado el Volkswagen Golf!
Una sonrisa radiante se extendió por mi rostro.
—Esta misma noche... Éste es el viaje inaugural.
Bella alzo su mano para chocarla con la mía, lo hice rápidamente y sin meditarlo mucho aproveche y entrelace mis dedos entre los de ella. Ese simple gesto me hacia feliz.
—Así pues..., ¿conduzco yo esta noche?
—Segurísimo —contesto ella. Bella dio un profundo suspiro.
— ¿Qué ocurre?
—Me rindo... No puedo superar esto. Tú ganas. Eres el mayor.
Me encogí de hombros, era algo inevitable. Y obvio. No se por que lo llego a dudar.
—Naturalmente que lo soy.
Una Suburban dobló la esquina dando ronquidos. Bella retiro su mano de la mía, por el rubiecillo ese que venia llegando.
— Recuerdo a ese tío —dije mientras este se estacionaba al otro lado de la calle—. Es el que se creía que eras su novia. ¿Sigue confundido?
Bella enarco una ceja
— Hay gente inasequible al desaliento. —eso no era del todo cierto
—Puede que no —repuse pensativamente—; a veces, la persistencia tiene su recompensa. —y esta era la mejor prueba.
—Aunque la mayoría de las veces sólo es un fastidio.
El rubiecito salió del coche y cruzó la calle.
—Hola, Bella —saludo. Cuando me observo, pude atisbar algo de cautela y temor. Bella me miro al mismo tiempo. El chico se veía algo enano. Me llegaba por el hombro, Bella me llegaba casi cerca del corazón, pero era en lo que menos pensaba cuando estaba junto a ella.
—Hola, Mike. ¿Recuerdas a Jacob Black?
—La verdad es que no —mintió, mientras me tendía una mano.
—Soy un viejo amigo de la familia —dije fingiendo calma. Estreche su mano con toda la fuerza de la que fui capaz. El también lo intento, pero fue en vano. Luego de que le soltara el flexiono los dedos.
Oí sonar el teléfono de la cocina e inmediatamente Bella dio una carrera hacia la casa.
—Será mejor que conteste. Podría ser Charlie. —grito ya de espaldas.
No cruzamos palabra alguna mientras Bella hablaba por teléfono. Que clase de enfermedad sufriría ese chico, que le hace pensar que es bueno para Bella. El solo es un fastidio.
Moví la cabeza de un lado a otro. Sin encontrar razón alguna. Sentí que alguien me observaba, el rubiecillo me miraba cauteloso pero molesto a la vez. Yo solo fingí ignorarlo y mantener mi cara de sin importancia. Y una sonrisa sarcástica.
—Angela está enferma —dije Bella desanimada cuando llegue a nosotros—, por lo que ni ella ni Ben van a venir.
—Parece que la gripe ataca de nuevo. Austin y Conner faltaron hoy a clase. Tal vez deberíamos dejarlo para otro momento —apunto el rubiecillo.
Ese era mi momento para deshacerme de el. Y hacer esta salida solo para Bella y para mí.
—Yo todavía quiero ir, pero si prefieres retirarte, Mike... —ofrecí rápidamente antes de que Bella secundara la idea del chico.
—No, yo voy —me interrumpió velozmente. Temeroso de dejarnos ir solos, perdiendo así cualquier chance que creyera conservar—. Sólo estaba pensando en Angela y Ben. Vamos.
Camino hacia su vehículo. Estuve apunto de protestar cuando Bella hablo.
— ¿Te importa que conduzca Jacob, Mike? Se lo prometí porque acaba de terminar su coche. Lo ha hecho con sus propias manos partiendo de cero —dijo orgullosa de mi, me recordó vagamente a una madre durante la presentación de su hijo en la escuela.
—Estupendo —replico el rubiecillo molesto.
—En ese caso, vamos —trate de no reírme. Para no hacerlo quedar más mal.
Mike se subió al asiento trasero de mi Golf con cara de perro enfadado.
Bella se sentó adelante conmigo. Una risita se escapo de entren mis labios por la situación.
Mike agresivo; Bella pasiva y tranquilo; y yo Asertivo y con una gran sonrisa.
La mañana siguiente me fui casi sonámbulo a la escuela. Cuando salí de clases Quil me esperaba en la entrada, tenia el ceño fruncido.
— ¿Qué traes? ¿Por qué esa cara?
— Me suspendieron.
Puse mi mejor cara de interrogante
— ¿Con quien peleaste? –era clave en Quil… siempre se peleaba con alguien.
— Embry
— ¿Que le dijiste?
— Que era un idiota.
— Es cierto. Pero que mal que te castigaran. ¿Le pegaste?
— A el… no. A Paul, que se metió en la discusión. De seguro me van a castigar.
— No lo dudes.
— te iba a invitar para el cine. Con Bella y unas amigas de ella. Pero bueno, ya no creo que se pueda.
— Eres un…
— Jajajaja… quizás no te castiguen… ruega.
— Eres un sucio. Ya veras
— Si, quiero verlo. Te acompaño a tu casa.
Llegamos a su casa y la respuesta de su mamá, fue más que predecible. Por esa razón yo me había venido.
— ¡¿QUEEE?! ¿Cómo que te peleaste? Estas loco.
— No fue nada mamá el empezó.
— Si claro, como si no te conocería.
— Mejor ni lo intentes — le susurre en el oído a Quil.
Me fui de casa de Quil, sin parar de reírme. Llegue a casa y me di un baño, busque una camisa negra y unos jeans, estaba casi seguro que la ropa se estaba encogiendo.
Prendí el motor del auto, esta era la inauguración, su primera salida oficial. Maneje hasta casa de Bella, ella aun no llegaba. Salí de mi Auto, —no me cansaba de decirlo… Mi Auto— y me apoye en el capó para esperarla.
Al cabo de un minuto, escuche el silencioso motor de su pickup. Me reí sarcásticamente, vi a Bella bajarse rápidamente del auto, riendo y seguramente admirando mi coche.
— ¡Increíble! — Exclamo en voz alta apenas estuvo fuera del auto—. ¡Lo has acabado! ¡No me lo puedo creer! ¡Has terminado el Volkswagen Golf!
Una sonrisa radiante se extendió por mi rostro.
—Esta misma noche... Éste es el viaje inaugural.
Bella alzo su mano para chocarla con la mía, lo hice rápidamente y sin meditarlo mucho aproveche y entrelace mis dedos entre los de ella. Ese simple gesto me hacia feliz.
—Así pues..., ¿conduzco yo esta noche?
—Segurísimo —contesto ella. Bella dio un profundo suspiro.
— ¿Qué ocurre?
—Me rindo... No puedo superar esto. Tú ganas. Eres el mayor.
Me encogí de hombros, era algo inevitable. Y obvio. No se por que lo llego a dudar.
—Naturalmente que lo soy.
Una Suburban dobló la esquina dando ronquidos. Bella retiro su mano de la mía, por el rubiecillo ese que venia llegando.
— Recuerdo a ese tío —dije mientras este se estacionaba al otro lado de la calle—. Es el que se creía que eras su novia. ¿Sigue confundido?
Bella enarco una ceja
— Hay gente inasequible al desaliento. —eso no era del todo cierto
—Puede que no —repuse pensativamente—; a veces, la persistencia tiene su recompensa. —y esta era la mejor prueba.
—Aunque la mayoría de las veces sólo es un fastidio.
El rubiecito salió del coche y cruzó la calle.
—Hola, Bella —saludo. Cuando me observo, pude atisbar algo de cautela y temor. Bella me miro al mismo tiempo. El chico se veía algo enano. Me llegaba por el hombro, Bella me llegaba casi cerca del corazón, pero era en lo que menos pensaba cuando estaba junto a ella.
—Hola, Mike. ¿Recuerdas a Jacob Black?
—La verdad es que no —mintió, mientras me tendía una mano.
—Soy un viejo amigo de la familia —dije fingiendo calma. Estreche su mano con toda la fuerza de la que fui capaz. El también lo intento, pero fue en vano. Luego de que le soltara el flexiono los dedos.
Oí sonar el teléfono de la cocina e inmediatamente Bella dio una carrera hacia la casa.
—Será mejor que conteste. Podría ser Charlie. —grito ya de espaldas.
No cruzamos palabra alguna mientras Bella hablaba por teléfono. Que clase de enfermedad sufriría ese chico, que le hace pensar que es bueno para Bella. El solo es un fastidio.
Moví la cabeza de un lado a otro. Sin encontrar razón alguna. Sentí que alguien me observaba, el rubiecillo me miraba cauteloso pero molesto a la vez. Yo solo fingí ignorarlo y mantener mi cara de sin importancia. Y una sonrisa sarcástica.
—Angela está enferma —dije Bella desanimada cuando llegue a nosotros—, por lo que ni ella ni Ben van a venir.
—Parece que la gripe ataca de nuevo. Austin y Conner faltaron hoy a clase. Tal vez deberíamos dejarlo para otro momento —apunto el rubiecillo.
Ese era mi momento para deshacerme de el. Y hacer esta salida solo para Bella y para mí.
—Yo todavía quiero ir, pero si prefieres retirarte, Mike... —ofrecí rápidamente antes de que Bella secundara la idea del chico.
—No, yo voy —me interrumpió velozmente. Temeroso de dejarnos ir solos, perdiendo así cualquier chance que creyera conservar—. Sólo estaba pensando en Angela y Ben. Vamos.
Camino hacia su vehículo. Estuve apunto de protestar cuando Bella hablo.
— ¿Te importa que conduzca Jacob, Mike? Se lo prometí porque acaba de terminar su coche. Lo ha hecho con sus propias manos partiendo de cero —dijo orgullosa de mi, me recordó vagamente a una madre durante la presentación de su hijo en la escuela.
—Estupendo —replico el rubiecillo molesto.
—En ese caso, vamos —trate de no reírme. Para no hacerlo quedar más mal.
Mike se subió al asiento trasero de mi Golf con cara de perro enfadado.
Bella se sentó adelante conmigo. Una risita se escapo de entren mis labios por la situación.
Mike agresivo; Bella pasiva y tranquilo; y yo Asertivo y con una gran sonrisa.
julio 01, 2011
Cap. XVI
Lo se…quizás, tan solo quizás quede como IDIOTA!!!
Con el pasar de los días, Bella mejoraba montando moto, nos ahorramos las visitas al médico y las malas mentiras de ella.
Pasábamos casi todos los días juntos, pero una fecha se acercaba y una idea loca me atravesó la mente. En un par de días seria San Valentín, nunca me había preocupado por esa fecha, buscar un regalo perfecto para una persona perfecta; no circulaba entre mis prioridades. Pero Bella despertaba en mí, más de una idea descabellada.
Aproveche una mañana en la que ella tenía que trabajar y me fui al pueblo. Camine por las calles buscando que comprarle pero nada me parecía apropiado.
Los negocios estaban llenos de cosas rosas, flores envueltas en papel transparente con dibujos rosas, peluches gordos, con grandes orejas y ojos lastimeros. Había uno con un gran corazón entre las manos que decía “Te Amo”. Sabía que ni en sueño le daría ese peluche, era tan… tan… lleno de felpa que daba mareo.
Termine entrando a una pastelería, las vitrinas estaban llenas de tortas con letras rosadas que decían “Feliz Día”. Vi una caja de caramelos en forma de corazón y me parecía lo menos cursi que había en toda la ciudad. Era normal, típico, y no tenía mensajes comprometedores que la hicieran sentirse cohibida o presionada. Y además era económica, solo 50 centavos. No podía quejarme.
Llego el sábado. 14 de Febrero. No sabia que decirle a Bella. Escuche cuando Bella venia llegando, me apresure a la habitación a buscar la pequeña cajita rosa, papá estaba en la cocina, asomando la cabeza en cuanto me escucho corriendo de una lado de la casa al otro, en poco tiempo y con la cajita rosada en la mano.
Una risita se escapo de entre sus dientes, pero lo ignore y seguí hasta la puerta de la entrada. Me detuve reclinado contra el marco, manteniendo la caja a mis espaldas, como un chiquillo enamorado.
Me contuve ahí de pie, tranquilo mientras Bella estacionaba. Apenas se detuvo avance hasta ella. Saque la mano de mi espalda y la tendí frente a ella.
—Feliz día de San Valentín —le dije con una sonrisa pero inevitablemente mirando mis pies. No tenía valor de levantar la vista para verla burlarse.
—Jo, me siento como una gilipollas —balbuceo—. ¿Hoy es San Valentín?
Asentí con una tristeza más que fingida, no se lo había tomado mal. Solo le causaba gracia que no lo recordaba.
— Mira que a veces puedes estar en la inopia. Sí, hoy es catorce de febrero. Entonces, ¿vas a ser mi enamorada el día de hoy? —Pregunte sarcásticamente, haciéndome el serio— Dado que no tienes una cajita de caramelos de cincuenta centavos, es lo menos que puedes hacer.
— ¿Qué implica eso exactamente? —pregunto cautelosa.
—Lo de siempre... Que seas mi esclava de por vida, y ese tipo de cosas. —le hable en broma para que no se asustara ni se sintiera comprometida.
—Ah, bueno, si es sólo eso... —se burlo mientras tomaba uno de los caramelos de la caja y se lo llevaba a la boca.
—Bueno, ¿qué vamos a hacer mañana? ¿Senderismo o una visita a urgencias? —una risita se escapo entre mis labios. Las visitas a urgencias habían más que disminuido.
—Senderismo —decidí—. No eres el único capaz de obsesionarse con algo. Empiezo a creer que me he imaginado ese prado... —torció el gesto desanimado.
—Lo encontraremos —le asegure confiado—. Motos el viernes, ¿vale?
Entonces vi la ocasión y me lancé a ella sin pensarlo dos veces.
—El viernes voy a ir al cine. Siempre se lo estoy prometiendo a mis compis de la cafetería.
Valla, perfecto. Ahora si me sentía más que Idiota… Tú le das una caja estúpidamente rosa, llena de caramelos. Y su regalo es dejarte plantado el viernes para salir con sus “amuchis” al cine. La decepción me abrumo y cohibido clave la vista en el suelo.
—Tú también vendrás, ¿no? —corrigió rápidamente al ver mi depresión, y mis casi lagrimas de cocodrilo—. ¿O será para ti un latazo soportar a un grupo de aburridos estudiantes de último año? —bromeo. Como si me cayeran mal... puff por favor. Solo no me caían… bien.
— ¿Te apetece que vaya yo... con tus amigos? —pregunte precavido.
—Sí. Me divertiré mucho más si vienes tú. Invita a Quil, haremos una fiesta.
—Quil va a flipar. ¡Chicas del último curso! —un sueño hecho realidad. Me reí con verdaderas ganas poniendo los ojos en blanco. Repentinamente me llego la imagen de Embry a la mente, pero no quise mencionarlo. Perdía mi tiempo de solo pensarlo.
Bella se rio conmigo ignorando mis pensamientos.
— Intentaré llevarle un grupo variado.
Pase la noche terminando de reparar el auto. Cada pieza que quedaba justa, me reconfortaba y me sacaba una sonrisa.
Al llegar las 2 de la mañana ya estaba terminado. Le di una ultima pulida y quedo reluciente. Nadie podía decir que mi carro no valía, era mi obra maestra.
Con el pasar de los días, Bella mejoraba montando moto, nos ahorramos las visitas al médico y las malas mentiras de ella.
Pasábamos casi todos los días juntos, pero una fecha se acercaba y una idea loca me atravesó la mente. En un par de días seria San Valentín, nunca me había preocupado por esa fecha, buscar un regalo perfecto para una persona perfecta; no circulaba entre mis prioridades. Pero Bella despertaba en mí, más de una idea descabellada.
Aproveche una mañana en la que ella tenía que trabajar y me fui al pueblo. Camine por las calles buscando que comprarle pero nada me parecía apropiado.
Los negocios estaban llenos de cosas rosas, flores envueltas en papel transparente con dibujos rosas, peluches gordos, con grandes orejas y ojos lastimeros. Había uno con un gran corazón entre las manos que decía “Te Amo”. Sabía que ni en sueño le daría ese peluche, era tan… tan… lleno de felpa que daba mareo.
Termine entrando a una pastelería, las vitrinas estaban llenas de tortas con letras rosadas que decían “Feliz Día”. Vi una caja de caramelos en forma de corazón y me parecía lo menos cursi que había en toda la ciudad. Era normal, típico, y no tenía mensajes comprometedores que la hicieran sentirse cohibida o presionada. Y además era económica, solo 50 centavos. No podía quejarme.
Llego el sábado. 14 de Febrero. No sabia que decirle a Bella. Escuche cuando Bella venia llegando, me apresure a la habitación a buscar la pequeña cajita rosa, papá estaba en la cocina, asomando la cabeza en cuanto me escucho corriendo de una lado de la casa al otro, en poco tiempo y con la cajita rosada en la mano.
Una risita se escapo de entre sus dientes, pero lo ignore y seguí hasta la puerta de la entrada. Me detuve reclinado contra el marco, manteniendo la caja a mis espaldas, como un chiquillo enamorado.
Me contuve ahí de pie, tranquilo mientras Bella estacionaba. Apenas se detuvo avance hasta ella. Saque la mano de mi espalda y la tendí frente a ella.
—Feliz día de San Valentín —le dije con una sonrisa pero inevitablemente mirando mis pies. No tenía valor de levantar la vista para verla burlarse.
—Jo, me siento como una gilipollas —balbuceo—. ¿Hoy es San Valentín?
Asentí con una tristeza más que fingida, no se lo había tomado mal. Solo le causaba gracia que no lo recordaba.
— Mira que a veces puedes estar en la inopia. Sí, hoy es catorce de febrero. Entonces, ¿vas a ser mi enamorada el día de hoy? —Pregunte sarcásticamente, haciéndome el serio— Dado que no tienes una cajita de caramelos de cincuenta centavos, es lo menos que puedes hacer.
— ¿Qué implica eso exactamente? —pregunto cautelosa.
—Lo de siempre... Que seas mi esclava de por vida, y ese tipo de cosas. —le hable en broma para que no se asustara ni se sintiera comprometida.
—Ah, bueno, si es sólo eso... —se burlo mientras tomaba uno de los caramelos de la caja y se lo llevaba a la boca.
—Bueno, ¿qué vamos a hacer mañana? ¿Senderismo o una visita a urgencias? —una risita se escapo entre mis labios. Las visitas a urgencias habían más que disminuido.
—Senderismo —decidí—. No eres el único capaz de obsesionarse con algo. Empiezo a creer que me he imaginado ese prado... —torció el gesto desanimado.
—Lo encontraremos —le asegure confiado—. Motos el viernes, ¿vale?
Entonces vi la ocasión y me lancé a ella sin pensarlo dos veces.
—El viernes voy a ir al cine. Siempre se lo estoy prometiendo a mis compis de la cafetería.
Valla, perfecto. Ahora si me sentía más que Idiota… Tú le das una caja estúpidamente rosa, llena de caramelos. Y su regalo es dejarte plantado el viernes para salir con sus “amuchis” al cine. La decepción me abrumo y cohibido clave la vista en el suelo.
—Tú también vendrás, ¿no? —corrigió rápidamente al ver mi depresión, y mis casi lagrimas de cocodrilo—. ¿O será para ti un latazo soportar a un grupo de aburridos estudiantes de último año? —bromeo. Como si me cayeran mal... puff por favor. Solo no me caían… bien.
— ¿Te apetece que vaya yo... con tus amigos? —pregunte precavido.
—Sí. Me divertiré mucho más si vienes tú. Invita a Quil, haremos una fiesta.
—Quil va a flipar. ¡Chicas del último curso! —un sueño hecho realidad. Me reí con verdaderas ganas poniendo los ojos en blanco. Repentinamente me llego la imagen de Embry a la mente, pero no quise mencionarlo. Perdía mi tiempo de solo pensarlo.
Bella se rio conmigo ignorando mis pensamientos.
— Intentaré llevarle un grupo variado.
Pase la noche terminando de reparar el auto. Cada pieza que quedaba justa, me reconfortaba y me sacaba una sonrisa.
Al llegar las 2 de la mañana ya estaba terminado. Le di una ultima pulida y quedo reluciente. Nadie podía decir que mi carro no valía, era mi obra maestra.
junio 27, 2011
Cap. XV
Alguien ha dejado la música atrás
Tomamos el camino por el sendero, Bella caminaba algo lento, bueno en realidad caminaba increíblemente lento. Supuse que no se le daban mucho las excursiones así que hice todo lo posible para no quejarme y andar a su paso.
Necesitaba hacer algo más, o terminaría jalando a Bella de una mano para caminar más rápido. Comencé a silbar para distraerme, me colaba entre la espesa vegetación pendiente de no perder el camino trazado; de pronto el ritmo de mi silbido tomo el rumbo de una canción del grupo The Magic Numbers… el titulo era… All I Believe In.
Me gustaba mucho esa canción. Pensé que Bella la conocería, pero ella continuaba caminando, tranquila. No pregunto por la canción, ni nada. Como si el sonido de la música no fuera de su agrado.
Muchas cosas habían cambiado en Bella. Seguramente sus “amigos” del instituto no lo han notado. Pero para mi era algo obvio.
Unas ganas de abrazarla me recorrían el cuerpo. Metí las manos en los pantalones para contenerme, cuando conseguir la brújula en mi bolsillo. Aproveche de sacarla de ahí para revisar las coordenadas. Y además dejar mis pensamientos atrás.
—Esto..., ¿Jake? —tartamudeo Bella.
— ¿Sí? —pregunte algo aturdido por el tiempo que teníamos sin cruzar palabra.
— ¿Qué tal van las cosas con Embry? ¿Ha vuelto ya a la normalidad?
No esperaba eso. La mente se me descontrolo. Tenia días sin poder hablar con Embry, Quil estuvo hablando conmigo en estos días; y fuimos juntos a casa de Embry pero no conseguimos más que un no por respuesta. Su mamá decía que no estaba, que no sabia donde andaba. Otro día decía que había salido temprano sin decir a donde iba. Que en la noche llego tarde y solo estuvo unos minutos por que al rato volvió a salir.
No habíamos logrado nada. Y eso solo conseguía ponerme peor. No me di cuenta que Bella esperaba en silencio a que le respondiera. Había caminado unos cuantos metros por delante de ella, así que me detuve hasta que me alcanzo.
— No, no ha vuelto a la normalidad —susurre triste. Me quede plantado donde estaba. Me sentía vacio, una necesidad inexplicable me llamaba hacia mi viejo amigo Embry. Seguramente por tantos años de amistad. Pero cada vez que trataba de acercarme a el. No conseguía nada. Solo logre frustrarme y decidí no ir más a su casa a buscarle. Solo conseguía deprimirme, y fastidiar a Quil para que me acompañara hasta la casa de Embry. —Todavía sigue con Sam —aclare.
—Vaya.
Sin pensarlo en absoluto, pase mi brazo sobre los hombros de Bella. Ella no me sacudió de encima. Asi que permanecí allí. Eso me reconfortaba.
— ¿Aún te siguen mirando con cara de burla? —pregunto en voz baja.
Observe los arboles que estaban frente a nosotros. Recordando como Sam me observaba cuando andaba con Paul y los otros.
—Algunas veces.
— ¿Y Billy?
—Tan útil como siempre —respondí enfadado.
— Nuestra casa está siempre abierta —y nada me haría más feliz. Pero con Charlie en casa umm, umm, no creo que nos valla muy bien.
Me reí con verdaderas ganas imaginándome la situación tan enredada.
—Pero piensa en la mala situación en la que pondríamos a Charlie... cuando Billy llamara a la policía para denunciar mi secuestro.
Bella entendió mi punto, y se unió a mis risas.
Le avise que se detuviera, habíamos andado nueve kilómetros y cortamos hacia el oeste durante un rato, luego volvimos a tomar las líneas de las coordenadas que había planeado. El aspecto de Bella dejaba en claro que estaba perdiendo las esperanzas.
—Siempre que estés segura de que salimos del lugar correcto... —dije mientras la miraba.
—Sí, estoy segura. —afirmo.
—Entonces lo encontraremos —le prometí. La tome de la mano y nos adentramos en el matorral, entre varios helechos. A unos pasos se encontraba el auto de Bella. Orgullosamente me señale a mi mismo—. Confía en mí. —me burle.
—Eres bueno —me elogio Bella—, aunque la próxima vez traeremos linternas.
—Reservaremos los domingos para hacer excursiones, de aquí en adelante. No sabía que fueras tan lenta.
Ups. No aguante mucho en decirlo.
Bella tiro de su bolso, y lo lanzo en el asiento del conductor. Estalle en risas por su reacción de niña malcriada.
— ¿Así que estás dispuesta a intentarlo de nuevo mañana? —pregunte deseoso mientras me entraba a la camioneta por el lado del copiloto.
—Seguro. A no ser que prefieras ir solo para que no te ralentice mi cojera.
—Sobreviviré —afirme en tono dramático—. Aunque si quieres seguir haciendo excursiones, mejor te traes unas cuantas curitas. Te apuesto algo a que te acabas de dar cuenta de que llevas puestas esas botas nuevas. —seguramente tenia los pies aporreados de tantas ampollas.
—Un poco —afirmo ella.
—Ojalá que veamos al oso mañana. Estoy un poco decepcionado por no haberlo divisado. —bromee. En realidad no tenía muchas ganas de ver al famoso oso. Papa insistía en que eran algo más. Que yo me enteraría pronto de su identidad.
—Sí, yo también —dijo ella de forma sarcástica—. ¡Quizá tengamos suerte mañana y algo nos coma vivos!
—Los osos no se comen a la gente. No les sabemos tan bien —dije sonriente mientras avanzábamos por la carretera—. Claro, aunque tal vez tú seas la excepción. Me apuesto lo que quieras a que sabes estupendamente.
—Muchas gracias —agradeció ella con la vista perdida... Por alguna razón el tema la desconcentro.
Tomamos el camino por el sendero, Bella caminaba algo lento, bueno en realidad caminaba increíblemente lento. Supuse que no se le daban mucho las excursiones así que hice todo lo posible para no quejarme y andar a su paso.
Necesitaba hacer algo más, o terminaría jalando a Bella de una mano para caminar más rápido. Comencé a silbar para distraerme, me colaba entre la espesa vegetación pendiente de no perder el camino trazado; de pronto el ritmo de mi silbido tomo el rumbo de una canción del grupo The Magic Numbers… el titulo era… All I Believe In.
Me gustaba mucho esa canción. Pensé que Bella la conocería, pero ella continuaba caminando, tranquila. No pregunto por la canción, ni nada. Como si el sonido de la música no fuera de su agrado.
Muchas cosas habían cambiado en Bella. Seguramente sus “amigos” del instituto no lo han notado. Pero para mi era algo obvio.
Unas ganas de abrazarla me recorrían el cuerpo. Metí las manos en los pantalones para contenerme, cuando conseguir la brújula en mi bolsillo. Aproveche de sacarla de ahí para revisar las coordenadas. Y además dejar mis pensamientos atrás.
—Esto..., ¿Jake? —tartamudeo Bella.
— ¿Sí? —pregunte algo aturdido por el tiempo que teníamos sin cruzar palabra.
— ¿Qué tal van las cosas con Embry? ¿Ha vuelto ya a la normalidad?
No esperaba eso. La mente se me descontrolo. Tenia días sin poder hablar con Embry, Quil estuvo hablando conmigo en estos días; y fuimos juntos a casa de Embry pero no conseguimos más que un no por respuesta. Su mamá decía que no estaba, que no sabia donde andaba. Otro día decía que había salido temprano sin decir a donde iba. Que en la noche llego tarde y solo estuvo unos minutos por que al rato volvió a salir.
No habíamos logrado nada. Y eso solo conseguía ponerme peor. No me di cuenta que Bella esperaba en silencio a que le respondiera. Había caminado unos cuantos metros por delante de ella, así que me detuve hasta que me alcanzo.
— No, no ha vuelto a la normalidad —susurre triste. Me quede plantado donde estaba. Me sentía vacio, una necesidad inexplicable me llamaba hacia mi viejo amigo Embry. Seguramente por tantos años de amistad. Pero cada vez que trataba de acercarme a el. No conseguía nada. Solo logre frustrarme y decidí no ir más a su casa a buscarle. Solo conseguía deprimirme, y fastidiar a Quil para que me acompañara hasta la casa de Embry. —Todavía sigue con Sam —aclare.
—Vaya.
Sin pensarlo en absoluto, pase mi brazo sobre los hombros de Bella. Ella no me sacudió de encima. Asi que permanecí allí. Eso me reconfortaba.
— ¿Aún te siguen mirando con cara de burla? —pregunto en voz baja.
Observe los arboles que estaban frente a nosotros. Recordando como Sam me observaba cuando andaba con Paul y los otros.
—Algunas veces.
— ¿Y Billy?
—Tan útil como siempre —respondí enfadado.
— Nuestra casa está siempre abierta —y nada me haría más feliz. Pero con Charlie en casa umm, umm, no creo que nos valla muy bien.
Me reí con verdaderas ganas imaginándome la situación tan enredada.
—Pero piensa en la mala situación en la que pondríamos a Charlie... cuando Billy llamara a la policía para denunciar mi secuestro.
Bella entendió mi punto, y se unió a mis risas.
Le avise que se detuviera, habíamos andado nueve kilómetros y cortamos hacia el oeste durante un rato, luego volvimos a tomar las líneas de las coordenadas que había planeado. El aspecto de Bella dejaba en claro que estaba perdiendo las esperanzas.
—Siempre que estés segura de que salimos del lugar correcto... —dije mientras la miraba.
—Sí, estoy segura. —afirmo.
—Entonces lo encontraremos —le prometí. La tome de la mano y nos adentramos en el matorral, entre varios helechos. A unos pasos se encontraba el auto de Bella. Orgullosamente me señale a mi mismo—. Confía en mí. —me burle.
—Eres bueno —me elogio Bella—, aunque la próxima vez traeremos linternas.
—Reservaremos los domingos para hacer excursiones, de aquí en adelante. No sabía que fueras tan lenta.
Ups. No aguante mucho en decirlo.
Bella tiro de su bolso, y lo lanzo en el asiento del conductor. Estalle en risas por su reacción de niña malcriada.
— ¿Así que estás dispuesta a intentarlo de nuevo mañana? —pregunte deseoso mientras me entraba a la camioneta por el lado del copiloto.
—Seguro. A no ser que prefieras ir solo para que no te ralentice mi cojera.
—Sobreviviré —afirme en tono dramático—. Aunque si quieres seguir haciendo excursiones, mejor te traes unas cuantas curitas. Te apuesto algo a que te acabas de dar cuenta de que llevas puestas esas botas nuevas. —seguramente tenia los pies aporreados de tantas ampollas.
—Un poco —afirmo ella.
—Ojalá que veamos al oso mañana. Estoy un poco decepcionado por no haberlo divisado. —bromee. En realidad no tenía muchas ganas de ver al famoso oso. Papa insistía en que eran algo más. Que yo me enteraría pronto de su identidad.
—Sí, yo también —dijo ella de forma sarcástica—. ¡Quizá tengamos suerte mañana y algo nos coma vivos!
—Los osos no se comen a la gente. No les sabemos tan bien —dije sonriente mientras avanzábamos por la carretera—. Claro, aunque tal vez tú seas la excepción. Me apuesto lo que quieras a que sabes estupendamente.
—Muchas gracias —agradeció ella con la vista perdida... Por alguna razón el tema la desconcentro.
junio 21, 2011
Cap. XIV
Excursión
—Te has dado un buen golpe en la cabeza, ¿a que sí? —la única forma en que ella dijera eso, seria luego de haberse dado un buen golpe en la cabeza.
—Lo digo en serio.
—Vale, pues entonces gracias. O lo que sea. —no debía darle tanta importancia a unas palabras que solo eran producto del golpe. Pero la sonrisa de Bella no ayudaba mucho.
—Pues de nada. O lo que sea.
Llegamos al hospital y la ayude a bajar, mientras íbamos por el pasillo, temía encontrarme al Doctor Cullen, caminando por ahí. Pero no todo estaba tranquilo, normal, sin ningún rastro de él.
Nos fuimos hasta emergencia, el Doctor Snow vino para atender a Bella pero cuando le pregunto cómo se había hecho la herida, Bella respondió casi entre tartamudeos, diciendo una mentira tan poco creíble que no sé como el doctor se la trago.
— Estábamos… en el garaje de, de su casa. Y bueno tropecé y me golpee… eso fue todo.
El doctor se lo creyó completamente, se fue a buscar algo en una mesita mientras le indico a Bella que se relajara. Trajo una enorme aguja con un líquido transparente adentro. Era anestesia, lo supe cuando empezó a coser a Bella y ella no se inmutaba ante el dolor. Mantuve su mano entre las mías todo el tiempo.
Le dieron siete puntos, Bella permanecía tranquila, y yo aun estaba junto a ella, tomándola de la mano. Más nervioso que un padre primerizo, para cuando terminaron con ella, nos fuimos del hospital, ella insistió en manejar, me dejo en mi casa con la excusa de que debía llegar a su casa a cocinarle a Charlie para que todo pareciera normal.
— Es más fácil que crea mi mentira si me ve caminando tranquilamente en la casa, y haciendo mis quehaceres de siempre como si nada.
Con esas palabras no pude refutar, la deje partir, mientras veía el polvo que se elevaba tras su ida.
Entre a casa y papá estaba… Umm se podría decir que esperándome.
— ¿Qué haces despierto tan tarde?
— Esperándote. ¿Qué paso que llegaste tan tarde?
Lo medite unos momentos. En cualquier instante Charlie llamaría o papá lo llamaría a él. Y se pondrían a chismear como siempre.
— Es que tuve que acompañar a Bella al hospital.
— ¿Y eso? ¿Qué sucedió?
— No fue nada. Cuando estábamos en el garaje Bella tropezó. Y cuando se cayó se hirió la frente. Sabes que ella tiene dos pies izquierdos. Puff.
— Jajaja si es cierto Jake. Bueno tengan más cuidado la próxima vez.
— Si tranquilo. Voy a dormir. Hasta mañana.
— Bien, que descanses.
El miércoles siguiente, estábamos en andando en motos nuevamente. Bella había insistido en que quería intentarlo una vez más… y otra y otra. Por alguna razón no le importaba cuantas veces se cayera ni cuantas heridas sangraran… luego se las coserían y todo seguiría como siempre.
Cada vez que ella caía, yo corría hasta llegar a su lado, levantaba la moto y la ayudaba a levantar. La revisaba por si tenía alguna herida, respire tranquilo cuando veía que no. A la quinta oportunidad Bella tropezó contra un árbol, cuando llegue a su lado estaba algo aturdida, sangraba un poco… pero tenía un sonrisa de oreja a oreja que era inentendible. Seque su herida y la acompañe al hospital. Esta vez Bella me sorprendió trayendo consigo ropa para cambiarse, suponiendo que se mancharía de sangre la que llevaba puesta.
Esta vez la atendió el Doctor Gerandy. Creo que le dieron un par de puntos pero la conmoción del golpe le preocupo al doctor. Tanto como papa telefonear a Charlie y decirle que debía estar pendiente durante la madrugada de despertar a Bella cada dos horas para verificar que todo andará bien. Por lo que me había contado Bella el viernes cuando me fue a buscar a la escuela, Charlie se había puesto un poco nervioso por eso. Ella trato de calmarlo diciéndole que eso no había sucedido en mi garaje, si no que fue durante una excursión. Valla, sobre todo excursión con lo que a ella le gustan esas salidas.
—Charlie se está mosqueando —se había quejado.
—Quizás deberíamos tomarnos con más calma lo de las motos —ofrecí. Aunque no me agradaba la idea de separarme de Bella. Ella arrugo el entrecejo en un claro desacuerdo a mi sugerencia—: Al menos durante una semana, aproximadamente. Así podrías estar siete días fuera del hospital, ¿no? —quería estar con Bella tanto tiempo como me fuera posible. Pero me preocupaba las heridas que se hacía y las visitas seguidos al médico.
— ¿Y qué vamos a hacer entonces? —pregunto con tono molesto. Pero yo no pude más que sonreír. No importaba que actividad hiciéramos… Bella igual quería pasar su día conmigo.
—Pues lo que quieras.
Bella lo pensó durante… valla no se cuanto tiempo tenía ya en silencio.
Meditando y sopesando cada opción que rondaba por su cabeza.
Avanzábamos en la carretera, ella manejaba en silencio. Su cuerpo estaba junto a mí, inmóvil, solo siguiendo los requerimientos de la carretera. Pero su mente viajaba muy, pero muy lejos de nosotros.
— ¿Qué es lo que estás pensando con tanta concentración? —pregunte impaciente.
—Bueno... —comenzó suspicazmente—. En una ocasión encontré un lugar en el bosque... Me topé con él cuando iba... de excursión. —dijo dudosa. — Es un pequeño prado, el sitio más bonito que he visto. No sé si podría rastrearlo yo sola. Seguramente me llevaría varias intentonas...
— Podemos usar una brújula y un mapa de coordenadas —ofrecí confiado. Podría encontrar casi cualquier lugar del estado—. ¿Recuerdas cuál era el punto de partida?
—Sí, en la cabecera misma del sendero donde termina la 101. Creo que iba principalmente en dirección sur.
—Guay. Lo encontraremos.
No me importaba que quisiera hacer Bella. Así su petición me llevara al fin del mundo. Lo haría por ella.
Pasamos la tarde hablando sobre cosas sin sentido, nos pusimos a ver nubes, conversar y burlarnos de los muchachos de la Push que seguían fanfarroneando en los acantilados.
El día siguiente era sábado. Nuestro día para ir de excursión. Me puse unos zapatos de buena suela, nos porque sintiera algo de frio, si no porque la caminata o la subida de rocas requería de unos zapatos resistentes.
Cuando Bella llego a mi casa, traía puestas unas súper botas de montaña, venía bien abrigada a diferencia de mí, que iba solo con una camiseta, no sentía el más mínimo frio en el aire.
Yo estaba espatarrado en el suelo del salón, trazando una red sobre la sección sobre el mapa de Olympic donde Bella me había dicho. Mientras yo pasaba líneas de un lado a otra. Y buscaba mi brújula para sacar los cálculos; Bella se sentó en una silla junto a mi papá Billy, yo le había contado a dónde íbamos, aunque él no estaba muy interesado en nuestra excursión. No le molestaba en absoluto el tema de los supuestos osos que andaban rondando por Forks y la Push. El sabía quienes eran. Y por alguna razón yo comenzaba también a saberlo.
—Ojalá veamos al súper oso —bromee mientras continuaba trazando líneas.
Escuche la risa de papá.
—Quizás deberías llevarte un tarro de miel, sólo por si las moscas. —papá continuaba haciendo bromas en cuanto a los “osos” y su hambre. Yo solo pude reír entre dientes.
—Espero que tus botas nuevas sean rápidas, Bella. Un tarro pequeño no va a mantener ocupado a un oso hambriento durante mucho tiempo.
—Sólo tengo que ser más rápida que tú.
— ¡Pues vas a necesitar suerte! —reí con verdaderas ganas mientras levantaba el mapa del suelo. Observe el cielo tratando de predecir si llovería de forma novedosa—. Vamos.
—Pasáoslo bien —masculló papá al tiempo que se impulsaba en dirección al frigorífico.
Condujimos hasta el final de la carretera polvorienta, Bella se detuvo frente a un cartel, que decía “Comienzo de senda”.
Bajamos de la pickup, la brisa azotaba nuestros cabello, aunque no sentía frio. Sabía que era fresca.
—Yo iré por este camino —murmuro Bella mientras veía la densa masa de árboles y plantas verdes a nuestro alrededor. Señalo un camino que estaba frente a nosotros.
—Mmm —murmure dudoso. Tenía la esperanza de subir montañas, pasar sobre rocas y tratar de atravesar espesos arboles.
— ¿Qué?
Observe el camino que ella había señalado, y luego la pista marcada… una y otra vez.
—Debería haber supuesto que eres de la clase de chicas a las que les gustan los caminos.
—Pues no —sonreí débilmente—. Soy una rebelde.
Jajaja. Me reí satisfecho… saque el mapa y lo desplegué sobre el capón de la camioneta.
—Concédeme un momento —sostuve la brújula mientras que giraba el mapa hasta tomar el ángulo que indicaba la ruta a seguir.
—De acuerdo, es la primera línea de las coordenadas. —dije entusiasmado.— Vamos a seguirla.
—Te has dado un buen golpe en la cabeza, ¿a que sí? —la única forma en que ella dijera eso, seria luego de haberse dado un buen golpe en la cabeza.
—Lo digo en serio.
—Vale, pues entonces gracias. O lo que sea. —no debía darle tanta importancia a unas palabras que solo eran producto del golpe. Pero la sonrisa de Bella no ayudaba mucho.
—Pues de nada. O lo que sea.
Llegamos al hospital y la ayude a bajar, mientras íbamos por el pasillo, temía encontrarme al Doctor Cullen, caminando por ahí. Pero no todo estaba tranquilo, normal, sin ningún rastro de él.
Nos fuimos hasta emergencia, el Doctor Snow vino para atender a Bella pero cuando le pregunto cómo se había hecho la herida, Bella respondió casi entre tartamudeos, diciendo una mentira tan poco creíble que no sé como el doctor se la trago.
— Estábamos… en el garaje de, de su casa. Y bueno tropecé y me golpee… eso fue todo.
El doctor se lo creyó completamente, se fue a buscar algo en una mesita mientras le indico a Bella que se relajara. Trajo una enorme aguja con un líquido transparente adentro. Era anestesia, lo supe cuando empezó a coser a Bella y ella no se inmutaba ante el dolor. Mantuve su mano entre las mías todo el tiempo.
Le dieron siete puntos, Bella permanecía tranquila, y yo aun estaba junto a ella, tomándola de la mano. Más nervioso que un padre primerizo, para cuando terminaron con ella, nos fuimos del hospital, ella insistió en manejar, me dejo en mi casa con la excusa de que debía llegar a su casa a cocinarle a Charlie para que todo pareciera normal.
— Es más fácil que crea mi mentira si me ve caminando tranquilamente en la casa, y haciendo mis quehaceres de siempre como si nada.
Con esas palabras no pude refutar, la deje partir, mientras veía el polvo que se elevaba tras su ida.
Entre a casa y papá estaba… Umm se podría decir que esperándome.
— ¿Qué haces despierto tan tarde?
— Esperándote. ¿Qué paso que llegaste tan tarde?
Lo medite unos momentos. En cualquier instante Charlie llamaría o papá lo llamaría a él. Y se pondrían a chismear como siempre.
— Es que tuve que acompañar a Bella al hospital.
— ¿Y eso? ¿Qué sucedió?
— No fue nada. Cuando estábamos en el garaje Bella tropezó. Y cuando se cayó se hirió la frente. Sabes que ella tiene dos pies izquierdos. Puff.
— Jajaja si es cierto Jake. Bueno tengan más cuidado la próxima vez.
— Si tranquilo. Voy a dormir. Hasta mañana.
— Bien, que descanses.
El miércoles siguiente, estábamos en andando en motos nuevamente. Bella había insistido en que quería intentarlo una vez más… y otra y otra. Por alguna razón no le importaba cuantas veces se cayera ni cuantas heridas sangraran… luego se las coserían y todo seguiría como siempre.
Cada vez que ella caía, yo corría hasta llegar a su lado, levantaba la moto y la ayudaba a levantar. La revisaba por si tenía alguna herida, respire tranquilo cuando veía que no. A la quinta oportunidad Bella tropezó contra un árbol, cuando llegue a su lado estaba algo aturdida, sangraba un poco… pero tenía un sonrisa de oreja a oreja que era inentendible. Seque su herida y la acompañe al hospital. Esta vez Bella me sorprendió trayendo consigo ropa para cambiarse, suponiendo que se mancharía de sangre la que llevaba puesta.
Esta vez la atendió el Doctor Gerandy. Creo que le dieron un par de puntos pero la conmoción del golpe le preocupo al doctor. Tanto como papa telefonear a Charlie y decirle que debía estar pendiente durante la madrugada de despertar a Bella cada dos horas para verificar que todo andará bien. Por lo que me había contado Bella el viernes cuando me fue a buscar a la escuela, Charlie se había puesto un poco nervioso por eso. Ella trato de calmarlo diciéndole que eso no había sucedido en mi garaje, si no que fue durante una excursión. Valla, sobre todo excursión con lo que a ella le gustan esas salidas.
—Charlie se está mosqueando —se había quejado.
—Quizás deberíamos tomarnos con más calma lo de las motos —ofrecí. Aunque no me agradaba la idea de separarme de Bella. Ella arrugo el entrecejo en un claro desacuerdo a mi sugerencia—: Al menos durante una semana, aproximadamente. Así podrías estar siete días fuera del hospital, ¿no? —quería estar con Bella tanto tiempo como me fuera posible. Pero me preocupaba las heridas que se hacía y las visitas seguidos al médico.
— ¿Y qué vamos a hacer entonces? —pregunto con tono molesto. Pero yo no pude más que sonreír. No importaba que actividad hiciéramos… Bella igual quería pasar su día conmigo.
—Pues lo que quieras.
Bella lo pensó durante… valla no se cuanto tiempo tenía ya en silencio.
Meditando y sopesando cada opción que rondaba por su cabeza.
Avanzábamos en la carretera, ella manejaba en silencio. Su cuerpo estaba junto a mí, inmóvil, solo siguiendo los requerimientos de la carretera. Pero su mente viajaba muy, pero muy lejos de nosotros.
— ¿Qué es lo que estás pensando con tanta concentración? —pregunte impaciente.
—Bueno... —comenzó suspicazmente—. En una ocasión encontré un lugar en el bosque... Me topé con él cuando iba... de excursión. —dijo dudosa. — Es un pequeño prado, el sitio más bonito que he visto. No sé si podría rastrearlo yo sola. Seguramente me llevaría varias intentonas...
— Podemos usar una brújula y un mapa de coordenadas —ofrecí confiado. Podría encontrar casi cualquier lugar del estado—. ¿Recuerdas cuál era el punto de partida?
—Sí, en la cabecera misma del sendero donde termina la 101. Creo que iba principalmente en dirección sur.
—Guay. Lo encontraremos.
No me importaba que quisiera hacer Bella. Así su petición me llevara al fin del mundo. Lo haría por ella.
Pasamos la tarde hablando sobre cosas sin sentido, nos pusimos a ver nubes, conversar y burlarnos de los muchachos de la Push que seguían fanfarroneando en los acantilados.
El día siguiente era sábado. Nuestro día para ir de excursión. Me puse unos zapatos de buena suela, nos porque sintiera algo de frio, si no porque la caminata o la subida de rocas requería de unos zapatos resistentes.
Cuando Bella llego a mi casa, traía puestas unas súper botas de montaña, venía bien abrigada a diferencia de mí, que iba solo con una camiseta, no sentía el más mínimo frio en el aire.
Yo estaba espatarrado en el suelo del salón, trazando una red sobre la sección sobre el mapa de Olympic donde Bella me había dicho. Mientras yo pasaba líneas de un lado a otra. Y buscaba mi brújula para sacar los cálculos; Bella se sentó en una silla junto a mi papá Billy, yo le había contado a dónde íbamos, aunque él no estaba muy interesado en nuestra excursión. No le molestaba en absoluto el tema de los supuestos osos que andaban rondando por Forks y la Push. El sabía quienes eran. Y por alguna razón yo comenzaba también a saberlo.
—Ojalá veamos al súper oso —bromee mientras continuaba trazando líneas.
Escuche la risa de papá.
—Quizás deberías llevarte un tarro de miel, sólo por si las moscas. —papá continuaba haciendo bromas en cuanto a los “osos” y su hambre. Yo solo pude reír entre dientes.
—Espero que tus botas nuevas sean rápidas, Bella. Un tarro pequeño no va a mantener ocupado a un oso hambriento durante mucho tiempo.
—Sólo tengo que ser más rápida que tú.
— ¡Pues vas a necesitar suerte! —reí con verdaderas ganas mientras levantaba el mapa del suelo. Observe el cielo tratando de predecir si llovería de forma novedosa—. Vamos.
—Pasáoslo bien —masculló papá al tiempo que se impulsaba en dirección al frigorífico.
Condujimos hasta el final de la carretera polvorienta, Bella se detuvo frente a un cartel, que decía “Comienzo de senda”.
Bajamos de la pickup, la brisa azotaba nuestros cabello, aunque no sentía frio. Sabía que era fresca.
—Yo iré por este camino —murmuro Bella mientras veía la densa masa de árboles y plantas verdes a nuestro alrededor. Señalo un camino que estaba frente a nosotros.
—Mmm —murmure dudoso. Tenía la esperanza de subir montañas, pasar sobre rocas y tratar de atravesar espesos arboles.
— ¿Qué?
Observe el camino que ella había señalado, y luego la pista marcada… una y otra vez.
—Debería haber supuesto que eres de la clase de chicas a las que les gustan los caminos.
—Pues no —sonreí débilmente—. Soy una rebelde.
Jajaja. Me reí satisfecho… saque el mapa y lo desplegué sobre el capón de la camioneta.
—Concédeme un momento —sostuve la brújula mientras que giraba el mapa hasta tomar el ángulo que indicaba la ruta a seguir.
—De acuerdo, es la primera línea de las coordenadas. —dije entusiasmado.— Vamos a seguirla.
junio 13, 2011
Cap. XIII
¿Cuanto puede provocar un golpe en la frente?
Levante la motocicleta tan rápido como pude, apague el motor y volví junto a Bella, el corazón me latía desbocado, ella se movió un poco hacia los lados, pero parecía fuera de si.
—Guau —murmuro Bella. Me acerque a ella apresuradamente, no parecía estar muy bien, tenia la vista algo perdida, y decía cosas extrañas.
— ¡Bella! —La llame con ansiedad—. Bella, ¿estás viva?
— ¡Estoy genial! —exclamo en un grito dejándome boquiabierto. Flexiono los brazos y las piernas mientras yo esperaba algún crujido o un gemido de dolor—. ¡Vamos a hacerlo otra vez! –ya va, ya va…. ¿QUEE? Estaba loca, no la dejaría montarse en esa moto otra vez, respire profundamente un par de veces antes de volver a hablar.
— No creo que sea una buena idea —trate de hablar tranquilo, pero mi voz destilaba preocupación y temor, Bella no se había dado cuenta de algo, pero yo si. Unas gotas de sangre empezaron a correr rápidamente desde su frente hacia el suelo—. Será mejor que te lleve primero al hospital. –la cordura comenzaba a escaparse de mi.
—Estoy bien. –confirmado, aun no lo había notado.
— ¿Ah, sí, Bella? Tienes un corte bien grande en la frente y estás poniendo todo perdido de sangre —le informe.
Se llevo la mano a la cabeza, examinando los daños. Fue muy estúpido dejarla andar en moto con tan poca práctica. Ella lo sabía y no tardaría mucho en reprochármelo.
—Oh, lo siento tanto, Jacob —ahora si estaba calando. De que rayos hablaba ahora. Seguramente el golpe le estaba haciendo daño.
— ¿Por qué te disculpas por sangrar? —Pregunte confundido, mientras pasaba un brazo por su cintura y la alzaba cuidadosamente, hasta que logre ponerla en pie—. Vámonos. Conduzco yo —extendí mi mano pidiéndole las llaves.
— ¿Y qué hacemos con las motos? —me dio las llaves mientras esperaba mi respuesta, lo pensé un momento, ciertamente no podíamos dejarlas ahí, habían costado mucho trabajo y dinero... resolví ir en mi moto hasta la camioneta y volver por Bella y la otra moto. Vi su frente sangrando, me quite la camiseta que ya estaba algo manchada de sangre; para que se la pusiera sobre la herida.
—Espera aquí. Y toma esto —se la arroje y me di la vuelta hacia la moto. Por alguna estúpida razón me sentía cohibido y a la vez pretencioso estando así frente a ella.
Me subí a la moto y la arranque, tome la carretera por donde había pasado antes, la arena sobresalió entre las ruedas mientras la brisa golpeaba mi pecho desnudo.
Llegue junto a la pickup, subí la moto en la parte trasera, eche el ojo un par de veces en dirección a Bella, ella tenia la vista clavada hacia acá, pero presionaba la vista tratando de ver mejor. Por alguna extraña razón yo la veía claramente.
Subí al asiento, la encendí y el motor comenzó a rugir escandalosamente victima de la fuerza que yo aplicaba en el acelerador para poder llegar junto a Bella pronto. Llegue rápido junto a Bella, me baje dejando el motor encendido, tome a Bella nuevamente por la cintura para ayudarla a subir. Estaba tan pálida que casi podía ver a través de ella.
—Venga, vamos a subirte al coche. –le urgí apremiante.
—Estoy bien, de verdad —si claro, seguramente la sangre que le caía a borbotones de la frente eran ofuscaciones mías—. No te pongas como loco, que sólo es un poco de sangre.
—Más bien es un montón de sangre —murmure mientras levantaba la moto de Bella.
—Bueno, ahora vamos a pensar esto un poco — comenzó cuando estuve junto a ella—. Si me llevas tal como estoy a urgencias, seguro que Charlie se va a enterar —observo sus pantalones sucios como que si eso fuera gran motivo para no ir al hospital.
—Bella, creo que necesitas puntos y no voy a dejar que te desangres viva.
—Eso no va a ocurrir —trato de convencerme—. Sólo querría que lleváramos primero las motos y después paráramos un momento en mi casa, para arreglarme un poco antes de ir al hospital.
— ¿Y qué pasa con Charlie? –le ateje.
— Me dijo que hoy tenía trabajo.
— ¿Estás del todo segura?
— Confía en mí. No es tan grave como parece.
Acepte contrariado e inconforme. Subimos a la camioneta, me fui directo hacia Forks, Bella mantenía mi camisa fuertemente apretada en la herida, lo que me calmaba ya que no tenia que ver toda la sangre chorreando como agua por su frente.
El silencio comenzaba a torturarme, mientras avanzaba... giraba un poco la cara hacia ella, se mantenía callada, pensando. O aguantando el dolor para no quejarse.
Quería hablar con ella, para que se distrajera en una conversación algo tranquila mientras hacíamos todo el trayecto hasta su casa y luego al hospital. Me mantuve en silencio unos kilómetros más pero cuando Bella se estremeció, mis deseos vencieron a mi absurda voluntad.
— ¿Sigues encontrándote bien?
— Sí —sonó algo convincente. Pero una capa de dolor abrumaba su faceta.
— A propósito —añadí serio—. Voy a desconectarte el freno del pie esta noche.
Llegamos a casa, Bella subió las escaleras mientras yo me dejaba caer en el suelo, exhausto. No quería sentarme en el sofá por miedo a ensuciarlo.
Pasó casi media hora, mientras Bella se acomodaba. Al parecer no íbamos al hospital si no de paseo.
—Date prisa —le apure nervioso de que llegara Charlie.
—Vale, vale —grito de vuelta.
Escuche que Bella bajaba las escaleras y gire para verla. Creo que esperaba solo una muda de ropa, y una frente con menos sangre. Pero ella se veía hermosa. Esa blusa de botones resaltaba su cintura y su largo cuerpo. La herida en su frente casi paso desapercibida por su belleza.
— ¿Qué aspecto tengo? —me pregunto, como si no fuera obvio. Trague y respire nuevamente antes de hablar
— Mejor.
— Pero ¿tengo el aspecto de haber tropezado en tu garaje y haberme dado un golpe en la cabeza con un martillo?
— Sí, yo diría que sí.
— Entonces, vamos.
Salimos de la casa, mientras yo pedí, bueno exigí manejar de nuevo.
Íbamos a mitad de camino cuando Bella volvió a hablar con el ceño fruncido.
— Debería haber tomado una chaqueta para ti.
— Eso nos habría descubierto —dije en tono de broma—. Además, no hace frío. –con una chaqueta moriría del calor.
— ¿Estás de broma? —Bella tembló y se inclino para encender la calefacción.
Me sentía más que bien, quizás Bella tenía fiebre ocasionada por el fuerte golpe, y sentía frio. Yo me sentía cómodo, pase un brazo por el respaldo de su asiento.
Me relaje con Bella junto a mi, íbamos a unos kilómetros del hospital cuando note que Bella no dejaba de mirarme. Espere unos segundos a ver si dejaba de hacerlo, pero su mirada evaluadora me detallaba una y otra vez. Quizás había algo en la cara. O simplemente es que me veía peor de cerca.
— ¿Qué? —deje de intentar adivinar.
— Nada. Que no me había dado cuenta antes. ¿Sabes que estás bastante bien?
Puse los ojos en blanco. Respire hondo analizando sus palabras. Oh vamos solo lo dice por el fuerte golpe que se dio en la cabeza. Cálmate…umm que te calmeeesss... mente loca.
Levante la motocicleta tan rápido como pude, apague el motor y volví junto a Bella, el corazón me latía desbocado, ella se movió un poco hacia los lados, pero parecía fuera de si.
—Guau —murmuro Bella. Me acerque a ella apresuradamente, no parecía estar muy bien, tenia la vista algo perdida, y decía cosas extrañas.
— ¡Bella! —La llame con ansiedad—. Bella, ¿estás viva?
— ¡Estoy genial! —exclamo en un grito dejándome boquiabierto. Flexiono los brazos y las piernas mientras yo esperaba algún crujido o un gemido de dolor—. ¡Vamos a hacerlo otra vez! –ya va, ya va…. ¿QUEE? Estaba loca, no la dejaría montarse en esa moto otra vez, respire profundamente un par de veces antes de volver a hablar.
— No creo que sea una buena idea —trate de hablar tranquilo, pero mi voz destilaba preocupación y temor, Bella no se había dado cuenta de algo, pero yo si. Unas gotas de sangre empezaron a correr rápidamente desde su frente hacia el suelo—. Será mejor que te lleve primero al hospital. –la cordura comenzaba a escaparse de mi.
—Estoy bien. –confirmado, aun no lo había notado.
— ¿Ah, sí, Bella? Tienes un corte bien grande en la frente y estás poniendo todo perdido de sangre —le informe.
Se llevo la mano a la cabeza, examinando los daños. Fue muy estúpido dejarla andar en moto con tan poca práctica. Ella lo sabía y no tardaría mucho en reprochármelo.
—Oh, lo siento tanto, Jacob —ahora si estaba calando. De que rayos hablaba ahora. Seguramente el golpe le estaba haciendo daño.
— ¿Por qué te disculpas por sangrar? —Pregunte confundido, mientras pasaba un brazo por su cintura y la alzaba cuidadosamente, hasta que logre ponerla en pie—. Vámonos. Conduzco yo —extendí mi mano pidiéndole las llaves.
— ¿Y qué hacemos con las motos? —me dio las llaves mientras esperaba mi respuesta, lo pensé un momento, ciertamente no podíamos dejarlas ahí, habían costado mucho trabajo y dinero... resolví ir en mi moto hasta la camioneta y volver por Bella y la otra moto. Vi su frente sangrando, me quite la camiseta que ya estaba algo manchada de sangre; para que se la pusiera sobre la herida.
—Espera aquí. Y toma esto —se la arroje y me di la vuelta hacia la moto. Por alguna estúpida razón me sentía cohibido y a la vez pretencioso estando así frente a ella.
Me subí a la moto y la arranque, tome la carretera por donde había pasado antes, la arena sobresalió entre las ruedas mientras la brisa golpeaba mi pecho desnudo.
Llegue junto a la pickup, subí la moto en la parte trasera, eche el ojo un par de veces en dirección a Bella, ella tenia la vista clavada hacia acá, pero presionaba la vista tratando de ver mejor. Por alguna extraña razón yo la veía claramente.
Subí al asiento, la encendí y el motor comenzó a rugir escandalosamente victima de la fuerza que yo aplicaba en el acelerador para poder llegar junto a Bella pronto. Llegue rápido junto a Bella, me baje dejando el motor encendido, tome a Bella nuevamente por la cintura para ayudarla a subir. Estaba tan pálida que casi podía ver a través de ella.
—Venga, vamos a subirte al coche. –le urgí apremiante.
—Estoy bien, de verdad —si claro, seguramente la sangre que le caía a borbotones de la frente eran ofuscaciones mías—. No te pongas como loco, que sólo es un poco de sangre.
—Más bien es un montón de sangre —murmure mientras levantaba la moto de Bella.
—Bueno, ahora vamos a pensar esto un poco — comenzó cuando estuve junto a ella—. Si me llevas tal como estoy a urgencias, seguro que Charlie se va a enterar —observo sus pantalones sucios como que si eso fuera gran motivo para no ir al hospital.
—Bella, creo que necesitas puntos y no voy a dejar que te desangres viva.
—Eso no va a ocurrir —trato de convencerme—. Sólo querría que lleváramos primero las motos y después paráramos un momento en mi casa, para arreglarme un poco antes de ir al hospital.
— ¿Y qué pasa con Charlie? –le ateje.
— Me dijo que hoy tenía trabajo.
— ¿Estás del todo segura?
— Confía en mí. No es tan grave como parece.
Acepte contrariado e inconforme. Subimos a la camioneta, me fui directo hacia Forks, Bella mantenía mi camisa fuertemente apretada en la herida, lo que me calmaba ya que no tenia que ver toda la sangre chorreando como agua por su frente.
El silencio comenzaba a torturarme, mientras avanzaba... giraba un poco la cara hacia ella, se mantenía callada, pensando. O aguantando el dolor para no quejarse.
Quería hablar con ella, para que se distrajera en una conversación algo tranquila mientras hacíamos todo el trayecto hasta su casa y luego al hospital. Me mantuve en silencio unos kilómetros más pero cuando Bella se estremeció, mis deseos vencieron a mi absurda voluntad.
— ¿Sigues encontrándote bien?
— Sí —sonó algo convincente. Pero una capa de dolor abrumaba su faceta.
— A propósito —añadí serio—. Voy a desconectarte el freno del pie esta noche.
Llegamos a casa, Bella subió las escaleras mientras yo me dejaba caer en el suelo, exhausto. No quería sentarme en el sofá por miedo a ensuciarlo.
Pasó casi media hora, mientras Bella se acomodaba. Al parecer no íbamos al hospital si no de paseo.
—Date prisa —le apure nervioso de que llegara Charlie.
—Vale, vale —grito de vuelta.
Escuche que Bella bajaba las escaleras y gire para verla. Creo que esperaba solo una muda de ropa, y una frente con menos sangre. Pero ella se veía hermosa. Esa blusa de botones resaltaba su cintura y su largo cuerpo. La herida en su frente casi paso desapercibida por su belleza.
— ¿Qué aspecto tengo? —me pregunto, como si no fuera obvio. Trague y respire nuevamente antes de hablar
— Mejor.
— Pero ¿tengo el aspecto de haber tropezado en tu garaje y haberme dado un golpe en la cabeza con un martillo?
— Sí, yo diría que sí.
— Entonces, vamos.
Salimos de la casa, mientras yo pedí, bueno exigí manejar de nuevo.
Íbamos a mitad de camino cuando Bella volvió a hablar con el ceño fruncido.
— Debería haber tomado una chaqueta para ti.
— Eso nos habría descubierto —dije en tono de broma—. Además, no hace frío. –con una chaqueta moriría del calor.
— ¿Estás de broma? —Bella tembló y se inclino para encender la calefacción.
Me sentía más que bien, quizás Bella tenía fiebre ocasionada por el fuerte golpe, y sentía frio. Yo me sentía cómodo, pase un brazo por el respaldo de su asiento.
Me relaje con Bella junto a mi, íbamos a unos kilómetros del hospital cuando note que Bella no dejaba de mirarme. Espere unos segundos a ver si dejaba de hacerlo, pero su mirada evaluadora me detallaba una y otra vez. Quizás había algo en la cara. O simplemente es que me veía peor de cerca.
— ¿Qué? —deje de intentar adivinar.
— Nada. Que no me había dado cuenta antes. ¿Sabes que estás bastante bien?
Puse los ojos en blanco. Respire hondo analizando sus palabras. Oh vamos solo lo dice por el fuerte golpe que se dio en la cabeza. Cálmate…umm que te calmeeesss... mente loca.
junio 10, 2011
Relato: "Tejiendo un Cuento"
Hola chicass.. Dulce Cautiva de el Club de las Escritoras nos ha ofrecido a todas la oportunidad de participar en el reto "Tejiendo un Cuento". La primera parte del relato pertenece a Hada Fitipaldi; el reto es continuar la historia siguiendo la misma trama, y dejarlo inconcluso para luego seguirlo, tejerlo poco a poco xD y aqui les dejo la primera parte, y la segunda escrita por mi.. espero les guste besos
Hada Fitipaldi
El viento me golpeaba con fuerza la cara, mientras intentaba escapar del pesado de Michael. Durante el verano, yo al fin había cedido ante sus persistentes intentos para que saliéramos un día a tomar algo. Michael era mi amigo desde tiempos inmemoriales, ambos jugábamos juntos en la guardería, junto con Iris, y hemos ido creciendo yendo al mismo colegio. Pero desde que entramos en el instituto, y las tediosas hormonas de Michael se revolucionaron, su interés por mí cambió drásticamente. Por eso huía de él, yo seguía queriendo un amigo para tomar café, y el quería una amiga con derecho a roce para experimentar en la cama.
Aparqué mi moto nueva, regalo por mi diecisiete cumpleaños, en el instituto, y me encaminé hacia la puerta en busca de Iris. El ambiente era aún pegajoso, ya que el verano nos regalaba sus últimos resquicios de calor, y estábamos muy próximos a una playa. Fiel a la promesa que le hice a mi amiga, para la que el primer día del último año de instituto tenía que ser memorable, me había puesto unos shorts vaqueros y una camiseta negra un poco escotada. Teníamos que ir arrebatadoras, según sus palabras, y yo había hecho lo posible, aunque no me apeteciera demasiado.
Cuando estaba subiendo las escaleras, los gritos desde el aparcamiento me llamaron la atención. Como tenía que esperar a mi amiga, me detuve. Dos chicos se encontraban subidos en sendas motos de carreras, y mantenían la rueda trasera en el aire, en un equilibrio inestable. Sus miradas estaban cruzadas en un claro desafío, mientras un grupo de unos diez estudiantes los vitoreaban.
- Ocho, nueve, diez…- cada vez elevaban más sus voces, hasta convertirlas en un aullido excitado-, once, doce…
Hasta que uno de los chicos que iba en las motos, bajó la rueda con estrépito, y entonces si que pude oírlos chillar. Unos cuantos saltaban y abrazaban al ganador, un chico de pelo negro desordenado, que aparcó la moto y se echó a los brazos de sus amigos. El otro chico, por increíble que parezca, también lo abrazó, aunque no pude distinguir si el gesto fue sincero. Pude ver como la pandilla al completo se acercaba hacia las puertas, e inevitablemente, a donde yo me encontraba. Reconocí entre ellos a alguno de los chicos problemáticos ampliamente conocidos en el instituto, la mayor parte de ellos expulsados al menos una vez. El chico ganador no me sonaba, por eso no pude evitar centrar mi atención en él. Lucía una camiseta negra ajustada, que dejaba ver sus anchos hombros, y los vaqueros, muy desgastados, caían peligrosamente siendo solo frenados por los huesos de sus caderas. Todo en él parecía grande, incluso sus ojos, de un verde muy oscuro, que se clavaron en los míos, con un brillo que no supe identificar, mientras esbozaba una leve sonrisa al pasar por mi lado.
- Mirad chicos, teníamos espectadores -el ganador me señaló con el dedo, se paró junto a mí unos instantes, y me miró de arriba a bajo, deteniendo la vista en mi pecho-. Parece que ese sujetador que llevas te está apretando un poco esos preciosos pechos que tienes, si quieres me ofrezco voluntario para liberar esa tensión.
Como me pilló tan de sorpresa, mi reacción instantánea fue ruborizarme hasta parecer un semáforo en rojo. Antes de que pudiera replicarle, siguió diciendo:
- Ummm, me encantan las chicas que se ponen rojas como si fueran fresones- esta vez se acercó un poco más a mi, y me miró directamente a los ojos-. Dan ganas de lamerlas de arriba abajo hasta que exploten.
- ¡Imbécil!, ¡sinvergüenza! -las palabras salieron sin yo ser consciente de las mismas-. Le voy a decir al director ahora mismo que estabais compitiendo en el aparcamiento del instituto. Dime tu nombre.
Se oyeron abucheos por parte de sus amigos, e incluso pude ver expresiones amenazadoras. El chico intentó calmar los ánimos haciéndoles gestos con las manos, y soltó una risilla tan irritante como encantadora.
- Roberto, nena -arrastró las palabras, como si quisiera darles énfasis-. Recuérdame muy bien como el tío que quiere curar con su lengua todas las zonas rojas de tu cuerpo.
Y con esas últimas palabras, y un guiño de ojo, se despidió de mi, no sin antes ver mi dedo corazón delante de sus narices. Vaya engreído, maleducado y cobarde. Ni siquiera me había dado su apellido para ir con el cuento al director. Aunque me pondría a indagar en seguida. Una voz conocida me sacó de mis ensoñaciones.
-¿Quién era el culo mejor puesto que he visto en años? -Iris apareció ante mí, con su pelo color dorado, y unos ojos marrones muy vivos que miraban de forma alternante a Roberto y a mi-. Si mis sentidos no me engañan, Caroline, estabas hablando con él.
-Tus sentidos te engañan, créeme- la cogí de la mano, mientras tiraba de ella hacia el interior del edificio-. Es un chulo que se estaba metiendo conmigo.
- ¿Qué te ha dicho exactamente?
- Algo sobre mis tetas, queriendo intimidarme.
- Bueno, tampoco lo veo muy raro -Iris bajó la mirada hasta mi escote, sonriendo con aprobación-. Con unas tetas como esas, es imposible pasar a tu lado indiferente, bien podrías aparecer en la portada de la revista Playboy.
Y ante un comentario tan sincero, no pude más que reírme, y darle un achuchón a la que era mi mejor amiga. Ella era así, espontánea, sincera, y aunque sabía que a mi no me gustaba que me dijeran cosas como esa, viniendo de ella jamás podría enfadarme.
La mañana resultó tediosa, entre presentaciones y repartición de nuevos horarios. Había un profesor nuevo de lengua y literatura, Vincent, dijo que se llamaba. Era joven, no llegaría a los treinta años, y tenía un aspecto misterioso y cabizbajo. En seguida llamó la atención de Iris, que me dio varios codazos durante la clase. Gracias al cielo, no vi ni rastro del tal Roberto en toda la mañana.
Cuando llegó el final de las clases, me dirigí hacia mi moto, no sin antes despedirme de Iris, y quedar para tomar algo por la tarde. Agradecí de nuevo el contacto del aire en mi cara, que me atrapaba y hacía que me librara de todo lo que me rodeaba. Me gustaba afrontar las cosas, y me consideraba valiente, pero me gustaba pensar que en la moto podría escapar de cualquiera e ir a donde quisiera.
Llegué a la curva que daba acceso a mi calle, cuando de pronto, una moto me adelantó por el interior, haciendo que me tambaleara de forma inestable. Totalmente indignada, apreté el acelerador para ponerme al lado del motorista temerario y poder gritarle a gusto. Pero antes de que tuviera que alcanzarlo paró su moto y se apeó de la misma. Había aparcado justo en la puerta de al lado de mi casa. Me acerqué un poco a él, ya que no solía desistir fácilmente. Quería darle su merecido. Cuando se volvió y pude ver su rostro, casi me desmayo. La cara de Roberto apareció de debajo del casco, y me sonrió saludando con una mano. La furia empezó a hervir en mis venas.
Angela
Me baje de mi moto, dispuesta a abofetearlo por su loca maniobra de antes. Poco a poco iba recordando los sucesos del día, mi enojo creció más aun cuando recordé sus comentarios en cuanto a mi anatomía.
- ¿Qué haces aquí? –pregunte molesta. Escupiendo un veneno que se enredaba con mis palabras.
- Vivo aquí dulzura. ¿Y tú que? ¿Me venias siguiendo?
- JA…!! –dije en tono sarcástico. –sobretodo.
Me di la vuelta, me puse el caso nuevamente y me subí a mi moto agarrando con tanta fuerza el manillar que me dolían los dedos, decidí irme, alejarme de mi casa, de la cuadra, de la ciudad si fuera posible. Cuando comencé a andar, Roberto se planto frente a mí.
- Vamos… no seas así. Que mal humor tienes. No combina con… -miro mis pechos nuevamente. –no, en definitiva no combina contigo.
- Puff. –buje molesta y pise el acelerador.
- Hey... vamos... Vuelve. –escuche que decía a lo lejos.
Hice caso omiso a su pedido. Necesitaba enfriarme, una ola de calor me tenía atrapada. Conduje hasta una gasolinera para recargar el tanque de la moto y poder seguir mi camino. Aproveche la parada para ir al baño y además comprar un par de sodas y unas papas antes de irme. Me bebí una rápido, y guarde lo demás en mi bolso, lo necesitaría para el camino; el calor que recorría mi cuerpo disminuyo un poco.
Avance por la larga Avenida, el aire azotaba mi cara mientras me refrescaba. El malestar había desaparecido, de seguro tenia más que ver con la lejanía.
Llegue al borde de la playa, era hermosa, el agua estaba clara y los rayos del sol la hacían brillar, invitándote a entrar y sumergirte en ella. Me alegro la soledad del lugar, solo se hallaban a lo lejos un par de niños del lugar, su piel bronceada se veía hermosa, jugaban entre ellos aventándose arena y riendo escandalosamente.
Conduje por la arena rápidamente para que no se estancara la moto.
Me detuve a varios metros de unas rocas, deje sobre esta mi mochila, solté la coleta que sujetaba mi pelo casi rojizo, el aire paso suave entre mis cabellos. Cerré los ojos mientras aspiraba el aire, tan puro que penetraba mis pulmones refrescando cada escondrijo de mi cuerpo. Me sentía en un mundo diferente, la risa juguetona de los niños, el sonido del mar chocando contra las rocas, el agua casi rugía con ganas de hablar y saltar más alto.
El olor a salitre, una mezcla de arena mojada, sal y pescado, pero no a pescado como cuando lo tienes en la nevera, sino mucho mejor.
Saque las papas y la soda de mi bolso, camine hasta la orilla y me senté, aunque había un sol abrasador, notaba una brisa fresca que me hacia sentir tranquil; suave como si flotara entre las manos de un ángel. Respire a todo pulmón cuando un sonido me distrajo.
Mi teléfono repicaba, trayéndome de vuelta a la realidad. Lo cogí apresurada y conteste.
- Alo?
- Hey Caroline. ¿Donde andas? –era Iris.
- Salí un rato. ¿Por?
- Recuerdas que habíamos quedado en tomar algo esta tarde. ¿Eh? Te estoy esperando.
- Ups, cierto. Lo olvide. Discúlpame, no cree que llegue a tiempo –claramente no llegaría, estaba a horas y kilómetros de distancia.
- ¿Donde andas?
- Fui a dar una vuelta a la bahía.
- Esta cerca. Te da tiempo.
- No, me fui más lejos. Hasta Playa Rocosa.
- Me fueras dicho. Amo esa playa.
- Si disculpa es que no fue planificado.
- Bueno esta bien. Tranquila avísame cuando llegues. Me debes la de hoy.
- Bien, chao. Cuídate y no hagas locuras.
- Ok… tratare. Jajaja. Chao. –colgué mientras aspiraba profundamente el suave aire, mezclado con el olor a salitre, un olor diferente me distrajo.
- Te ves hermosa desde aquí. –abrí los ojos sorprendida. ¿Que rayos hacia Roberto aquí? Su perfume penetraba en el aire. Olía delicioso, vestía una playera gris y unos jeans con zapatos deportivos muy a la moda. Sus ojos verdes eran luminosos y me desconcentraron por un momento, se veían mas claros que esta mañana por el sol que le daba de frente. –valla con esta luz te ves despampanante. –sus ojos miraban mi cuerpo, pero esta vez no estaba detenidos en mis senos, si no en mi rostro, en el movimiento que tenia mi cabello provocado por la brisa.
- ¿Qué haces aquí?
Hada Fitipaldi
El viento me golpeaba con fuerza la cara, mientras intentaba escapar del pesado de Michael. Durante el verano, yo al fin había cedido ante sus persistentes intentos para que saliéramos un día a tomar algo. Michael era mi amigo desde tiempos inmemoriales, ambos jugábamos juntos en la guardería, junto con Iris, y hemos ido creciendo yendo al mismo colegio. Pero desde que entramos en el instituto, y las tediosas hormonas de Michael se revolucionaron, su interés por mí cambió drásticamente. Por eso huía de él, yo seguía queriendo un amigo para tomar café, y el quería una amiga con derecho a roce para experimentar en la cama.
Aparqué mi moto nueva, regalo por mi diecisiete cumpleaños, en el instituto, y me encaminé hacia la puerta en busca de Iris. El ambiente era aún pegajoso, ya que el verano nos regalaba sus últimos resquicios de calor, y estábamos muy próximos a una playa. Fiel a la promesa que le hice a mi amiga, para la que el primer día del último año de instituto tenía que ser memorable, me había puesto unos shorts vaqueros y una camiseta negra un poco escotada. Teníamos que ir arrebatadoras, según sus palabras, y yo había hecho lo posible, aunque no me apeteciera demasiado.
Cuando estaba subiendo las escaleras, los gritos desde el aparcamiento me llamaron la atención. Como tenía que esperar a mi amiga, me detuve. Dos chicos se encontraban subidos en sendas motos de carreras, y mantenían la rueda trasera en el aire, en un equilibrio inestable. Sus miradas estaban cruzadas en un claro desafío, mientras un grupo de unos diez estudiantes los vitoreaban.
- Ocho, nueve, diez…- cada vez elevaban más sus voces, hasta convertirlas en un aullido excitado-, once, doce…
Hasta que uno de los chicos que iba en las motos, bajó la rueda con estrépito, y entonces si que pude oírlos chillar. Unos cuantos saltaban y abrazaban al ganador, un chico de pelo negro desordenado, que aparcó la moto y se echó a los brazos de sus amigos. El otro chico, por increíble que parezca, también lo abrazó, aunque no pude distinguir si el gesto fue sincero. Pude ver como la pandilla al completo se acercaba hacia las puertas, e inevitablemente, a donde yo me encontraba. Reconocí entre ellos a alguno de los chicos problemáticos ampliamente conocidos en el instituto, la mayor parte de ellos expulsados al menos una vez. El chico ganador no me sonaba, por eso no pude evitar centrar mi atención en él. Lucía una camiseta negra ajustada, que dejaba ver sus anchos hombros, y los vaqueros, muy desgastados, caían peligrosamente siendo solo frenados por los huesos de sus caderas. Todo en él parecía grande, incluso sus ojos, de un verde muy oscuro, que se clavaron en los míos, con un brillo que no supe identificar, mientras esbozaba una leve sonrisa al pasar por mi lado.
- Mirad chicos, teníamos espectadores -el ganador me señaló con el dedo, se paró junto a mí unos instantes, y me miró de arriba a bajo, deteniendo la vista en mi pecho-. Parece que ese sujetador que llevas te está apretando un poco esos preciosos pechos que tienes, si quieres me ofrezco voluntario para liberar esa tensión.
Como me pilló tan de sorpresa, mi reacción instantánea fue ruborizarme hasta parecer un semáforo en rojo. Antes de que pudiera replicarle, siguió diciendo:
- Ummm, me encantan las chicas que se ponen rojas como si fueran fresones- esta vez se acercó un poco más a mi, y me miró directamente a los ojos-. Dan ganas de lamerlas de arriba abajo hasta que exploten.
- ¡Imbécil!, ¡sinvergüenza! -las palabras salieron sin yo ser consciente de las mismas-. Le voy a decir al director ahora mismo que estabais compitiendo en el aparcamiento del instituto. Dime tu nombre.
Se oyeron abucheos por parte de sus amigos, e incluso pude ver expresiones amenazadoras. El chico intentó calmar los ánimos haciéndoles gestos con las manos, y soltó una risilla tan irritante como encantadora.
- Roberto, nena -arrastró las palabras, como si quisiera darles énfasis-. Recuérdame muy bien como el tío que quiere curar con su lengua todas las zonas rojas de tu cuerpo.
Y con esas últimas palabras, y un guiño de ojo, se despidió de mi, no sin antes ver mi dedo corazón delante de sus narices. Vaya engreído, maleducado y cobarde. Ni siquiera me había dado su apellido para ir con el cuento al director. Aunque me pondría a indagar en seguida. Una voz conocida me sacó de mis ensoñaciones.
-¿Quién era el culo mejor puesto que he visto en años? -Iris apareció ante mí, con su pelo color dorado, y unos ojos marrones muy vivos que miraban de forma alternante a Roberto y a mi-. Si mis sentidos no me engañan, Caroline, estabas hablando con él.
-Tus sentidos te engañan, créeme- la cogí de la mano, mientras tiraba de ella hacia el interior del edificio-. Es un chulo que se estaba metiendo conmigo.
- ¿Qué te ha dicho exactamente?
- Algo sobre mis tetas, queriendo intimidarme.
- Bueno, tampoco lo veo muy raro -Iris bajó la mirada hasta mi escote, sonriendo con aprobación-. Con unas tetas como esas, es imposible pasar a tu lado indiferente, bien podrías aparecer en la portada de la revista Playboy.
Y ante un comentario tan sincero, no pude más que reírme, y darle un achuchón a la que era mi mejor amiga. Ella era así, espontánea, sincera, y aunque sabía que a mi no me gustaba que me dijeran cosas como esa, viniendo de ella jamás podría enfadarme.
La mañana resultó tediosa, entre presentaciones y repartición de nuevos horarios. Había un profesor nuevo de lengua y literatura, Vincent, dijo que se llamaba. Era joven, no llegaría a los treinta años, y tenía un aspecto misterioso y cabizbajo. En seguida llamó la atención de Iris, que me dio varios codazos durante la clase. Gracias al cielo, no vi ni rastro del tal Roberto en toda la mañana.
Cuando llegó el final de las clases, me dirigí hacia mi moto, no sin antes despedirme de Iris, y quedar para tomar algo por la tarde. Agradecí de nuevo el contacto del aire en mi cara, que me atrapaba y hacía que me librara de todo lo que me rodeaba. Me gustaba afrontar las cosas, y me consideraba valiente, pero me gustaba pensar que en la moto podría escapar de cualquiera e ir a donde quisiera.
Llegué a la curva que daba acceso a mi calle, cuando de pronto, una moto me adelantó por el interior, haciendo que me tambaleara de forma inestable. Totalmente indignada, apreté el acelerador para ponerme al lado del motorista temerario y poder gritarle a gusto. Pero antes de que tuviera que alcanzarlo paró su moto y se apeó de la misma. Había aparcado justo en la puerta de al lado de mi casa. Me acerqué un poco a él, ya que no solía desistir fácilmente. Quería darle su merecido. Cuando se volvió y pude ver su rostro, casi me desmayo. La cara de Roberto apareció de debajo del casco, y me sonrió saludando con una mano. La furia empezó a hervir en mis venas.
Angela
Me baje de mi moto, dispuesta a abofetearlo por su loca maniobra de antes. Poco a poco iba recordando los sucesos del día, mi enojo creció más aun cuando recordé sus comentarios en cuanto a mi anatomía.
- ¿Qué haces aquí? –pregunte molesta. Escupiendo un veneno que se enredaba con mis palabras.
- Vivo aquí dulzura. ¿Y tú que? ¿Me venias siguiendo?
- JA…!! –dije en tono sarcástico. –sobretodo.
Me di la vuelta, me puse el caso nuevamente y me subí a mi moto agarrando con tanta fuerza el manillar que me dolían los dedos, decidí irme, alejarme de mi casa, de la cuadra, de la ciudad si fuera posible. Cuando comencé a andar, Roberto se planto frente a mí.
- Vamos… no seas así. Que mal humor tienes. No combina con… -miro mis pechos nuevamente. –no, en definitiva no combina contigo.
- Puff. –buje molesta y pise el acelerador.
- Hey... vamos... Vuelve. –escuche que decía a lo lejos.
Hice caso omiso a su pedido. Necesitaba enfriarme, una ola de calor me tenía atrapada. Conduje hasta una gasolinera para recargar el tanque de la moto y poder seguir mi camino. Aproveche la parada para ir al baño y además comprar un par de sodas y unas papas antes de irme. Me bebí una rápido, y guarde lo demás en mi bolso, lo necesitaría para el camino; el calor que recorría mi cuerpo disminuyo un poco.
Avance por la larga Avenida, el aire azotaba mi cara mientras me refrescaba. El malestar había desaparecido, de seguro tenia más que ver con la lejanía.
Llegue al borde de la playa, era hermosa, el agua estaba clara y los rayos del sol la hacían brillar, invitándote a entrar y sumergirte en ella. Me alegro la soledad del lugar, solo se hallaban a lo lejos un par de niños del lugar, su piel bronceada se veía hermosa, jugaban entre ellos aventándose arena y riendo escandalosamente.
Conduje por la arena rápidamente para que no se estancara la moto.
Me detuve a varios metros de unas rocas, deje sobre esta mi mochila, solté la coleta que sujetaba mi pelo casi rojizo, el aire paso suave entre mis cabellos. Cerré los ojos mientras aspiraba el aire, tan puro que penetraba mis pulmones refrescando cada escondrijo de mi cuerpo. Me sentía en un mundo diferente, la risa juguetona de los niños, el sonido del mar chocando contra las rocas, el agua casi rugía con ganas de hablar y saltar más alto.
El olor a salitre, una mezcla de arena mojada, sal y pescado, pero no a pescado como cuando lo tienes en la nevera, sino mucho mejor.
Saque las papas y la soda de mi bolso, camine hasta la orilla y me senté, aunque había un sol abrasador, notaba una brisa fresca que me hacia sentir tranquil; suave como si flotara entre las manos de un ángel. Respire a todo pulmón cuando un sonido me distrajo.
Mi teléfono repicaba, trayéndome de vuelta a la realidad. Lo cogí apresurada y conteste.
- Alo?
- Hey Caroline. ¿Donde andas? –era Iris.
- Salí un rato. ¿Por?
- Recuerdas que habíamos quedado en tomar algo esta tarde. ¿Eh? Te estoy esperando.
- Ups, cierto. Lo olvide. Discúlpame, no cree que llegue a tiempo –claramente no llegaría, estaba a horas y kilómetros de distancia.
- ¿Donde andas?
- Fui a dar una vuelta a la bahía.
- Esta cerca. Te da tiempo.
- No, me fui más lejos. Hasta Playa Rocosa.
- Me fueras dicho. Amo esa playa.
- Si disculpa es que no fue planificado.
- Bueno esta bien. Tranquila avísame cuando llegues. Me debes la de hoy.
- Bien, chao. Cuídate y no hagas locuras.
- Ok… tratare. Jajaja. Chao. –colgué mientras aspiraba profundamente el suave aire, mezclado con el olor a salitre, un olor diferente me distrajo.
- Te ves hermosa desde aquí. –abrí los ojos sorprendida. ¿Que rayos hacia Roberto aquí? Su perfume penetraba en el aire. Olía delicioso, vestía una playera gris y unos jeans con zapatos deportivos muy a la moda. Sus ojos verdes eran luminosos y me desconcentraron por un momento, se veían mas claros que esta mañana por el sol que le daba de frente. –valla con esta luz te ves despampanante. –sus ojos miraban mi cuerpo, pero esta vez no estaba detenidos en mis senos, si no en mi rostro, en el movimiento que tenia mi cabello provocado por la brisa.
- ¿Qué haces aquí?
junio 07, 2011
Cap. XII
Maldición... quizás... yo... debí decir que no.
— Bien, ¿dónde está el embrague? —le pregunte cauteloso para estar seguro de cuanto recordaba. De lo que medio le había explicado.
Ella señalo el embrague. Bien. Ahora el problema era su confianza, ella miraba de forma cautelosa la moto, los rugidos que esta provocaba la hacían moverse estrepitosamente. Bella agarraba el manillar con fuerza, tratando sin éxito de alcanzar el embrague.
—Jacob, esto no se queda de pie —se quejo. Temía caerse.
—Verás cómo va bien cuando esté en movimiento —le prometí calmándola—. Ahora, ¿dónde tienes los frenos?
—Detrás de mi pie derecho.
—Error. —le había explicado que atrás de su pie derecho estaba el freno, pero este era en casa de emergencia, si lo pisaba a una alta velocidad, saldría volando.
Le tome la mano derecha y doble sus dedos alrededor de la palanca de aceleración.
—Pero tú me dijiste... —comenzó a protestar.
—Éste es el freno que estás buscando. No uses ahora el freno de atrás, eso lo dejaremos para más tarde, cuando sepas lo que estás haciendo. —en este momento ella solo necesitaba aprender lo básico, poco a poco. Era muy pronto para usar el otro freno, con ese podría derrapar en curvas, pero también podría salir disparada.
—Eso no suena nada bien —replico ella—. ¿No son los dos frenos igual de importantes?
—Olvídate del freno de atrás, ¿vale? Aquí... —envolví mi mano entre la suya, e hice apretar el freno nuevamente—. Así es como se frena. No lo olvides —recalce presionando su mano una vez más.
—De acuerdo.
— ¿El acelerador?
Ella giro el manillar derecho. El acelerador. Mostrándome que si sabia.
— ¿La palanca de cambios?
Ella empujo con la pantorrilla izquierda la palanca.
—Muy bien. Creo que ya has pillado el manejo de todas las partes. Ahora sólo te queda arrancar la moto.
—Oh, oh —murmuro nerviosa.
Ella observaba el camino por donde iba a andar con la moto, estaba despejado. Si manejaba con equilibrio podría mantenerse dentro de los perímetros de la vía. Sin meterse en la maleza. Era un camino arenoso y un poco húmedo. Pero ella podría pasar fácilmente por ahí.
—Quiero que mantengas el embrague hacia abajo —le indique— Ahora, esto es crucial, Bella. —le dije con tono apremiante. Para asegurarme de que me escuchara y me entendiera bien. —No dejes que la moto se te vaya, ¿vale? Quiero que pienses que te he dado una granada explosiva. Le has quitado el seguro y estás sujetando el detonador. —era un buen ejemplo. Si lo soltaba la moto se apagaría y le caería encima.
— ¿Crees que podrás arrancar el pedal?
— Si muevo el pie, me caigo — me explico mientras apretaba con fuerza los dientes.
—Vale, yo te tengo. No sueltes el embrague. —insistí.
Me fui hasta la parte de atrás de la moto y golpee
con fuerza el pedal. La moto rugió debajo de Bella, se balanceo un poco de lado, pero agarre la moto antes de que ambas cayeran de lado.
—Mantén el equilibrio—insistí—. ¿Tienes bien sujeto el embrague?
—Sí.
—Planta bien el pie, voy a intentarlo otra vez.
Sujete bien con una mano el asiento de la moto e intente una vez más. Y otra y otra. Hasta que la moto reacciono.
—Aprieta el acelerador —le indique—, muy suavemente. Y sobre todo, no sueltes el embrague. —le recordé.
Giro el manillar y la moto respondió. Sonreí satisfecho.
— ¿Recuerdas cómo se pone en primera? —pregunte aun sonriendo.
—Sí.
—Bien, venga, vamos.
—Vale.
Bella no soltaba el pie. Seguía donde mismo.
—Suelta el pie —dije tozudo.
—Ya lo sé —dije, aspirando aire profundamente.
— ¿Estás segura de que quieres hacer esto? —le pregunte cuando su mirada me indico que estaba algo nerviosa—. Pareces asustada.
—Estoy bien.
—Muy bien —le alabe cuando cambio de velocidad—. Ahora, con mucha suavidad, suelta el embrague.
Me aparte un poco de la moto, para darle chance a para que arrancara.
— ¿Quieres que deje caer la granada?
—A ver qué tal la llevas, Bella. Procura ir poco a poco.
Bella comenzó a soltar el embrague, pero de pronto de quedo estática, como cegada por algo.
— ¡Oh! —soltó de pronto entre un jadeo.
Descuido el embrague y la moto se fue hacia adelante y luego se fue encima de Bella. Reaccione tarde, Bella ya estaba en el suelo con la moto sobre ella. Me apresure a retirar la moto, aun no entendía que la había desconcentrado.
— ¿Bella? ¿Estás herida? —especule temeroso.
Ella no me respondió, comencé a temer que si lo estuviera.
— ¿Bella? —sacudí ligeramente su hombro para hacerla sentir bien.
—Estoy bien —murmuro pasmada.
La ayude a ponerse de pie… ella estaba como ida.
— ¿Te has dado un golpe en la cabeza? —pregunte preocupado.
—No lo creo —movió la cabeza para asegurarse de que estaba bien—. ¿No habré estropeado la moto, verdad?
—No, sólo has calado el motor Soltaste el embrague demasiado deprisa. —le explique. Ella se limito a asentir. Entendiendo la falla.
—Probaré de nuevo.
— ¿Estás segura? —me daba algo de recelo que lo intentara de nuevo.
—Afirmativo. —ella estaba segura de que eso quería. Asentí mientras ella trataba de arrancar, salto un poco para poder alcanzar el pedal, estuve junto a ella maniobrando cada vez que la moto amenazaba con tumbarla al suelo.
La moto respondió con un gruñido al toque más ligero. Mi sonrisa era ancha y la de Bella se correspondía con la mía.
—Suelta despacio el embrague —le recordé nuevamente.
—Suéltalo lentamente.
—Lo haré. —afirmo segura.
Poco a poco comenzó a arrancar, se alejo un par de metros de mi lado, y luego fueron kilómetros. Ya estaba algo lejos. Se mantenía firme, y se notaba que estaba bien agarrada.
Y woo se veía muy bien sobre esa moto. No me había fijado hasta ese momento. Por alguna razón Bella no daba vuelta a la moto, si no que se mantenía a la misma velocidad. Llego la curva y ella se mantenia igual.
¿Bella, que haces?, grite en mi mente.
La moto se sacudió hacia los lados, se fue directo hacia un muro verde, rece por que cambiara de dirección o utilizara el freno de que estaba en el tablero para detenerse. Pero no todo su peso impulso la moto hacia el suelo, cayendo de lado. Se deslizo por la arena húmeda.
Hasta quedar en la zona llena de musgo. Veía todo esto mientras arrancaba la moto.
Pise el acelerador y avance a gran velocidad, frene cerca de ella, y de un salto baje de la moto dejando tirada en el suelo.
— ¡Bella! —grite mientras me acercaba a ella.
La motocicleta la aplastaba completamente. Mi corazón saltaba asustado, seguramente era mi culpa. Si, en definitiva lo era. estaba junto a ella pero mi corazón se sentía tan lejos del suyo, temeroso de que Bella estuviera muy herida. Trague saliva asustado.
— Bien, ¿dónde está el embrague? —le pregunte cauteloso para estar seguro de cuanto recordaba. De lo que medio le había explicado.
Ella señalo el embrague. Bien. Ahora el problema era su confianza, ella miraba de forma cautelosa la moto, los rugidos que esta provocaba la hacían moverse estrepitosamente. Bella agarraba el manillar con fuerza, tratando sin éxito de alcanzar el embrague.
—Jacob, esto no se queda de pie —se quejo. Temía caerse.
—Verás cómo va bien cuando esté en movimiento —le prometí calmándola—. Ahora, ¿dónde tienes los frenos?
—Detrás de mi pie derecho.
—Error. —le había explicado que atrás de su pie derecho estaba el freno, pero este era en casa de emergencia, si lo pisaba a una alta velocidad, saldría volando.
Le tome la mano derecha y doble sus dedos alrededor de la palanca de aceleración.
—Pero tú me dijiste... —comenzó a protestar.
—Éste es el freno que estás buscando. No uses ahora el freno de atrás, eso lo dejaremos para más tarde, cuando sepas lo que estás haciendo. —en este momento ella solo necesitaba aprender lo básico, poco a poco. Era muy pronto para usar el otro freno, con ese podría derrapar en curvas, pero también podría salir disparada.
—Eso no suena nada bien —replico ella—. ¿No son los dos frenos igual de importantes?
—Olvídate del freno de atrás, ¿vale? Aquí... —envolví mi mano entre la suya, e hice apretar el freno nuevamente—. Así es como se frena. No lo olvides —recalce presionando su mano una vez más.
—De acuerdo.
— ¿El acelerador?
Ella giro el manillar derecho. El acelerador. Mostrándome que si sabia.
— ¿La palanca de cambios?
Ella empujo con la pantorrilla izquierda la palanca.
—Muy bien. Creo que ya has pillado el manejo de todas las partes. Ahora sólo te queda arrancar la moto.
—Oh, oh —murmuro nerviosa.
Ella observaba el camino por donde iba a andar con la moto, estaba despejado. Si manejaba con equilibrio podría mantenerse dentro de los perímetros de la vía. Sin meterse en la maleza. Era un camino arenoso y un poco húmedo. Pero ella podría pasar fácilmente por ahí.
—Quiero que mantengas el embrague hacia abajo —le indique— Ahora, esto es crucial, Bella. —le dije con tono apremiante. Para asegurarme de que me escuchara y me entendiera bien. —No dejes que la moto se te vaya, ¿vale? Quiero que pienses que te he dado una granada explosiva. Le has quitado el seguro y estás sujetando el detonador. —era un buen ejemplo. Si lo soltaba la moto se apagaría y le caería encima.
— ¿Crees que podrás arrancar el pedal?
— Si muevo el pie, me caigo — me explico mientras apretaba con fuerza los dientes.
—Vale, yo te tengo. No sueltes el embrague. —insistí.
Me fui hasta la parte de atrás de la moto y golpee
con fuerza el pedal. La moto rugió debajo de Bella, se balanceo un poco de lado, pero agarre la moto antes de que ambas cayeran de lado.
—Mantén el equilibrio—insistí—. ¿Tienes bien sujeto el embrague?
—Sí.
—Planta bien el pie, voy a intentarlo otra vez.
Sujete bien con una mano el asiento de la moto e intente una vez más. Y otra y otra. Hasta que la moto reacciono.
—Aprieta el acelerador —le indique—, muy suavemente. Y sobre todo, no sueltes el embrague. —le recordé.
Giro el manillar y la moto respondió. Sonreí satisfecho.
— ¿Recuerdas cómo se pone en primera? —pregunte aun sonriendo.
—Sí.
—Bien, venga, vamos.
—Vale.
Bella no soltaba el pie. Seguía donde mismo.
—Suelta el pie —dije tozudo.
—Ya lo sé —dije, aspirando aire profundamente.
— ¿Estás segura de que quieres hacer esto? —le pregunte cuando su mirada me indico que estaba algo nerviosa—. Pareces asustada.
—Estoy bien.
—Muy bien —le alabe cuando cambio de velocidad—. Ahora, con mucha suavidad, suelta el embrague.
Me aparte un poco de la moto, para darle chance a para que arrancara.
— ¿Quieres que deje caer la granada?
—A ver qué tal la llevas, Bella. Procura ir poco a poco.
Bella comenzó a soltar el embrague, pero de pronto de quedo estática, como cegada por algo.
— ¡Oh! —soltó de pronto entre un jadeo.
Descuido el embrague y la moto se fue hacia adelante y luego se fue encima de Bella. Reaccione tarde, Bella ya estaba en el suelo con la moto sobre ella. Me apresure a retirar la moto, aun no entendía que la había desconcentrado.
— ¿Bella? ¿Estás herida? —especule temeroso.
Ella no me respondió, comencé a temer que si lo estuviera.
— ¿Bella? —sacudí ligeramente su hombro para hacerla sentir bien.
—Estoy bien —murmuro pasmada.
La ayude a ponerse de pie… ella estaba como ida.
— ¿Te has dado un golpe en la cabeza? —pregunte preocupado.
—No lo creo —movió la cabeza para asegurarse de que estaba bien—. ¿No habré estropeado la moto, verdad?
—No, sólo has calado el motor Soltaste el embrague demasiado deprisa. —le explique. Ella se limito a asentir. Entendiendo la falla.
—Probaré de nuevo.
— ¿Estás segura? —me daba algo de recelo que lo intentara de nuevo.
—Afirmativo. —ella estaba segura de que eso quería. Asentí mientras ella trataba de arrancar, salto un poco para poder alcanzar el pedal, estuve junto a ella maniobrando cada vez que la moto amenazaba con tumbarla al suelo.
La moto respondió con un gruñido al toque más ligero. Mi sonrisa era ancha y la de Bella se correspondía con la mía.
—Suelta despacio el embrague —le recordé nuevamente.
—Suéltalo lentamente.
—Lo haré. —afirmo segura.
Poco a poco comenzó a arrancar, se alejo un par de metros de mi lado, y luego fueron kilómetros. Ya estaba algo lejos. Se mantenía firme, y se notaba que estaba bien agarrada.
Y woo se veía muy bien sobre esa moto. No me había fijado hasta ese momento. Por alguna razón Bella no daba vuelta a la moto, si no que se mantenía a la misma velocidad. Llego la curva y ella se mantenia igual.
¿Bella, que haces?, grite en mi mente.
La moto se sacudió hacia los lados, se fue directo hacia un muro verde, rece por que cambiara de dirección o utilizara el freno de que estaba en el tablero para detenerse. Pero no todo su peso impulso la moto hacia el suelo, cayendo de lado. Se deslizo por la arena húmeda.
Hasta quedar en la zona llena de musgo. Veía todo esto mientras arrancaba la moto.
Pise el acelerador y avance a gran velocidad, frene cerca de ella, y de un salto baje de la moto dejando tirada en el suelo.
— ¡Bella! —grite mientras me acercaba a ella.
La motocicleta la aplastaba completamente. Mi corazón saltaba asustado, seguramente era mi culpa. Si, en definitiva lo era. estaba junto a ella pero mi corazón se sentía tan lejos del suyo, temeroso de que Bella estuviera muy herida. Trague saliva asustado.
junio 02, 2011
Cap. XI
Algo que nunca me atreví a imaginar
Le conté a Bella que esa semana, Embry se había parecido como si nada, con Sam y los demás. Y además hoy lo habíamos visto en los acantilados con ellos.
Mientras le hablaba veía hacia otro lado cohibido por el dolor que sentía. Respire hondo y subí la cara hasta que nuestras miradas se encontraron. Solo veía en ellos comprensión.
—Bella, ellos le han estado rondado todo el tiempo, incluso más que a mí. Embry no quería tener nada que ver con ellos y ahora, de repente, sigue a Sam como si se hubiera unido a una secta.
Y así es como ocurrió con Paul. Exactamente igual. No era amigo de Sam en absoluto. Después, dejó de venir a la escuela un par de semanas y, cuando volvió, súbitamente pertenecía a Sam. No sé lo que esto significa. No tengo la menor idea y siento que debería hacer algo, ya que Embry es mi amigo y Sam pone cara de burla cuando me mira y... —me asusta. Odio cuando me mira de esa forma, como esperando a que me una a ellos. Y feliz de haber apartado a Embry de sus mejores amigos.
— ¿Has hablado de esto con Billy? —JA… sobretodo papá. Cuando hable con el, le pareció de lo más normal.
— Más adelante, quizás lo entiendas. Sam sabe bien lo que hace, al igual que Embry, dentro de unos años quizás tú también lo sepas. Y los comprendas.
Esas palabras me molestaron demasiado, que acaso cuando cumpliera la mayoría de edad entendería porque alguien se cree en el derecho de llevarse a u mejor amigo. Me enervo la sangre, solo necesitaba una ayuda como esa, para sentirme mejor.
—Sí —bufe molesto—, y sirvió de gran ayuda.
— ¿Qué te dijo?
Con gesto sarcástico trate de imitar la gruesa voz de mi padre cuando hablo conmigo.
—No es nada de lo que tengas que preocuparte ahora, Jacob. Dentro de unos años, si tú no... Bueno, te lo explicaré más adelante —bah, puras palabras. Volví a hablar con mi voz. —. ¿Qué se supone que tengo que entender de esa explicación? ¿Está intentando decirme que es alguna estúpida cosa relativa a la pubertad o algún rito de paso a la edad adulta? Parece algo más. Algo chungo.
Me mordí el labio inferior, para tragarme la bilis que me subía por la garganta, y las ganas de gritar y agarrar a trompadas a Sam. Por alguna razón sentía los sentimientos mucho más fuertes que antes. Me lastimaba haber perdido a un gran amigo.
De pronto Bella me abrazo, envolviendo mi cintura con sus brazos, apoyo su rostro en mi pecho. Me quede quieto tal cual como estaba. No estaba seguro como reaccionar, pero si sabia lo bien que se estaba así. Bella era cálida, se sentía suave en torno a mi, un olor a fresas me invadió, provenía de ella obviamente. El olor me lleno llenándome por completo.
— ¡Oh, Jake, todo va a ir bien! —me prometió, trate de volver en mi. Pero que difícil me resultaba cuando la tenía así junto a mi—. Si las cosas se ponen peor, puedes venirte a vivir conmigo y con Charlie. ¡No tengas miedo, ya pensaremos en algo!
Por un momento olvide de que estábamos hablando. Tentando más mi suerte, alargando esa liga de oportunidades que me estaba dando de forma inusual la vida. Pase mis brazos de forma temerosa y pausada alrededor. Envolviéndola junto a mí. Con unos deseos inexplicables de mantenerla así conmigo para siempre.
—Gracias, Bella —dije tratando de sonar sereno. Por lo que mi voz sonó un poco más gruesa de lo habitual. No quería que por mis labios se descubriera, lo que mi mente y mi corazón ocultaban.
El tiempo que nos mantuvimos así me supo a gloria. Nunca había mantenido tal cercanía con nadie. El corazón amenazaba con latirme más fuerte. Pero aun así no me resultaba nada incomodo, nunca había estado así con nadie. Pero con Bella era tocar el cielo… junto a ella. Me sentía más que dichoso. Tener a Bella entre mis brazos era algo que no había aspirado hasta que la tuve rodeada con ellos.
— Si es así como vas a reaccionar siempre, creo que se me va a ir la olla más a menudo —le dijo sonriente. Sin permiso alguno mi mano se fue hasta su cabello, sin poder evitarlo. Pase los dedos atreves de su suave cabello, el olor a fresas me llenaba por completo.
Bella se retiro de mí, con una risita nerviosa. Ups…
— Es difícil de creer que soy dos años mayor que tú —dijo ella haciendo énfasis en la palabra «mayor», como si eso lo hiciera más creíble. —. Me haces sentir como una enana —dijo mientras notaba a que se refería. Ella mantenía el cuello alargado hacia mí. En definitiva había crecido unos cuantos metros más.
— Se te ha olvidado que ando ya por los cuarenta, claro. —recalce recordando las habilidades que me hacían mayor que ella.
—Oh, claro.
Le di unos suaves golpecitos en la cabeza recalcando a lo que me refería.
—Eres como una muñequita —dije bromeando—. Una muñeca de porcelana. —aunque en realidad lo parecía. Se veía tan diminuta y frágil junto a mí.
—Espero que no me salgan grietas blancas. —dijo bromeando luego de dar un paso atrás.
—En serio, Bella, ¿estás segura de que no las tienes? —junte mi brazo de color cobrizo al suyo. Se veía tan pálida a diferencia de mí. Casi transparente. Recordé de prono que ella no era tan pálida. O bueno no cuando estaba con alguien más— No he visto a nadie más pálido que tú... Bueno, a excepción de... —me mordí la lengua cuando vi un rayo fugaz de dolor en su rostro. Miro hacia otro lado tratando de ocultarlo. Pero aun le dolía. —. Pero bueno, ¿vamos a montar en las motos, o qué? —dije para tratar de cambiar el tema.
—Vamos allá — el entusiasmo con que lo dijo me demostró que lo había logrado. Al menos en una pequeña proporción.
Bella aun le recordaba, aun le quería aunque eso me provocara nauseas. —Por una razón que no entendía—. A ella aun… le dolía su partida.
Le conté a Bella que esa semana, Embry se había parecido como si nada, con Sam y los demás. Y además hoy lo habíamos visto en los acantilados con ellos.
Mientras le hablaba veía hacia otro lado cohibido por el dolor que sentía. Respire hondo y subí la cara hasta que nuestras miradas se encontraron. Solo veía en ellos comprensión.
—Bella, ellos le han estado rondado todo el tiempo, incluso más que a mí. Embry no quería tener nada que ver con ellos y ahora, de repente, sigue a Sam como si se hubiera unido a una secta.
Y así es como ocurrió con Paul. Exactamente igual. No era amigo de Sam en absoluto. Después, dejó de venir a la escuela un par de semanas y, cuando volvió, súbitamente pertenecía a Sam. No sé lo que esto significa. No tengo la menor idea y siento que debería hacer algo, ya que Embry es mi amigo y Sam pone cara de burla cuando me mira y... —me asusta. Odio cuando me mira de esa forma, como esperando a que me una a ellos. Y feliz de haber apartado a Embry de sus mejores amigos.
— ¿Has hablado de esto con Billy? —JA… sobretodo papá. Cuando hable con el, le pareció de lo más normal.
— Más adelante, quizás lo entiendas. Sam sabe bien lo que hace, al igual que Embry, dentro de unos años quizás tú también lo sepas. Y los comprendas.
Esas palabras me molestaron demasiado, que acaso cuando cumpliera la mayoría de edad entendería porque alguien se cree en el derecho de llevarse a u mejor amigo. Me enervo la sangre, solo necesitaba una ayuda como esa, para sentirme mejor.
—Sí —bufe molesto—, y sirvió de gran ayuda.
— ¿Qué te dijo?
Con gesto sarcástico trate de imitar la gruesa voz de mi padre cuando hablo conmigo.
—No es nada de lo que tengas que preocuparte ahora, Jacob. Dentro de unos años, si tú no... Bueno, te lo explicaré más adelante —bah, puras palabras. Volví a hablar con mi voz. —. ¿Qué se supone que tengo que entender de esa explicación? ¿Está intentando decirme que es alguna estúpida cosa relativa a la pubertad o algún rito de paso a la edad adulta? Parece algo más. Algo chungo.
Me mordí el labio inferior, para tragarme la bilis que me subía por la garganta, y las ganas de gritar y agarrar a trompadas a Sam. Por alguna razón sentía los sentimientos mucho más fuertes que antes. Me lastimaba haber perdido a un gran amigo.
De pronto Bella me abrazo, envolviendo mi cintura con sus brazos, apoyo su rostro en mi pecho. Me quede quieto tal cual como estaba. No estaba seguro como reaccionar, pero si sabia lo bien que se estaba así. Bella era cálida, se sentía suave en torno a mi, un olor a fresas me invadió, provenía de ella obviamente. El olor me lleno llenándome por completo.
— ¡Oh, Jake, todo va a ir bien! —me prometió, trate de volver en mi. Pero que difícil me resultaba cuando la tenía así junto a mi—. Si las cosas se ponen peor, puedes venirte a vivir conmigo y con Charlie. ¡No tengas miedo, ya pensaremos en algo!
Por un momento olvide de que estábamos hablando. Tentando más mi suerte, alargando esa liga de oportunidades que me estaba dando de forma inusual la vida. Pase mis brazos de forma temerosa y pausada alrededor. Envolviéndola junto a mí. Con unos deseos inexplicables de mantenerla así conmigo para siempre.
—Gracias, Bella —dije tratando de sonar sereno. Por lo que mi voz sonó un poco más gruesa de lo habitual. No quería que por mis labios se descubriera, lo que mi mente y mi corazón ocultaban.
El tiempo que nos mantuvimos así me supo a gloria. Nunca había mantenido tal cercanía con nadie. El corazón amenazaba con latirme más fuerte. Pero aun así no me resultaba nada incomodo, nunca había estado así con nadie. Pero con Bella era tocar el cielo… junto a ella. Me sentía más que dichoso. Tener a Bella entre mis brazos era algo que no había aspirado hasta que la tuve rodeada con ellos.
— Si es así como vas a reaccionar siempre, creo que se me va a ir la olla más a menudo —le dijo sonriente. Sin permiso alguno mi mano se fue hasta su cabello, sin poder evitarlo. Pase los dedos atreves de su suave cabello, el olor a fresas me llenaba por completo.
Bella se retiro de mí, con una risita nerviosa. Ups…
— Es difícil de creer que soy dos años mayor que tú —dijo ella haciendo énfasis en la palabra «mayor», como si eso lo hiciera más creíble. —. Me haces sentir como una enana —dijo mientras notaba a que se refería. Ella mantenía el cuello alargado hacia mí. En definitiva había crecido unos cuantos metros más.
— Se te ha olvidado que ando ya por los cuarenta, claro. —recalce recordando las habilidades que me hacían mayor que ella.
—Oh, claro.
Le di unos suaves golpecitos en la cabeza recalcando a lo que me refería.
—Eres como una muñequita —dije bromeando—. Una muñeca de porcelana. —aunque en realidad lo parecía. Se veía tan diminuta y frágil junto a mí.
—Espero que no me salgan grietas blancas. —dijo bromeando luego de dar un paso atrás.
—En serio, Bella, ¿estás segura de que no las tienes? —junte mi brazo de color cobrizo al suyo. Se veía tan pálida a diferencia de mí. Casi transparente. Recordé de prono que ella no era tan pálida. O bueno no cuando estaba con alguien más— No he visto a nadie más pálido que tú... Bueno, a excepción de... —me mordí la lengua cuando vi un rayo fugaz de dolor en su rostro. Miro hacia otro lado tratando de ocultarlo. Pero aun le dolía. —. Pero bueno, ¿vamos a montar en las motos, o qué? —dije para tratar de cambiar el tema.
—Vamos allá — el entusiasmo con que lo dijo me demostró que lo había logrado. Al menos en una pequeña proporción.
Bella aun le recordaba, aun le quería aunque eso me provocara nauseas. —Por una razón que no entendía—. A ella aun… le dolía su partida.
Breaking Dawn. Part1 Exclusive MTV Movie Awards.
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