Los personajes referidos a la saga Crepúsculo que son usados en este blog son propiedad de Stephenie Meyer.

junio 27, 2011

Cap. XV

Alguien ha dejado la música atrás

Tomamos el camino por el sendero, Bella caminaba algo lento, bueno en realidad caminaba increíblemente lento. Supuse que no se le daban mucho las excursiones así que hice todo lo posible para no quejarme y andar a su paso.

Necesitaba hacer algo más, o terminaría jalando a Bella de una mano para caminar más rápido. Comencé a silbar para distraerme, me colaba entre la espesa vegetación pendiente de no perder el camino trazado; de pronto el ritmo de mi silbido tomo el rumbo de una canción del grupo The Magic Numbers… el titulo era… All I Believe In.

Me gustaba mucho esa canción. Pensé que Bella la conocería, pero ella continuaba caminando, tranquila. No pregunto por la canción, ni nada. Como si el sonido de la música no fuera de su agrado.

Muchas cosas habían cambiado en Bella. Seguramente sus “amigos” del instituto no lo han notado. Pero para mi era algo obvio.

Unas ganas de abrazarla me recorrían el cuerpo. Metí las manos en los pantalones para contenerme, cuando conseguir la brújula en mi bolsillo. Aproveche de sacarla de ahí para revisar las coordenadas. Y además dejar mis pensamientos atrás.

—Esto..., ¿Jake? —tartamudeo Bella.
— ¿Sí? —pregunte algo aturdido por el tiempo que teníamos sin cruzar palabra.
— ¿Qué tal van las cosas con Embry? ¿Ha vuelto ya a la normalidad?
No esperaba eso. La mente se me descontrolo. Tenia días sin poder hablar con Embry, Quil estuvo hablando conmigo en estos días; y fuimos juntos a casa de Embry pero no conseguimos más que un no por respuesta. Su mamá decía que no estaba, que no sabia donde andaba. Otro día decía que había salido temprano sin decir a donde iba. Que en la noche llego tarde y solo estuvo unos minutos por que al rato volvió a salir.

No habíamos logrado nada. Y eso solo conseguía ponerme peor. No me di cuenta que Bella esperaba en silencio a que le respondiera. Había caminado unos cuantos metros por delante de ella, así que me detuve hasta que me alcanzo.

— No, no ha vuelto a la normalidad —susurre triste. Me quede plantado donde estaba. Me sentía vacio, una necesidad inexplicable me llamaba hacia mi viejo amigo Embry. Seguramente por tantos años de amistad. Pero cada vez que trataba de acercarme a el. No conseguía nada. Solo logre frustrarme y decidí no ir más a su casa a buscarle. Solo conseguía deprimirme, y fastidiar a Quil para que me acompañara hasta la casa de Embry. —Todavía sigue con Sam —aclare.

—Vaya.

Sin pensarlo en absoluto, pase mi brazo sobre los hombros de Bella. Ella no me sacudió de encima. Asi que permanecí allí. Eso me reconfortaba.

— ¿Aún te siguen mirando con cara de burla? —pregunto en voz baja.
Observe los arboles que estaban frente a nosotros. Recordando como Sam me observaba cuando andaba con Paul y los otros.
—Algunas veces.
— ¿Y Billy?
—Tan útil como siempre —respondí enfadado.
— Nuestra casa está siempre abierta —y nada me haría más feliz. Pero con Charlie en casa umm, umm, no creo que nos valla muy bien.
Me reí con verdaderas ganas imaginándome la situación tan enredada.

—Pero piensa en la mala situación en la que pondríamos a Charlie... cuando Billy llamara a la policía para denunciar mi secuestro.

Bella entendió mi punto, y se unió a mis risas.

Le avise que se detuviera, habíamos andado nueve kilómetros y cortamos hacia el oeste durante un rato, luego volvimos a tomar las líneas de las coordenadas que había planeado. El aspecto de Bella dejaba en claro que estaba perdiendo las esperanzas.

—Siempre que estés segura de que salimos del lugar correcto... —dije mientras la miraba.
—Sí, estoy segura. —afirmo.
—Entonces lo encontraremos —le prometí. La tome de la mano y nos adentramos en el matorral, entre varios helechos. A unos pasos se encontraba el auto de Bella. Orgullosamente me señale a mi mismo—. Confía en mí. —me burle.
—Eres bueno —me elogio Bella—, aunque la próxima vez traeremos linternas.
—Reservaremos los domingos para hacer excursiones, de aquí en adelante. No sabía que fueras tan lenta.

Ups. No aguante mucho en decirlo.

Bella tiro de su bolso, y lo lanzo en el asiento del conductor. Estalle en risas por su reacción de niña malcriada.

— ¿Así que estás dispuesta a intentarlo de nuevo mañana? —pregunte deseoso mientras me entraba a la camioneta por el lado del copiloto.

—Seguro. A no ser que prefieras ir solo para que no te ralentice mi cojera.

—Sobreviviré —afirme en tono dramático—. Aunque si quieres seguir haciendo excursiones, mejor te traes unas cuantas curitas. Te apuesto algo a que te acabas de dar cuenta de que llevas puestas esas botas nuevas. —seguramente tenia los pies aporreados de tantas ampollas.

—Un poco —afirmo ella.

—Ojalá que veamos al oso mañana. Estoy un poco decepcionado por no haberlo divisado. —bromee. En realidad no tenía muchas ganas de ver al famoso oso. Papa insistía en que eran algo más. Que yo me enteraría pronto de su identidad.

—Sí, yo también —dijo ella de forma sarcástica—. ¡Quizá tengamos suerte mañana y algo nos coma vivos!

—Los osos no se comen a la gente. No les sabemos tan bien —dije sonriente mientras avanzábamos por la carretera—. Claro, aunque tal vez tú seas la excepción. Me apuesto lo que quieras a que sabes estupendamente.

—Muchas gracias —agradeció ella con la vista perdida... Por alguna razón el tema la desconcentro.

junio 21, 2011

Cap. XIV

Excursión

—Te has dado un buen golpe en la cabeza, ¿a que sí? —la única forma en que ella dijera eso, seria luego de haberse dado un buen golpe en la cabeza.

—Lo digo en serio.

—Vale, pues entonces gracias. O lo que sea. —no debía darle tanta importancia a unas palabras que solo eran producto del golpe. Pero la sonrisa de Bella no ayudaba mucho.

—Pues de nada. O lo que sea.

Llegamos al hospital y la ayude a bajar, mientras íbamos por el pasillo, temía encontrarme al Doctor Cullen, caminando por ahí. Pero no todo estaba tranquilo, normal, sin ningún rastro de él.

Nos fuimos hasta emergencia, el Doctor Snow vino para atender a Bella pero cuando le pregunto cómo se había hecho la herida, Bella respondió casi entre tartamudeos, diciendo una mentira tan poco creíble que no sé como el doctor se la trago.

— Estábamos… en el garaje de, de su casa. Y bueno tropecé y me golpee… eso fue todo.

El doctor se lo creyó completamente, se fue a buscar algo en una mesita mientras le indico a Bella que se relajara. Trajo una enorme aguja con un líquido transparente adentro. Era anestesia, lo supe cuando empezó a coser a Bella y ella no se inmutaba ante el dolor. Mantuve su mano entre las mías todo el tiempo.

Le dieron siete puntos, Bella permanecía tranquila, y yo aun estaba junto a ella, tomándola de la mano. Más nervioso que un padre primerizo, para cuando terminaron con ella, nos fuimos del hospital, ella insistió en manejar, me dejo en mi casa con la excusa de que debía llegar a su casa a cocinarle a Charlie para que todo pareciera normal.

— Es más fácil que crea mi mentira si me ve caminando tranquilamente en la casa, y haciendo mis quehaceres de siempre como si nada.

Con esas palabras no pude refutar, la deje partir, mientras veía el polvo que se elevaba tras su ida.

Entre a casa y papá estaba… Umm se podría decir que esperándome.

— ¿Qué haces despierto tan tarde?

— Esperándote. ¿Qué paso que llegaste tan tarde?

Lo medite unos momentos. En cualquier instante Charlie llamaría o papá lo llamaría a él. Y se pondrían a chismear como siempre.

— Es que tuve que acompañar a Bella al hospital.

— ¿Y eso? ¿Qué sucedió?

— No fue nada. Cuando estábamos en el garaje Bella tropezó. Y cuando se cayó se hirió la frente. Sabes que ella tiene dos pies izquierdos. Puff.

— Jajaja si es cierto Jake. Bueno tengan más cuidado la próxima vez.

— Si tranquilo. Voy a dormir. Hasta mañana.

— Bien, que descanses.

El miércoles siguiente, estábamos en andando en motos nuevamente. Bella había insistido en que quería intentarlo una vez más… y otra y otra. Por alguna razón no le importaba cuantas veces se cayera ni cuantas heridas sangraran… luego se las coserían y todo seguiría como siempre.

Cada vez que ella caía, yo corría hasta llegar a su lado, levantaba la moto y la ayudaba a levantar. La revisaba por si tenía alguna herida, respire tranquilo cuando veía que no. A la quinta oportunidad Bella tropezó contra un árbol, cuando llegue a su lado estaba algo aturdida, sangraba un poco… pero tenía un sonrisa de oreja a oreja que era inentendible. Seque su herida y la acompañe al hospital. Esta vez Bella me sorprendió trayendo consigo ropa para cambiarse, suponiendo que se mancharía de sangre la que llevaba puesta.

Esta vez la atendió el Doctor Gerandy. Creo que le dieron un par de puntos pero la conmoción del golpe le preocupo al doctor. Tanto como papa telefonear a Charlie y decirle que debía estar pendiente durante la madrugada de despertar a Bella cada dos horas para verificar que todo andará bien. Por lo que me había contado Bella el viernes cuando me fue a buscar a la escuela, Charlie se había puesto un poco nervioso por eso. Ella trato de calmarlo diciéndole que eso no había sucedido en mi garaje, si no que fue durante una excursión. Valla, sobre todo excursión con lo que a ella le gustan esas salidas.

—Charlie se está mosqueando —se había quejado.
—Quizás deberíamos tomarnos con más calma lo de las motos —ofrecí. Aunque no me agradaba la idea de separarme de Bella. Ella arrugo el entrecejo en un claro desacuerdo a mi sugerencia—: Al menos durante una semana, aproximadamente. Así podrías estar siete días fuera del hospital, ¿no? —quería estar con Bella tanto tiempo como me fuera posible. Pero me preocupaba las heridas que se hacía y las visitas seguidos al médico.
— ¿Y qué vamos a hacer entonces? —pregunto con tono molesto. Pero yo no pude más que sonreír. No importaba que actividad hiciéramos… Bella igual quería pasar su día conmigo.
—Pues lo que quieras.
Bella lo pensó durante… valla no se cuanto tiempo tenía ya en silencio.
Meditando y sopesando cada opción que rondaba por su cabeza.
Avanzábamos en la carretera, ella manejaba en silencio. Su cuerpo estaba junto a mí, inmóvil, solo siguiendo los requerimientos de la carretera. Pero su mente viajaba muy, pero muy lejos de nosotros.
— ¿Qué es lo que estás pensando con tanta concentración? —pregunte impaciente.
—Bueno... —comenzó suspicazmente—. En una ocasión encontré un lugar en el bosque... Me topé con él cuando iba... de excursión. —dijo dudosa. — Es un pequeño prado, el sitio más bonito que he visto. No sé si podría rastrearlo yo sola. Seguramente me llevaría varias intentonas...
— Podemos usar una brújula y un mapa de coordenadas —ofrecí confiado. Podría encontrar casi cualquier lugar del estado—. ¿Recuerdas cuál era el punto de partida?
—Sí, en la cabecera misma del sendero donde termina la 101. Creo que iba principalmente en dirección sur.

—Guay. Lo encontraremos.

No me importaba que quisiera hacer Bella. Así su petición me llevara al fin del mundo. Lo haría por ella.

Pasamos la tarde hablando sobre cosas sin sentido, nos pusimos a ver nubes, conversar y burlarnos de los muchachos de la Push que seguían fanfarroneando en los acantilados.

El día siguiente era sábado. Nuestro día para ir de excursión. Me puse unos zapatos de buena suela, nos porque sintiera algo de frio, si no porque la caminata o la subida de rocas requería de unos zapatos resistentes.

Cuando Bella llego a mi casa, traía puestas unas súper botas de montaña, venía bien abrigada a diferencia de mí, que iba solo con una camiseta, no sentía el más mínimo frio en el aire.

Yo estaba espatarrado en el suelo del salón, trazando una red sobre la sección sobre el mapa de Olympic donde Bella me había dicho. Mientras yo pasaba líneas de un lado a otra. Y buscaba mi brújula para sacar los cálculos; Bella se sentó en una silla junto a mi papá Billy, yo le había contado a dónde íbamos, aunque él no estaba muy interesado en nuestra excursión. No le molestaba en absoluto el tema de los supuestos osos que andaban rondando por Forks y la Push. El sabía quienes eran. Y por alguna razón yo comenzaba también a saberlo.

—Ojalá veamos al súper oso —bromee mientras continuaba trazando líneas.
Escuche la risa de papá.
—Quizás deberías llevarte un tarro de miel, sólo por si las moscas. —papá continuaba haciendo bromas en cuanto a los “osos” y su hambre. Yo solo pude reír entre dientes.
—Espero que tus botas nuevas sean rápidas, Bella. Un tarro pequeño no va a mantener ocupado a un oso hambriento durante mucho tiempo.
—Sólo tengo que ser más rápida que tú.

— ¡Pues vas a necesitar suerte! —reí con verdaderas ganas mientras levantaba el mapa del suelo. Observe el cielo tratando de predecir si llovería de forma novedosa—. Vamos.

—Pasáoslo bien —masculló papá al tiempo que se impulsaba en dirección al frigorífico.
Condujimos hasta el final de la carretera polvorienta, Bella se detuvo frente a un cartel, que decía “Comienzo de senda”.
Bajamos de la pickup, la brisa azotaba nuestros cabello, aunque no sentía frio. Sabía que era fresca.
—Yo iré por este camino —murmuro Bella mientras veía la densa masa de árboles y plantas verdes a nuestro alrededor. Señalo un camino que estaba frente a nosotros.
—Mmm —murmure dudoso. Tenía la esperanza de subir montañas, pasar sobre rocas y tratar de atravesar espesos arboles.
— ¿Qué?
Observe el camino que ella había señalado, y luego la pista marcada… una y otra vez.
—Debería haber supuesto que eres de la clase de chicas a las que les gustan los caminos.
—Pues no —sonreí débilmente—. Soy una rebelde.
Jajaja. Me reí satisfecho… saque el mapa y lo desplegué sobre el capón de la camioneta.
—Concédeme un momento —sostuve la brújula mientras que giraba el mapa hasta tomar el ángulo que indicaba la ruta a seguir.

—De acuerdo, es la primera línea de las coordenadas. —dije entusiasmado.— Vamos a seguirla.

junio 13, 2011

Cap. XIII

¿Cuanto puede provocar un golpe en la frente?


Levante la motocicleta tan rápido como pude, apague el motor y volví junto a Bella, el corazón me latía desbocado, ella se movió un poco hacia los lados, pero parecía fuera de si.

—Guau —murmuro Bella. Me acerque a ella apresuradamente, no parecía estar muy bien, tenia la vista algo perdida, y decía cosas extrañas.

— ¡Bella! —La llame con ansiedad—. Bella, ¿estás viva?

— ¡Estoy genial! —exclamo en un grito dejándome boquiabierto. Flexiono los brazos y las piernas mientras yo esperaba algún crujido o un gemido de dolor—. ¡Vamos a hacerlo otra vez! –ya va, ya va…. ¿QUEE? Estaba loca, no la dejaría montarse en esa moto otra vez, respire profundamente un par de veces antes de volver a hablar.

— No creo que sea una buena idea —trate de hablar tranquilo, pero mi voz destilaba preocupación y temor, Bella no se había dado cuenta de algo, pero yo si. Unas gotas de sangre empezaron a correr rápidamente desde su frente hacia el suelo—. Será mejor que te lleve primero al hospital. –la cordura comenzaba a escaparse de mi.

—Estoy bien. –confirmado, aun no lo había notado.

— ¿Ah, sí, Bella? Tienes un corte bien grande en la frente y estás poniendo todo perdido de sangre —le informe.

Se llevo la mano a la cabeza, examinando los daños. Fue muy estúpido dejarla andar en moto con tan poca práctica. Ella lo sabía y no tardaría mucho en reprochármelo.

—Oh, lo siento tanto, Jacob —ahora si estaba calando. De que rayos hablaba ahora. Seguramente el golpe le estaba haciendo daño.

— ¿Por qué te disculpas por sangrar? —Pregunte confundido, mientras pasaba un brazo por su cintura y la alzaba cuidadosamente, hasta que logre ponerla en pie—. Vámonos. Conduzco yo —extendí mi mano pidiéndole las llaves.

— ¿Y qué hacemos con las motos? —me dio las llaves mientras esperaba mi respuesta, lo pensé un momento, ciertamente no podíamos dejarlas ahí, habían costado mucho trabajo y dinero... resolví ir en mi moto hasta la camioneta y volver por Bella y la otra moto. Vi su frente sangrando, me quite la camiseta que ya estaba algo manchada de sangre; para que se la pusiera sobre la herida.
—Espera aquí. Y toma esto —se la arroje y me di la vuelta hacia la moto. Por alguna estúpida razón me sentía cohibido y a la vez pretencioso estando así frente a ella.

Me subí a la moto y la arranque, tome la carretera por donde había pasado antes, la arena sobresalió entre las ruedas mientras la brisa golpeaba mi pecho desnudo.

Llegue junto a la pickup, subí la moto en la parte trasera, eche el ojo un par de veces en dirección a Bella, ella tenia la vista clavada hacia acá, pero presionaba la vista tratando de ver mejor. Por alguna extraña razón yo la veía claramente.

Subí al asiento, la encendí y el motor comenzó a rugir escandalosamente victima de la fuerza que yo aplicaba en el acelerador para poder llegar junto a Bella pronto. Llegue rápido junto a Bella, me baje dejando el motor encendido, tome a Bella nuevamente por la cintura para ayudarla a subir. Estaba tan pálida que casi podía ver a través de ella.

—Venga, vamos a subirte al coche. –le urgí apremiante.

—Estoy bien, de verdad —si claro, seguramente la sangre que le caía a borbotones de la frente eran ofuscaciones mías—. No te pongas como loco, que sólo es un poco de sangre.

—Más bien es un montón de sangre —murmure mientras levantaba la moto de Bella.

—Bueno, ahora vamos a pensar esto un poco — comenzó cuando estuve junto a ella—. Si me llevas tal como estoy a urgencias, seguro que Charlie se va a enterar —observo sus pantalones sucios como que si eso fuera gran motivo para no ir al hospital.

—Bella, creo que necesitas puntos y no voy a dejar que te desangres viva.

—Eso no va a ocurrir —trato de convencerme—. Sólo querría que lleváramos primero las motos y después paráramos un momento en mi casa, para arreglarme un poco antes de ir al hospital.

— ¿Y qué pasa con Charlie? –le ateje.

— Me dijo que hoy tenía trabajo.

— ¿Estás del todo segura?

— Confía en mí. No es tan grave como parece.

Acepte contrariado e inconforme. Subimos a la camioneta, me fui directo hacia Forks, Bella mantenía mi camisa fuertemente apretada en la herida, lo que me calmaba ya que no tenia que ver toda la sangre chorreando como agua por su frente.

El silencio comenzaba a torturarme, mientras avanzaba... giraba un poco la cara hacia ella, se mantenía callada, pensando. O aguantando el dolor para no quejarse.

Quería hablar con ella, para que se distrajera en una conversación algo tranquila mientras hacíamos todo el trayecto hasta su casa y luego al hospital. Me mantuve en silencio unos kilómetros más pero cuando Bella se estremeció, mis deseos vencieron a mi absurda voluntad.

— ¿Sigues encontrándote bien?

— Sí —sonó algo convincente. Pero una capa de dolor abrumaba su faceta.

— A propósito —añadí serio—. Voy a desconectarte el freno del pie esta noche.

Llegamos a casa, Bella subió las escaleras mientras yo me dejaba caer en el suelo, exhausto. No quería sentarme en el sofá por miedo a ensuciarlo.

Pasó casi media hora, mientras Bella se acomodaba. Al parecer no íbamos al hospital si no de paseo.

—Date prisa —le apure nervioso de que llegara Charlie.

—Vale, vale —grito de vuelta.

Escuche que Bella bajaba las escaleras y gire para verla. Creo que esperaba solo una muda de ropa, y una frente con menos sangre. Pero ella se veía hermosa. Esa blusa de botones resaltaba su cintura y su largo cuerpo. La herida en su frente casi paso desapercibida por su belleza.

— ¿Qué aspecto tengo? —me pregunto, como si no fuera obvio. Trague y respire nuevamente antes de hablar

— Mejor.

— Pero ¿tengo el aspecto de haber tropezado en tu garaje y haberme dado un golpe en la cabeza con un martillo?

— Sí, yo diría que sí.

— Entonces, vamos.

Salimos de la casa, mientras yo pedí, bueno exigí manejar de nuevo.
Íbamos a mitad de camino cuando Bella volvió a hablar con el ceño fruncido.

— Debería haber tomado una chaqueta para ti.

— Eso nos habría descubierto —dije en tono de broma—. Además, no hace frío. –con una chaqueta moriría del calor.

— ¿Estás de broma? —Bella tembló y se inclino para encender la calefacción.

Me sentía más que bien, quizás Bella tenía fiebre ocasionada por el fuerte golpe, y sentía frio. Yo me sentía cómodo, pase un brazo por el respaldo de su asiento.

Me relaje con Bella junto a mi, íbamos a unos kilómetros del hospital cuando note que Bella no dejaba de mirarme. Espere unos segundos a ver si dejaba de hacerlo, pero su mirada evaluadora me detallaba una y otra vez. Quizás había algo en la cara. O simplemente es que me veía peor de cerca.

— ¿Qué? —deje de intentar adivinar.

— Nada. Que no me había dado cuenta antes. ¿Sabes que estás bastante bien?

Puse los ojos en blanco. Respire hondo analizando sus palabras. Oh vamos solo lo dice por el fuerte golpe que se dio en la cabeza. Cálmate…umm que te calmeeesss... mente loca.

junio 10, 2011

Relato: "Tejiendo un Cuento"

Hola chicass.. Dulce Cautiva de el Club de las Escritoras nos ha ofrecido a todas la oportunidad de participar en el reto "Tejiendo un Cuento". La primera parte del relato pertenece a Hada Fitipaldi; el reto es continuar la historia siguiendo la misma trama, y dejarlo inconcluso para luego seguirlo, tejerlo poco a poco xD y aqui les dejo la primera parte, y la segunda escrita por mi.. espero les guste besos

Hada Fitipaldi

El viento me golpeaba con fuerza la cara, mientras intentaba escapar del pesado de Michael. Durante el verano, yo al fin había cedido ante sus persistentes intentos para que saliéramos un día a tomar algo. Michael era mi amigo desde tiempos inmemoriales, ambos jugábamos juntos en la guardería, junto con Iris, y hemos ido creciendo yendo al mismo colegio. Pero desde que entramos en el instituto, y las tediosas hormonas de Michael se revolucionaron, su interés por mí cambió drásticamente. Por eso huía de él, yo seguía queriendo un amigo para tomar café, y el quería una amiga con derecho a roce para experimentar en la cama.
Aparqué mi moto nueva, regalo por mi diecisiete cumpleaños, en el instituto, y me encaminé hacia la puerta en busca de Iris. El ambiente era aún pegajoso, ya que el verano nos regalaba sus últimos resquicios de calor, y estábamos muy próximos a una playa. Fiel a la promesa que le hice a mi amiga, para la que el primer día del último año de instituto tenía que ser memorable, me había puesto unos shorts vaqueros y una camiseta negra un poco escotada. Teníamos que ir arrebatadoras, según sus palabras, y yo había hecho lo posible, aunque no me apeteciera demasiado.
Cuando estaba subiendo las escaleras, los gritos desde el aparcamiento me llamaron la atención. Como tenía que esperar a mi amiga, me detuve. Dos chicos se encontraban subidos en sendas motos de carreras, y mantenían la rueda trasera en el aire, en un equilibrio inestable. Sus miradas estaban cruzadas en un claro desafío, mientras un grupo de unos diez estudiantes los vitoreaban.
- Ocho, nueve, diez…- cada vez elevaban más sus voces, hasta convertirlas en un aullido excitado-, once, doce…
Hasta que uno de los chicos que iba en las motos, bajó la rueda con estrépito, y entonces si que pude oírlos chillar. Unos cuantos saltaban y abrazaban al ganador, un chico de pelo negro desordenado, que aparcó la moto y se echó a los brazos de sus amigos. El otro chico, por increíble que parezca, también lo abrazó, aunque no pude distinguir si el gesto fue sincero. Pude ver como la pandilla al completo se acercaba hacia las puertas, e inevitablemente, a donde yo me encontraba. Reconocí entre ellos a alguno de los chicos problemáticos ampliamente conocidos en el instituto, la mayor parte de ellos expulsados al menos una vez. El chico ganador no me sonaba, por eso no pude evitar centrar mi atención en él. Lucía una camiseta negra ajustada, que dejaba ver sus anchos hombros, y los vaqueros, muy desgastados, caían peligrosamente siendo solo frenados por los huesos de sus caderas. Todo en él parecía grande, incluso sus ojos, de un verde muy oscuro, que se clavaron en los míos, con un brillo que no supe identificar, mientras esbozaba una leve sonrisa al pasar por mi lado.

- Mirad chicos, teníamos espectadores -el ganador me señaló con el dedo, se paró junto a mí unos instantes, y me miró de arriba a bajo, deteniendo la vista en mi pecho-. Parece que ese sujetador que llevas te está apretando un poco esos preciosos pechos que tienes, si quieres me ofrezco voluntario para liberar esa tensión.
Como me pilló tan de sorpresa, mi reacción instantánea fue ruborizarme hasta parecer un semáforo en rojo. Antes de que pudiera replicarle, siguió diciendo:

- Ummm, me encantan las chicas que se ponen rojas como si fueran fresones- esta vez se acercó un poco más a mi, y me miró directamente a los ojos-. Dan ganas de lamerlas de arriba abajo hasta que exploten.

- ¡Imbécil!, ¡sinvergüenza! -las palabras salieron sin yo ser consciente de las mismas-. Le voy a decir al director ahora mismo que estabais compitiendo en el aparcamiento del instituto. Dime tu nombre.
Se oyeron abucheos por parte de sus amigos, e incluso pude ver expresiones amenazadoras. El chico intentó calmar los ánimos haciéndoles gestos con las manos, y soltó una risilla tan irritante como encantadora.

- Roberto, nena -arrastró las palabras, como si quisiera darles énfasis-. Recuérdame muy bien como el tío que quiere curar con su lengua todas las zonas rojas de tu cuerpo.
Y con esas últimas palabras, y un guiño de ojo, se despidió de mi, no sin antes ver mi dedo corazón delante de sus narices. Vaya engreído, maleducado y cobarde. Ni siquiera me había dado su apellido para ir con el cuento al director. Aunque me pondría a indagar en seguida. Una voz conocida me sacó de mis ensoñaciones.

-¿Quién era el culo mejor puesto que he visto en años? -Iris apareció ante mí, con su pelo color dorado, y unos ojos marrones muy vivos que miraban de forma alternante a Roberto y a mi-. Si mis sentidos no me engañan, Caroline, estabas hablando con él.

-Tus sentidos te engañan, créeme- la cogí de la mano, mientras tiraba de ella hacia el interior del edificio-. Es un chulo que se estaba metiendo conmigo.

- ¿Qué te ha dicho exactamente?

- Algo sobre mis tetas, queriendo intimidarme.

- Bueno, tampoco lo veo muy raro -Iris bajó la mirada hasta mi escote, sonriendo con aprobación-. Con unas tetas como esas, es imposible pasar a tu lado indiferente, bien podrías aparecer en la portada de la revista Playboy.

Y ante un comentario tan sincero, no pude más que reírme, y darle un achuchón a la que era mi mejor amiga. Ella era así, espontánea, sincera, y aunque sabía que a mi no me gustaba que me dijeran cosas como esa, viniendo de ella jamás podría enfadarme.
La mañana resultó tediosa, entre presentaciones y repartición de nuevos horarios. Había un profesor nuevo de lengua y literatura, Vincent, dijo que se llamaba. Era joven, no llegaría a los treinta años, y tenía un aspecto misterioso y cabizbajo. En seguida llamó la atención de Iris, que me dio varios codazos durante la clase. Gracias al cielo, no vi ni rastro del tal Roberto en toda la mañana.

Cuando llegó el final de las clases, me dirigí hacia mi moto, no sin antes despedirme de Iris, y quedar para tomar algo por la tarde. Agradecí de nuevo el contacto del aire en mi cara, que me atrapaba y hacía que me librara de todo lo que me rodeaba. Me gustaba afrontar las cosas, y me consideraba valiente, pero me gustaba pensar que en la moto podría escapar de cualquiera e ir a donde quisiera.

Llegué a la curva que daba acceso a mi calle, cuando de pronto, una moto me adelantó por el interior, haciendo que me tambaleara de forma inestable. Totalmente indignada, apreté el acelerador para ponerme al lado del motorista temerario y poder gritarle a gusto. Pero antes de que tuviera que alcanzarlo paró su moto y se apeó de la misma. Había aparcado justo en la puerta de al lado de mi casa. Me acerqué un poco a él, ya que no solía desistir fácilmente. Quería darle su merecido. Cuando se volvió y pude ver su rostro, casi me desmayo. La cara de Roberto apareció de debajo del casco, y me sonrió saludando con una mano. La furia empezó a hervir en mis venas.


Angela

Me baje de mi moto, dispuesta a abofetearlo por su loca maniobra de antes. Poco a poco iba recordando los sucesos del día, mi enojo creció más aun cuando recordé sus comentarios en cuanto a mi anatomía.

- ¿Qué haces aquí? –pregunte molesta. Escupiendo un veneno que se enredaba con mis palabras.
- Vivo aquí dulzura. ¿Y tú que? ¿Me venias siguiendo?
- JA…!! –dije en tono sarcástico. –sobretodo.

Me di la vuelta, me puse el caso nuevamente y me subí a mi moto agarrando con tanta fuerza el manillar que me dolían los dedos, decidí irme, alejarme de mi casa, de la cuadra, de la ciudad si fuera posible. Cuando comencé a andar, Roberto se planto frente a mí.
- Vamos… no seas así. Que mal humor tienes. No combina con… -miro mis pechos nuevamente. –no, en definitiva no combina contigo.
- Puff. –buje molesta y pise el acelerador.
- Hey... vamos... Vuelve. –escuche que decía a lo lejos.

Hice caso omiso a su pedido. Necesitaba enfriarme, una ola de calor me tenía atrapada. Conduje hasta una gasolinera para recargar el tanque de la moto y poder seguir mi camino. Aproveche la parada para ir al baño y además comprar un par de sodas y unas papas antes de irme. Me bebí una rápido, y guarde lo demás en mi bolso, lo necesitaría para el camino; el calor que recorría mi cuerpo disminuyo un poco.

Avance por la larga Avenida, el aire azotaba mi cara mientras me refrescaba. El malestar había desaparecido, de seguro tenia más que ver con la lejanía.

Llegue al borde de la playa, era hermosa, el agua estaba clara y los rayos del sol la hacían brillar, invitándote a entrar y sumergirte en ella. Me alegro la soledad del lugar, solo se hallaban a lo lejos un par de niños del lugar, su piel bronceada se veía hermosa, jugaban entre ellos aventándose arena y riendo escandalosamente.

Conduje por la arena rápidamente para que no se estancara la moto.

Me detuve a varios metros de unas rocas, deje sobre esta mi mochila, solté la coleta que sujetaba mi pelo casi rojizo, el aire paso suave entre mis cabellos. Cerré los ojos mientras aspiraba el aire, tan puro que penetraba mis pulmones refrescando cada escondrijo de mi cuerpo. Me sentía en un mundo diferente, la risa juguetona de los niños, el sonido del mar chocando contra las rocas, el agua casi rugía con ganas de hablar y saltar más alto.
El olor a salitre, una mezcla de arena mojada, sal y pescado, pero no a pescado como cuando lo tienes en la nevera, sino mucho mejor.

Saque las papas y la soda de mi bolso, camine hasta la orilla y me senté, aunque había un sol abrasador, notaba una brisa fresca que me hacia sentir tranquil; suave como si flotara entre las manos de un ángel. Respire a todo pulmón cuando un sonido me distrajo.

Mi teléfono repicaba, trayéndome de vuelta a la realidad. Lo cogí apresurada y conteste.
- Alo?
- Hey Caroline. ¿Donde andas? –era Iris.
- Salí un rato. ¿Por?
- Recuerdas que habíamos quedado en tomar algo esta tarde. ¿Eh? Te estoy esperando.
- Ups, cierto. Lo olvide. Discúlpame, no cree que llegue a tiempo –claramente no llegaría, estaba a horas y kilómetros de distancia.
- ¿Donde andas?
- Fui a dar una vuelta a la bahía.
- Esta cerca. Te da tiempo.
- No, me fui más lejos. Hasta Playa Rocosa.
- Me fueras dicho. Amo esa playa.
- Si disculpa es que no fue planificado.
- Bueno esta bien. Tranquila avísame cuando llegues. Me debes la de hoy.
- Bien, chao. Cuídate y no hagas locuras.
- Ok… tratare. Jajaja. Chao. –colgué mientras aspiraba profundamente el suave aire, mezclado con el olor a salitre, un olor diferente me distrajo.

- Te ves hermosa desde aquí. –abrí los ojos sorprendida. ¿Que rayos hacia Roberto aquí? Su perfume penetraba en el aire. Olía delicioso, vestía una playera gris y unos jeans con zapatos deportivos muy a la moda. Sus ojos verdes eran luminosos y me desconcentraron por un momento, se veían mas claros que esta mañana por el sol que le daba de frente. –valla con esta luz te ves despampanante. –sus ojos miraban mi cuerpo, pero esta vez no estaba detenidos en mis senos, si no en mi rostro, en el movimiento que tenia mi cabello provocado por la brisa.

- ¿Qué haces aquí?

junio 07, 2011

Cap. XII

Maldición... quizás... yo... debí decir que no.

— Bien, ¿dónde está el embrague? —le pregunte cauteloso para estar seguro de cuanto recordaba. De lo que medio le había explicado.

Ella señalo el embrague. Bien. Ahora el problema era su confianza, ella miraba de forma cautelosa la moto, los rugidos que esta provocaba la hacían moverse estrepitosamente. Bella agarraba el manillar con fuerza, tratando sin éxito de alcanzar el embrague.

—Jacob, esto no se queda de pie —se quejo. Temía caerse.

—Verás cómo va bien cuando esté en movimiento —le prometí calmándola—. Ahora, ¿dónde tienes los frenos?

—Detrás de mi pie derecho.

—Error. —le había explicado que atrás de su pie derecho estaba el freno, pero este era en casa de emergencia, si lo pisaba a una alta velocidad, saldría volando.

Le tome la mano derecha y doble sus dedos alrededor de la palanca de aceleración.

—Pero tú me dijiste... —comenzó a protestar.

—Éste es el freno que estás buscando. No uses ahora el freno de atrás, eso lo dejaremos para más tarde, cuando sepas lo que estás haciendo. —en este momento ella solo necesitaba aprender lo básico, poco a poco. Era muy pronto para usar el otro freno, con ese podría derrapar en curvas, pero también podría salir disparada.

—Eso no suena nada bien —replico ella—. ¿No son los dos frenos igual de importantes?

—Olvídate del freno de atrás, ¿vale? Aquí... —envolví mi mano entre la suya, e hice apretar el freno nuevamente—. Así es como se frena. No lo olvides —recalce presionando su mano una vez más.

—De acuerdo.

— ¿El acelerador?
Ella giro el manillar derecho. El acelerador. Mostrándome que si sabia.

— ¿La palanca de cambios?
Ella empujo con la pantorrilla izquierda la palanca.

—Muy bien. Creo que ya has pillado el manejo de todas las partes. Ahora sólo te queda arrancar la moto.

—Oh, oh —murmuro nerviosa.

Ella observaba el camino por donde iba a andar con la moto, estaba despejado. Si manejaba con equilibrio podría mantenerse dentro de los perímetros de la vía. Sin meterse en la maleza. Era un camino arenoso y un poco húmedo. Pero ella podría pasar fácilmente por ahí.

—Quiero que mantengas el embrague hacia abajo —le indique— Ahora, esto es crucial, Bella. —le dije con tono apremiante. Para asegurarme de que me escuchara y me entendiera bien. —No dejes que la moto se te vaya, ¿vale? Quiero que pienses que te he dado una granada explosiva. Le has quitado el seguro y estás sujetando el detonador. —era un buen ejemplo. Si lo soltaba la moto se apagaría y le caería encima.

— ¿Crees que podrás arrancar el pedal?

— Si muevo el pie, me caigo — me explico mientras apretaba con fuerza los dientes.

—Vale, yo te tengo. No sueltes el embrague. —insistí.
Me fui hasta la parte de atrás de la moto y golpee
con fuerza el pedal. La moto rugió debajo de Bella, se balanceo un poco de lado, pero agarre la moto antes de que ambas cayeran de lado.

—Mantén el equilibrio—insistí—. ¿Tienes bien sujeto el embrague?

—Sí.

—Planta bien el pie, voy a intentarlo otra vez.

Sujete bien con una mano el asiento de la moto e intente una vez más. Y otra y otra. Hasta que la moto reacciono.

—Aprieta el acelerador —le indique—, muy suavemente. Y sobre todo, no sueltes el embrague. —le recordé.

Giro el manillar y la moto respondió. Sonreí satisfecho.

— ¿Recuerdas cómo se pone en primera? —pregunte aun sonriendo.
—Sí.
—Bien, venga, vamos.
—Vale.
Bella no soltaba el pie. Seguía donde mismo.

—Suelta el pie —dije tozudo.

—Ya lo sé —dije, aspirando aire profundamente.

— ¿Estás segura de que quieres hacer esto? —le pregunte cuando su mirada me indico que estaba algo nerviosa—. Pareces asustada.

—Estoy bien.

—Muy bien —le alabe cuando cambio de velocidad—. Ahora, con mucha suavidad, suelta el embrague.
Me aparte un poco de la moto, para darle chance a para que arrancara.

— ¿Quieres que deje caer la granada?
—A ver qué tal la llevas, Bella. Procura ir poco a poco.
Bella comenzó a soltar el embrague, pero de pronto de quedo estática, como cegada por algo.
— ¡Oh! —soltó de pronto entre un jadeo.

Descuido el embrague y la moto se fue hacia adelante y luego se fue encima de Bella. Reaccione tarde, Bella ya estaba en el suelo con la moto sobre ella. Me apresure a retirar la moto, aun no entendía que la había desconcentrado.

— ¿Bella? ¿Estás herida? —especule temeroso.
Ella no me respondió, comencé a temer que si lo estuviera.
— ¿Bella? —sacudí ligeramente su hombro para hacerla sentir bien.
—Estoy bien —murmuro pasmada.
La ayude a ponerse de pie… ella estaba como ida.

— ¿Te has dado un golpe en la cabeza? —pregunte preocupado.
—No lo creo —movió la cabeza para asegurarse de que estaba bien—. ¿No habré estropeado la moto, verdad?

—No, sólo has calado el motor Soltaste el embrague demasiado deprisa. —le explique. Ella se limito a asentir. Entendiendo la falla.

—Probaré de nuevo.

— ¿Estás segura? —me daba algo de recelo que lo intentara de nuevo.

—Afirmativo. —ella estaba segura de que eso quería. Asentí mientras ella trataba de arrancar, salto un poco para poder alcanzar el pedal, estuve junto a ella maniobrando cada vez que la moto amenazaba con tumbarla al suelo.
La moto respondió con un gruñido al toque más ligero. Mi sonrisa era ancha y la de Bella se correspondía con la mía.

—Suelta despacio el embrague —le recordé nuevamente.
—Suéltalo lentamente.
—Lo haré. —afirmo segura.

Poco a poco comenzó a arrancar, se alejo un par de metros de mi lado, y luego fueron kilómetros. Ya estaba algo lejos. Se mantenía firme, y se notaba que estaba bien agarrada.

Y woo se veía muy bien sobre esa moto. No me había fijado hasta ese momento. Por alguna razón Bella no daba vuelta a la moto, si no que se mantenía a la misma velocidad. Llego la curva y ella se mantenia igual.

¿Bella, que haces?, grite en mi mente.

La moto se sacudió hacia los lados, se fue directo hacia un muro verde, rece por que cambiara de dirección o utilizara el freno de que estaba en el tablero para detenerse. Pero no todo su peso impulso la moto hacia el suelo, cayendo de lado. Se deslizo por la arena húmeda.

Hasta quedar en la zona llena de musgo. Veía todo esto mientras arrancaba la moto.

Pise el acelerador y avance a gran velocidad, frene cerca de ella, y de un salto baje de la moto dejando tirada en el suelo.

— ¡Bella! —grite mientras me acercaba a ella.

La motocicleta la aplastaba completamente. Mi corazón saltaba asustado, seguramente era mi culpa. Si, en definitiva lo era. estaba junto a ella pero mi corazón se sentía tan lejos del suyo, temeroso de que Bella estuviera muy herida. Trague saliva asustado.

THE TWILIGHT SAGA: Breaking Dawn Part 1 / Official Trailer

junio 02, 2011

Cap. XI

Algo que nunca me atreví a imaginar


Le conté a Bella que esa semana, Embry se había parecido como si nada, con Sam y los demás. Y además hoy lo habíamos visto en los acantilados con ellos.

Mientras le hablaba veía hacia otro lado cohibido por el dolor que sentía. Respire hondo y subí la cara hasta que nuestras miradas se encontraron. Solo veía en ellos comprensión.

—Bella, ellos le han estado rondado todo el tiempo, incluso más que a mí. Embry no quería tener nada que ver con ellos y ahora, de repente, sigue a Sam como si se hubiera unido a una secta.

Y así es como ocurrió con Paul. Exactamente igual. No era amigo de Sam en absoluto. Después, dejó de venir a la escuela un par de semanas y, cuando volvió, súbitamente pertenecía a Sam. No sé lo que esto significa. No tengo la menor idea y siento que debería hacer algo, ya que Embry es mi amigo y Sam pone cara de burla cuando me mira y... —me asusta. Odio cuando me mira de esa forma, como esperando a que me una a ellos. Y feliz de haber apartado a Embry de sus mejores amigos.

— ¿Has hablado de esto con Billy? —JA… sobretodo papá. Cuando hable con el, le pareció de lo más normal.
— Más adelante, quizás lo entiendas. Sam sabe bien lo que hace, al igual que Embry, dentro de unos años quizás tú también lo sepas. Y los comprendas.

Esas palabras me molestaron demasiado, que acaso cuando cumpliera la mayoría de edad entendería porque alguien se cree en el derecho de llevarse a u mejor amigo. Me enervo la sangre, solo necesitaba una ayuda como esa, para sentirme mejor.

—Sí —bufe molesto—, y sirvió de gran ayuda.

— ¿Qué te dijo?

Con gesto sarcástico trate de imitar la gruesa voz de mi padre cuando hablo conmigo.

—No es nada de lo que tengas que preocuparte ahora, Jacob. Dentro de unos años, si tú no... Bueno, te lo explicaré más adelante —bah, puras palabras. Volví a hablar con mi voz. —. ¿Qué se supone que tengo que entender de esa explicación? ¿Está intentando decirme que es alguna estúpida cosa relativa a la pubertad o algún rito de paso a la edad adulta? Parece algo más. Algo chungo.

Me mordí el labio inferior, para tragarme la bilis que me subía por la garganta, y las ganas de gritar y agarrar a trompadas a Sam. Por alguna razón sentía los sentimientos mucho más fuertes que antes. Me lastimaba haber perdido a un gran amigo.

De pronto Bella me abrazo, envolviendo mi cintura con sus brazos, apoyo su rostro en mi pecho. Me quede quieto tal cual como estaba. No estaba seguro como reaccionar, pero si sabia lo bien que se estaba así. Bella era cálida, se sentía suave en torno a mi, un olor a fresas me invadió, provenía de ella obviamente. El olor me lleno llenándome por completo.

— ¡Oh, Jake, todo va a ir bien! —me prometió, trate de volver en mi. Pero que difícil me resultaba cuando la tenía así junto a mi—. Si las cosas se ponen peor, puedes venirte a vivir conmigo y con Charlie. ¡No tengas miedo, ya pensaremos en algo!

Por un momento olvide de que estábamos hablando. Tentando más mi suerte, alargando esa liga de oportunidades que me estaba dando de forma inusual la vida. Pase mis brazos de forma temerosa y pausada alrededor. Envolviéndola junto a mí. Con unos deseos inexplicables de mantenerla así conmigo para siempre.

—Gracias, Bella —dije tratando de sonar sereno. Por lo que mi voz sonó un poco más gruesa de lo habitual. No quería que por mis labios se descubriera, lo que mi mente y mi corazón ocultaban.

El tiempo que nos mantuvimos así me supo a gloria. Nunca había mantenido tal cercanía con nadie. El corazón amenazaba con latirme más fuerte. Pero aun así no me resultaba nada incomodo, nunca había estado así con nadie. Pero con Bella era tocar el cielo… junto a ella. Me sentía más que dichoso. Tener a Bella entre mis brazos era algo que no había aspirado hasta que la tuve rodeada con ellos.

— Si es así como vas a reaccionar siempre, creo que se me va a ir la olla más a menudo —le dijo sonriente. Sin permiso alguno mi mano se fue hasta su cabello, sin poder evitarlo. Pase los dedos atreves de su suave cabello, el olor a fresas me llenaba por completo.

Bella se retiro de mí, con una risita nerviosa. Ups…

— Es difícil de creer que soy dos años mayor que tú —dijo ella haciendo énfasis en la palabra «mayor», como si eso lo hiciera más creíble. —. Me haces sentir como una enana —dijo mientras notaba a que se refería. Ella mantenía el cuello alargado hacia mí. En definitiva había crecido unos cuantos metros más.

— Se te ha olvidado que ando ya por los cuarenta, claro. —recalce recordando las habilidades que me hacían mayor que ella.

—Oh, claro.

Le di unos suaves golpecitos en la cabeza recalcando a lo que me refería.

—Eres como una muñequita —dije bromeando—. Una muñeca de porcelana. —aunque en realidad lo parecía. Se veía tan diminuta y frágil junto a mí.

—Espero que no me salgan grietas blancas. —dijo bromeando luego de dar un paso atrás.

—En serio, Bella, ¿estás segura de que no las tienes? —junte mi brazo de color cobrizo al suyo. Se veía tan pálida a diferencia de mí. Casi transparente. Recordé de prono que ella no era tan pálida. O bueno no cuando estaba con alguien más— No he visto a nadie más pálido que tú... Bueno, a excepción de... —me mordí la lengua cuando vi un rayo fugaz de dolor en su rostro. Miro hacia otro lado tratando de ocultarlo. Pero aun le dolía. —. Pero bueno, ¿vamos a montar en las motos, o qué? —dije para tratar de cambiar el tema.

—Vamos allá — el entusiasmo con que lo dijo me demostró que lo había logrado. Al menos en una pequeña proporción.

Bella aun le recordaba, aun le quería aunque eso me provocara nauseas. —Por una razón que no entendía—. A ella aun… le dolía su partida.


Breaking Dawn. Part1 Exclusive MTV Movie Awards.







http://www.mtv.com/videos/misc/659218/breaking-dawn-exclusive-at-2011-mtv-movie-awards.jhtml?xrs=share_twitter

Exclusive MTV Movie Awards.

mayo 31, 2011

mayo 30, 2011

Olaa chicasss.. Esto es un premio-cadena y las reglas son:

- No quitar el link del blog: aqui
- Poner una entrada de agradecimiento a quien te lo otorgó.
- Responder la pregunta de los blogs que te lo dieron y crear una nueva pregunta para que la respondan los 10 blogs a los que se lo darás.

Muchas gracias a María León que me dio este premio.... =D

La pregunta de María es:

- si te dieran la oportunidad de concederte un deseo, ¿cuál sería?
Mi respuesta es, ser vampiro.. jaja xD fuera de juego mis niñas si pudiera desear algo, eso seria... siempre ha sido así.


Mi pregunta es:
-Si pudieras luchar por algo, algo que haga la diferencia en la vida de una persona. ¿lo harías? ¿ darías todo por ayudar a ese alguien? -porq??

- Ahora, sin importar el orden le voy a dar este premio a 10 blogs.

Alexa Cullen
Coka
JeSs
Alpha
Lullaby
Gixiie
Mariia
Portadora de Sueños
Pabli
MaaRiie CulleN

mayo 29, 2011

Cap. X

Embry


— ¿Tenéis una banda? —pregunto Bella sorprendida.

No pude evitar reírme por su modo de ver las cosas. “banda” sonaba a mafiosos.

—Bueno, no tanto como eso. Te lo juro, son como vigilantes jurados que se hubieran vuelto locos. No arman peleas, se dedican a mantener la paz —bufó—. Por ejemplo, mira lo que pasó con aquel chico que vino de algún sitio cerca de la reserva de Makah, uno bien grande, con una pinta que daba miedo. Bueno, se corrió el rumor de que vendía alcohol a los críos y Sam Uley y sus discípulos le echaron de nuestras tierras. Se pasan todo el día hablando de nuestra tierra, el orgullo de la tribu... Es algo ridículo. Lo peor del asunto es que el consejo los toma en serio. Embry me dijo que el consejo suele mantener reuniones con Sam —valla Embry. Sin poder creerlo lo extrañaba. Había intentado hablar con el, tenia días faltando a clases… me llegue hasta su casa de veces pero no tuve éxito. Ahora de repente se la pasaba con Sam y su grupito. Realmente todo se estaba volviendo confuso—. Embry también oyó, porque se lo contó Leah Clearwater, que se llaman a sí mismos «protectores» o algo parecido.

Sin poder evitarlo empuñe las manos, deseaba tener en frente a Sam. Por el Embry se había alejado, ya no nos hablaba ni a Quil ni a mi como antes. A mi parecer nos ignoraba. Eso solo lograba aumentar mi rencor hacia Sam. No me importaba si eran “protectores de la Push”, yo no me uniría a ellos.

—A ti no te gustan demasiado. –adivino...!!!
— ¿Se nota mucho? —pregunte con una nota de sarcasmo en mi voz.
—Bueno... no parece que estén haciendo nada malo. Más que una banda, parecen un grupo de irritantes niñatos resabiados. —no hacen nada malo, mas que apartarme a mis amigos y creerse superiores.

—Sí, lo de irritantes es una palabra que les va como anillo al dedo. Se pasan todo el día fanfarroneando por ahí, como con lo del salto de acantilado. Ellos actúan... bueno, no sé, como tipos duros. Un día del pasado semestre Quil, Embry y yo estábamos dando una vuelta por la tienda, y Sam se pasó por allí con sus seguidores, Jared y Paul. Quil dijo algo —no podía recordar bien que había sido, fue algo parecido a “perros falderos” —ya sabes que es un bocazas, y Paul se cabreó. Los ojos se le oscurecieron, y mostró una especie de sonrisa, aunque más que sonreír, lo que hizo fue enseñar los dientes como un poseso, y empezó a temblar o algo parecido. Entonces, Sam le puso la mano en el pecho y sacudió la cabeza. Paul le miró un minuto o así y se calmó. Lo cierto es que era como si Sam le estuviera sujetando, como si Paul hubiera estado dispuesto a hacernos pedazos si Sam no lo hubiera parado —un gruñido de molestia salió de mi pecho. Quizás Paul le tenia miedo a Sam, parecía ser este quien lo gobierna ahora—, como en las películas malas del oeste. Ya sabes, Sam es un tío muy grande, tiene los veinte bien cumplidos mientras que Paul sólo tiene dieciséis años, como nosotros, es más bajo que yo y no está tan cachas como Quil. Creo que cualquiera de nosotros podría con él sin problemas. —si Sam no se fuera “interpuesto”, seguramente Quil, y mas atrás yo. Le fuéramos dado su buen golpe a Paul.

—Chicos duros —apoyo Bella.

Por un momento su cara reflejo tristeza o pena. No entendí bien a que se debía.
— ¿Y no es Sam un poco mayor ya para este tipo de cosas? —rápidamente volvió a hablar, haciéndome perder el hilo de mis pensamientos. Volví a centrarme en Sam, recordando su actual vida, por estar cuidando de la tribu había abandonado cualquiera posibilidad de seguir estudiando.

—Claro. Se suponía que iba a ir a la universidad, pero se ha quedado aquí sin que nadie haya dicho una mierda sobre el tema. Todo el consejo se le echó encima a mi hermana cuando dejó perder una beca parcial y se casó, pero, claro, Sam Uley no mete nunca la pata.

Cuando Rebecca se caso, y se fue con Salomón su esposo, a vivir a Hawái, se fue dejando atrás no solo a su gente si no también a la posibilidad de una beca, la gente del consejo se sintieron decepcionados y molestos, por que ella perdiera esa oportunidad. Y Sam no hacia más que alimentar las cabezas de estos. Ahora era el quien abandonada todo eso. Pero claro nadie le dice nada al señorito Sam.

—Realmente todo esto suena irritante y extraño, pero no entiendo por qué te lo tomas de una manera tan personal —me lo tomaba personal, por que según papá yo era parecido a Sam, pero eso era imposible. Sam era arrogante, creyendo superior a todos, dueño de la Push. Algo me desconcentro un poco de cada golpe que daban en mi cabeza todos los pensamientos aglomerados. Asome un poco la cabeza por la ventanilla, Bella había pasado la salida.

—Te acabas de pasar la desviación —comente tranquilamente.

Bella hizo una buena maniobra, dando vuelta en forma de U, logramos tomar la vía nuevamente.

—Gracias por el aviso —dijo un poco exaltada por lo apresurado de la vuelta. Ya estábamos encaminados en el carril de vuelta hacia la desviación.

—Perdona, no he prestado atención. –me disculpe. La culpa había sido mía, por estar pensando en Sam y sus cachorros.

Me quede quiero un minuto. Tratando de calmarme, me sentía muy enojado. Estaba más sensible de lo normal. Sam llevaba días tratándome de una forma extraña. Me veía como si esperaba a que yo me uniera a su “banda”. Pero la idea no me simpatizaba para nada, solo me hacia enojar y sentirme frustrado por no lograr hacer entrar en razón a Embry. Según la leyenda mi bisabuelo era algo así como el líder, o el jefe. Todos trataban a mi papá igual que a mi bisabuelo, con respeto y tomando en cuenta cada una de sus opiniones. Pero nadie me tomaba en cuenta a mi, era como si no existiera, eso no me molestaba. Todo lo contrario, no me gustaba ser el centro de atención.
Me alegraba que esa atención no estuviera puesta en mí. Pero Sam era otra cosa, el siempre e observaba invitándome con la mirada a tomar mi lugar entre ellos.
—Puedes pararte por aquí, donde tú quieras —esquive la mirada de Bella. No me sentía nada sereno y ella no tenia por que cargar con mi humor.

Sali de la camioneta apenas Bella apago el carro. Tenía cabeza vuelta un 8. Camine hasta la parte trasera del auto y baje las motos. Bella no dejaba de verme, yo trataba de esconder mi cara o calmar mi expresión, pero me sentía una molestia que me quemaba el pecho. Quería golpear a Sam, deseaba correr y poder gritar. Desahogarme.

Trate de sonreírle a Bella mientras colocaba la moto roja. La suya; junto a ella. El único regalo que podría hacerle, que en realidad valiera la pena.

—Feliz cumpleaños tardío. —La felicite— ¿Te sientes preparada?
—Eso creo —su expresión mostro algo de miedo y recelo repentinamente
—Nos lo tomaremos con calma —le asegure tratando de calmarla. Y de inspirarle confianza en mí. No dejaría que anda le pasara.

Di la vuelta para ir en busca de mi moto apenas Bella tuvo la moto asegurada entre sus manos y la apoyaba en el coche.

— Jake... —hablo dubitativamente.
— ¿Sí? —la anime.
— ¿Qué es lo que realmente te molesta? Me refiero a lo de Sam... ¿Hay algo más? —por mas que fuera intentando mostrar un expresión tranquila, Bella había notado que algo extraño recorría mi mente, algo que me hacia sentir molesto. Nunca había mostrado una actitud parecida frente a ella. No me agradaba pero cada vez me costaba más evitar mi malestar hacia Sam.

Mire hacia el suelo mientras frotaba mi zapato contra la rueda delantera de la moto negra una y otra vez, quería relajarme ante de hablar. O las palabras saldrían de mi boca más atropelladas de lo normal y mal pronunciadas. Y seguramente con mas de un insulto. Suspire en cuanto me sentí algo mas relajado.

— Es sólo... el modo en que me tratan. Me enferma. Ya sabes, se supone que el consejo se compone de iguales, pero si hubiera un líder, ése tendría que ser mi padre. Nunca he conseguido averiguar por qué la g ente lo trata de la manera en que lo hace ni tampoco por qué su opinión es la que más cuenta. Creo que tiene algo que ver con su padre y su abuelo. —trate de explicarle sin sonar muy enredado. Pero se me dificultaba. De por si la historia era larga y tediosa— Mi bisabuelo, Ephraim Black, fue algo así como el último jefe que tuvimos, y si aún escuchan a Billy, quizás se deba a eso. Pero yo soy como otro cualquiera. Nadie me trata de forma especial... al menos hasta ahora.

— ¿Sam te trata de forma especial?

—Algo así —afirme con la vista puesta en Bella—. Me mira como si estuviese esperando algo... como si algún día yo fuera a unirme a su estúpida banda. —algo improbable en todos lo que influyera esa palabra. —Me presta más atención que a los otros chicos. Le odio.

—Tú no tienes que unirte a nada —Bella percibió mi enfado y sin querer ella comenzaba a sentirse algo incomoda por lo que me sucedía—. ¿Quiénes se creen que son esos «protectores»?

—Eso es —concluí. No quería decir nada más. Lo que más me afectaba de la situación era Embry. Pero no quería hacer sentir mal a Bella con mis problemas.

— ¿Qué? —puff si que era persuasiva. Sabía que había algo más. Como ocultárselo después de que había hablado tanto. Continúe pasando el pie por el neumático de mi moto. Mientras pensaba en Embry, y en Sam; este le había ensuciado l cabeza llevándoselo junto a el y su grupo.

—Es Embry. Últimamente me evita.

—Has estado saliendo mucho conmigo —Bella entendió mal. Creyendo que Embry se había apartado por que yo pasaba todo el tiempo con ella.

—No, no es eso. No es sólo a mí. También evita a Quil y a todos. Faltó toda una semana al colegio, pero nunca estaba en casa cuando iba a verle. Y cuando regresó, parecía... parecía flipado. Aterrorizado. Quil y yo intentamos que nos contara qué iba mal, pero no ha querido hablar con ninguno de nosotros.

Estaba más preocupado por Embry de lo que podía demostrar.
Por alguna razón el ya no era el mismo.

mayo 25, 2011

Cap. IX

Algunos fanfarrones de la Push

Me di un rápido baño mientras pensaba la mejor manera de sacar las motos sin que papá se diera cuenta.

La ultima que había durado tanto en el baño, fue una vez que llegue lleno de lodo por estar jugando en el bosque con Embry y Quil; tenia tanto lodo que mi cabello era un habitad perfecto para los cerdos.

Recordé una pícea que estaba afuera, este árbol media más de 30 metros. Era perfecto. Las hojas aisladas eran planas y colgaban desde lo más alto. Desde la casa papá no las vería. Sali apurado del baño, tenía los dedos arrugados por estar tanto tiempo bajo la ducha. Bueno casi agachado por que mis casi 2 metros e impedían estar cómodo bajo la ducha.

Apenas estuve vestido y casi peinado. Sali hacia la cocina a buscar algo para comer y luego poner en marcha mi plan, mientras planeaba a que lugar podría ir con Bella y las “nuevas” motos. Recordé un terreno amplio que había cerca de los acantilados.

Pero al recordar ese lugar no pude evitar pensar en Sam y los chicos, y en ese día del semestre pasado, estábamos en el instituto hablando, y Paul se había enfadado por una estúpida, era muy fácil hacer rabiar a Paul, pero su reacción fue extraña. Parecía como si temblara y de el expandiera un calor sofocante. Sam estaba junto a el y al ponerle una mano en el pecho lo calmo. Pero juraría que ese día estuvo apunto de comernos vivos, por esa cara de furia que tenia. Controlado por sus emociones. En ese acantilado Sam y su “grupito” se lanzaban y caían en picada hacia la helada agua. Yo prefería saltar desde más bajo. Pero desde que Embry se la estaba pasando tanto con Sam, y yo estaba pasando tiempo con Bella y las motos, nos habíamos distanciado “algo”:

Papá me vio pasar volando hacia la cocina, agarre unas papas y me fui hacia el garaje. El no pronuncio ni una sola palabra. Por alguna razón yo acababa de adivinar que el ya había estado cuchicheando con Charlie. Valla… que novedad…!!!

Sali al garaje y busque entre unas cosas que había enviado Rebecca haba enviado unos regalos desde Washington para papá y para mi. Agarre los dos lazos grandes, los amarre desprolijamente sobre el manillar de cada moto. Las lleve hasta la pícea y las coloque debajo. Era un toque muy gracioso, sabía que a Bella le agradarían los lazos.

Mientras masticaba las papas escuche el rugir del motor de la camioneta. Solté la bolsa de papas inmediatamente y camine hasta la entrada del garaje, me detuve bajo el marco del portón. Mientras observaba con la vista cada movimiento y expresión que hacia Bella. Rápidamente detallo las motos, debo admitir que quedaron espectaculares, mi moto negra era asombrosa, ya la había probado en la mañana y valla que corría.

Cuando una sonrisa sarcástica invadió su rostro, supuse que ya había distinguido los lazos. Llego hasta mí sonriendo y yo le seguí la corriente.

— ¿Preparada? —pregunte emocionado. Ella hurgo con la vista la fachada de la casa, seguramente buscando a papá, quien de seguro estaba viendo tv o hablando con Charlie por teléfono como acostumbraba hacer cada vez que sentía la necesidad de parlotear.
—De acuerdo —contesto algo temerosa. Se veía algo preocupada.

Trate de apresurar el paso antes de que cambiara de parecer y se fuera a ver clases con un profesional o algo así. Subí los coches rápidamente a la parte posterior del coche, las tumbe para que no se vieran, escondiendo bien los lazos.

—Vámonos —la alenté inquieto y emocionado—. Conozco un sitio perfecto; nadie nos verá allí.

Subimos al auto y agarramos camino fuera de la ciudad en dirección al Sur, por donde se encontraban los acantilados. La vía entraba y salía del bosque unas cuantas veces, hasta que la calle nos mostro el océano que estaba frente a nosotros. Estaba algo nublado el cielo, supuse que no tardaría mucho en llover.

Bella manejaba despacio mientras admiraba el paisaje. Yo le conté durante el viaje como había terminado de arreglar las motos, me comente sobre las tuercas para las tapas de los cauchos, el tubo respirador, y los nuevos cables y tubos delgados que había comprado para el sistema de frenos.

Bella comenzó a bajar la velocidad, desconcentrada con la vista y la mente en otro lado.
— ¡No! —grito de pronto mientas frenaba en seco.

— ¿Qué pasa? —pregunte casi en un grite confundido y sobresaltado.
— ¡Ese chico... acaba de saltar por el borde del acantilado! ¿Por qué no se lo han impedido? ¡Tenemos que llamar a una ambulancia! —Bella comenzó a bajarse del auto. Cuando entendí a que se refería no pude evitar que una risa se escapara de entre mis labios.

Ella me miro con reproche. Así que me apresure a explicarle que solo se trataba del grupo de Sam. Hacían lo acostumbrado. Fanfarrear.

—Sólo están haciendo salto de acantilado, Bella. Es un pasatiempo. Ya sabes, La Push no tiene centro comercial —dije para tratar de calmarla. Eran ciertas mis palabras, pero solo intentaba hacer un chiste para no demostrar lo que mi irritaba la presencia de ellos. Aunque estuvieran a varios kilómetros lejos de nosotros.
— ¿Salto de acantilado? — Sam acababa de saltar al agua, Embry di un paso atrás e imito sus pasos. Cayo entre las oscuras olas grises de allá abajo.
— ¡Guau! ¡Con lo alto que está...! —dijo ella asombrada y algo emocionada quizás. Entro nuevamente al auto mientras mantenía la vista fija en Sam y Jared que se mantenían esperando el momento propicio para saltar.
—Bueno, vale, la mayoría saltamos de más abajo, desde esa roca que sobresale del acantilado a mitad de camino entre donde están ellos y el mar —le explique señalando con el dedo una altura mas baja. Donde yo acostumbraba a saltar con Quil… y con Embry antes de que se uniera a Sam—. Esos chicos están mal de la cabeza. Probablemente lo único que pretenden demostrar es lo duros que son. Lo que quiero decir es que hoy hace mucho frío y el agua no debe de ser ninguna delicia —dije mientras arrugaba la cara. Me sentía asqueado. Poco a poco ganaba repugnancia hacia esos “vecinos” de la Push. Me molestaba un poco que esos seres se creyéndose dueños del lugar. Como si fueran policías protegiéndonos de algo.
—¿Tú también has saltado desde el acantilado? —no se me había escapado ese «nosotros».
—Claro, claro —dije rápidamente mientras me encogía de hombros, para demostrar que también podía hacer lo ismo que ellos. Con la diferencia de que no arriesgaba mi vida ni me pellejo solo para hacerme “publicidad”. Yo solo lo hacia por regodeo—. Es divertido. Da un poco de miedo y algo de agobio.

Bella aun observaba a Paul mientras este se preparaba para arrojarse al agua. Una extraña sonrisa que no entendía se extendió por su rostro.

—Jake, tienes que llevarme a hacer salto de acantilado. –me exigió de pronto.
La mire confundido, sin poder evitar fruncir el ceño. No entendía por que de repente le provocaba por practicar salto de acantilado, como si hablara de una simple caminata a la manzana.
—Bella, te recuerdo que has estado a punto de llamar una ambulancia para Sam —le recordé al ver su repentino entusiasmo por practicar esos trucos.
—Quiero intentarlo —insistió mientras hacia ademan de bajarse del auto. La tome por la muñeca antes de que lo hiciera. No quería tener un enfrentamiento con ninguno de ellos. Menos aun en presencia de Bella. Era mejor evitarlos.
—Pero no hoy, ¿vale? ¿No podríamos esperar por lo menos a un día más cálido? –el frio no me agradaba en lo más mínimo.
—Vale, de acuerdo —un frio escalofriante entro por la rendija de la puerta que Bella mantenía abierta. ¡Deben de estar locos esos idiotas para lanzarse al agua con semejante frio!—. Pero quiero ir pronto.
—Pronto —dije desconcertado—. Algunas veces te comportas de una manera muy rara, Bella. ¿Lo sabes, no? –no entendía por que luego de haberse asustado al ver saltar a Sam, ella le provocaba por experimentar un sentimiento parecido.
—Sí. –me respondió con un suspiro profundo.
—No saltaremos desde lo más alto. – le explique. Quizás un día cuando ellos no estuvieran la llevaría a saltar conmigo… desde la parte baja.

Paul se lanzo mientras daba una vuelta en el aire. Fanfarreando como siempre.

—Vale —acordé—. Al menos, no la primera vez.

Suspire hondo ante su obstinación. Era muy terca. No quería seguir hablando de eso.

— ¿Vamos a probar ahora las motos o no? —pregunte apresurado por cambiar de tema.
—Vale, venga —contesto. Agarramos carretera otra vez. Poco a poco me fui calmando, mientras trataba de disolver los pensamientos de ese grupo arriesgado y fanfarrón. Cuando Bella volvió a hablar.
—Bueno, ¿y quiénes eran esos chicos, los locos? —ella no dejaría ese tema tan fácil. Un sonido de disgusto salió desde mi pecho.

—La banda de La Push.


mayo 23, 2011

Cap. VIII

Todo marcha sobre rieles. Y no podría estar más complacido por ese hecho.

Amanecí con unas ganas inmensas de que pasaran las horas, quería que la noche hiciera presencia, estaría con Bella, aunque puff seria para hacer tareas; pero igual era tiempo con Bella.
Al final llego la noche, llegue a casa de Bella y ella ya me estaba esperando con mas ansias de las que esperaba, su alegría cada vez que me veía me hacia suspirar y querer estar cada vez mas cerca de ella.

Nos espatarramos sobre el suelo con nuestros cuadernos abiertos de par de par. Charlie llegue mientras hacíamos nuestros deberes, yo estaba realizando el trabajo de historia que había olvidado, la profesora me dio chance de entregárselo en la próxima clase.

Charlie no parecía sorprendido, supuse que ya había estado chismeando con papá, y lo había puesto al tanto de que yo vendría para acá.

—Hola, chicos —hablo mientras olfateaba en dirección hacia la cocina, con la mirada clavada en la misma dirección. Bella había pasado la mayor parte de la tarde preparando una lasaña, yo me mantuve al lado de ella todo ese tiempo, hablando y observando su agilidad para cocinar, debía admitir que el olor era exquisito y el sabor también, debes en cuando probaba mientras ella agregaba una cosa tras otra. Eso le aumentaba unos cuantos años más. Aunque no me apeteciera en nada.
Para cuando llego Charlie estaba más que lista la comida, y el olor se expandía casi por toda la cosa.

Bella me ofreció que me quedara a cenar, accedí complacido y además ella sirvió un plato de comida para llevarle a mi papá.

El viernes que siguió la pasamos en el garaje, cada vez le faltaba menos a las motos. Estaba planeando la salida furtiva entre y Bella y yo en nuestras nuevas motos.

El sábado dedique la mañana a terminar lo últimos detalles de la moto roja y acomodar el manubrio de mi moto, la negra. Estaba quedando espectacular, ya deseaba probarla. Volaría como un rayo. Estaba trabajando lo más rápido que podía, tanto que ese tarde solo había almorzado pizza que papá había encargado, ya que yo no estaba dispuesto a dejar mi labor para cocinar algo. Ya ni siquiera había llamado a los chicos para pasar el fin de semana con ellos. Mi agenda tenía gravado el nombre de Bella como una celebración diaria.

Le estaba planeando una sorpresa a Bella. Ella no se imaginaba cuando adelantado llevaba el trabajo de las motos.

Cuando Bella termino su turno donde trabajaba, me aviso y yo me fui hasta su casa para continuar haciendo tareas. Ese día Charlie no estaba en casa, se había ido de pesca con Harry, para el momento en que volvió a casa ya ambos habíamos terminado todas nuestras tareas, eso me complacía más de lo que creía. Estaba muy atrasado con mis actividades del instituto, y al parecer Bella también.

Cuando entro a la casa, Bella y yo estábamos sentados en el sofá viendo un episodio de Monster Garage, en el canal de Discovery, yo amaba ese programa. Los carros eran impresionantes, soñaba con la idea de poder reparar alguno de esa magnitud alguna vez. Aunque mis conocimientos no llegaban a tal magnitud.

La habíamos pasado tan bien que no había fijado en la hora. Ya era tarde para mi pesar, sinceramente no quería irme. Bueno no quería alejarme de Bella.

—Quizás debería irme ya —dije entre un suspiro—. Es más tarde de lo que pensaba.
—Vale, de acuerdo —rezongo—. Te llevaré a casa. –dijo con poco entusiasmo, se sentía en algo como yo, la pasábamos tan bien juntos. Que ninguno deseaba separarse del otro. Solo pude soltar una carcajada.

Me despedí de Charlie y salimos al porche. Ella dio la vuelta a la pickup y ambos subimos.

—Mañana, de vuelta al trabajo —me dijo tan pronto estuvimos dentro del auto—. ¿A qué hora quieres que vaya? –me pregunto. Y yo sin poder evitarlo sonreí, tratando de contener un poco mi entusiasmo, pero por la cara de Bella era obvio que no lo había logrado.

—Te llamaré antes, ¿de acuerdo? –le ofrecí. No quería dañar la sorpresa. Así que aunque ella arrugo el entrecejo confundida yo no dije ni pio.

—Bueno. —replico a regañadientes. Yo sonreí satisfecho ante su duda.

Me dejo en la casa y se fue. Cuando entre papá estaba frente al televisor apunto de quedarse dormido. Era muy tarde.

— Buenas noches papá. –dije cuando entre.
— Jake… -dijo somnoliento. Que bueno que llegaste, Charlie me llamo hace unos minutos para decirme que venias en camino con Bella. ¿Ya ella se fue?
— Que raro tu y Charlie cotorreando. —me burle— si ya ella se fue. Pero te mando algo de comer.
— Valla, que bien. Tengo mucha hambre. —me sentí culpable por haber pasado todo el día fuera. Y no haberle cocinado.
— Si, umm es lasaña. Esta muy buena.
— Excelente. Gracias. Alcánzame un cubierto o algo.

Fui hacia la cocina y le traje una cuchara y un vaso de agua. Me sentía mal por el, ya era muy tarde y no había comido nada desde el mediodía.

— Disculpa que llegue tan tarde.
— Tranquilo. ¿Como te fue? —dijo con un tono extraño. — Quiero decir que como les fue con las tareas.
— Bien, terminamos todo.
— Que bueno, me alegro. —no dijo nada mas por que ahora ocupaba su boca con la comida. Estuve un rato viendo tv, pero no aguantaba el sueño, comencé a cabecear luego de un rato.
— Sera mejor que vallas a dormir.
— Cierto. Te acompaño hasta tu cuarto.
— Tranquilo anda a dormir. Puedo llegar hasta allá solo.
— Bah. Vamos de una vez antes de que seas tu el que me tenga que llevar hasta mi cama.
— Bien. —dijo con un suave sonrisa que lo hacia verse un poco mas joven.

Lo ayude a recostarse. Camine con los ojos cerrados hasta mi cama, me deje caer sobre las sabanas y me enrolle en ellas entre un suave suspiro de satisfacción.

A la mañana siguiente, me apure lavando las motos a escondidas en la parte de atrás del garaje. Las pulí una por una. Estaban espectaculares. Ya era el momento cumbre. Camine a casa y tome el teléfono.

— ¿Diga? —se escucho del otro una voz agitada que respondió el teléfono.
—Bella —dije tratando de sonar serio para ocultar la emoción. Claro si ella estuviera aquí frente a mi, no lo lograría ni por asomo.
—Hola, Jake.
—Creo que... tenemos una «cita» —dije con un segundo sentido, no podía decirlo claramente por que papá estaba cerca. Bella tardo un rato en darse cuenta de la indirecta.
— ¿Están terminadas? —pregunto por fin, con algo de incredulidad en la voz.
—Sí, andan y todo.
—Jacob eres, sin ningún género de duda, la persona de mayor talento y más maravillosa que conozco. —me elogio—Te concedo diez años sólo por esto.
— ¡Guay! —que fino— Ya soy una persona madura.
Ella rio satisfecha.
— ¡Y yo pronto lo conseguiré! —aseguro feliz.

Colgó el teléfono. Imagine que venia en camino. Nos esperaba un grandioso día. Era el momento de enseñarle a Bella a andar en moto. Y contaba con ser un buen maestro.

mayo 17, 2011

Cap. VII

Un brindis por ti, un brindis por mi.


Me levante como si tuviera un resorte debajo de mi, di un brinco y casi corrí hasta la entrada.

— ¡Hola, Bella! —hable un poco alto cuando estuvo lo suficientemente cerca para que pudiera escucharme. Ella me ofreció un suave pero muy expresiva sonrisa, se veía algo preocupada pero a la vez se notaba relajada y complacida. Papá estaba cerca, observándonos desde la ventana, donde alcanzaba a oír, así que me limite a sonreír sin comentar nada.

—Hola, Jacob —saludo a papá.

—Vamos a ponernos a trabajar —la inste tratando de entusiasmarla y que eso que la tenia con la mente tan alejada, se dispersara y le permitiera pasar un tarde agradable conmigo. Tuvo algo de efecto por que sonrió, me hinche sin poder evitarlo, saber que mis palabras y una sonrisa eran capaces de sacarle una sonrisa a la mujer más hermosa del mundo me hacia sentir inmenso.

—Pero ¿de verdad no estás harto de mí ya? —pregunto de pronto desconcertándome.
Lo pensé un rato mientras nos dirigíamos al garaje. Mi lugar preferido.

—Qué va. Todavía no. —le conteste luego de unos segundos.

—Por favor, hazme saber cuándo empiezo a ponerte de los nervios. No quiero ser una pesada. —que ilusa era, era imposible que me cansara de ella, la quería tener cada día de mi vida si era posible.

—Vale —me reí—. Aunque, bueno, yo que tu no me preocuparía por eso. —le confié.

Continuamos caminando hasta la entrada del garaje, camine unos pasos y luego me detuve cerca de la moto roja de Bella, la que había dejado en pie luego de montarle los neumáticos, me sentí complacido cuando vi la cara de sorpresa de Bella.

—Jake, eres sorprendente —exclamo sin aliento. Yo me reí a carcajadas satisfecho.
—Me obsesiono cuando tengo cualquier proyecto entre manos —me explique con un perfecto encogimiento de hombros—. Aunque lo habría alargado un poco más si tuviera algo de cerebro. —por estar empecinado en mostrarme rápido, y bueno con cualquier tipo de cosa que posea ruedas, había perdido la oportunidad de utilizar el cerebro que esta sobre mi cuello para pensar en que Bella se apartaría de mi cuando ya fuera obtenido lo que necesitaba.

Me sentía chiquito, más bajito que Bella —y eso es decir mucho— cuando pensaba en que ella se alejara de mí.

— ¿Por qué?
Mire hacia el suelo cohibido. La vergüenza me abrumaba, no sabia bien como explicarle lo que sentía sin sonar melcochoso o cursi.

—Bella, ¿que habrías hecho si te hubiera dicho que no podía arreglar las motos?— comencé preguntándole eso, me parecía mas fácil.

Ella enmudeció, lentamente levante la mirada para observarla. Estaba meditando su respuesta. Aguarde hasta que hablo.

—Te hubiera respondido que... tampoco era para tanto, que seguro que seríamos capaces de encontrar a alguien que pudiera hacerlo. Y si realmente nos hubiéramos sentido desesperados, incluso podríamos haber hecho alguna de las tareas del colegio.
Sonreí más que satisfecho, mis músculos se relajaron poco a poco. Bella no estaba ahí solo por las motos. También estaba ahí por MÍ. Satisfecho me incline hacia atrás y me senté junto a la moto, tome la llave inglesa que estaba cerca de la caja de herramientas mientras intentaba obtener una respuesta más.

—Entonces, ¿me estás diciendo que seguirás viniendo cuando haya terminado?

— ¿A eso es a lo que te referías? —pregunto mientras sacudía la cabeza, parecía algo confundida—. Y yo que suponía que me estaba aprovechando de tus pocas reconocidas habilidades mecánicas. Estaré aquí tanto tiempo como me dejes seguir viniendo.

Me reserve mi felicidad que peleaba para salir a gritos de mi pecho. Tendría a Bella junto a mí. Lo suficiente como para hacerla olvidarla, lo suficiente como para lograr un cariño mayor de ella hacia mí.

— ¿Esperando a encontrarte con Quil de nuevo? —bromee para detener mis cavilaciones.
—Me has pillado. —dijo siguiéndome la corriente. Reí complacido.

— ¿De verdad que te gusta pasar el tiempo conmigo? —pregunte asombrado, tentando mas mi suerte, esperando otra respuesta grata que me hiciera volar feliz sobre mis deseos.

—Mucho. Muchísimo. Y te lo demostraré. Mañana tengo trabajo, pero el miércoles haremos algo que no tenga que ver con la mecánica.

— ¿Como qué? —lo que fuera seria excelente mientras nos incluyera a los dos.

—No tengo ni idea. Podemos ir a mi casa, así no tendrás la tentación de continuar con tu obsesión. —Que difícil me es separarme de una refacción cuando esta me pide a gritos que la repare y le devuelva la vida — Puedes traerte los deberes del instituto, ya que debes de estar retrasándote, igual que yo.

—Lo de hacer las tareas es una buena idea —afirme con una mueca recordando el trabajo que había olvidado hacer.

—Sí —dijo con un asentimiento, comprendiendo un poco mi expresión—. Tenemos que empezar a comportarnos de una forma responsable, o Billy y Charlie no se lo van a tomar tan bien como hasta ahora —ella hizo un gesto refiriéndome a los dos como una sola entidad, unidos éramos uno solo. Sonreí feliz por el modo en que se refería a nosotros. Un par de locos reparando motos. Jajaja.

— ¿Tareas una vez a la semana? —propuse.
—Mejor que sean dos —tenía mucho por hacer del instituto, pero dos días a la semana para eso sonaba casi a calvario.

Suspire hondo mientras apartaba la caja de herramientas y sacaba las dos latas de soda que había traído de mi casa. Suspiró pesadamente. Abrí una y se la pase a ella. Luego abrí la segunda y la eleve solemnemente para festejar.

—De aquí a la responsabilidad —brinde—. Dos veces por semana.

—Y a la imprudencia todos los días que queden —añadió ella con tono sarcástico. Sonreí mientras chocaba mi lata con la suya para culminar el brindis.

Sonreí mientras hacia chocar su lata con la mía. Brindando por ella y por mí, brindando por nuestras alocadas mentes que de una u otra forma estaban algo sincronizadas. Por la paz que me llenaba cuando Bella estaba cerca y las sonrisas espontaneas que me salían cuando hablábamos.
Salud por todo eso que ella me hace sentir.

mayo 15, 2011

Cap. VI

Cosas por hacer.

—Hola, papá —dijimos al unisonó. Rompimos a reír de nuevo, como un par de chiquillos que bromean de forma incesante sin importar la magnitud o lo insignificante que pueda ser el chiste.

Aun mantenía a Bella tomada de la mano, y Charlie lo noto por supuesto. Su mirada estaba clavada en Bella, especialmente en la mano que mantenía entre a la mía.

—Billy nos ha invitado a cenar —dijo Charlie con la vista fija en Bella. Hablo en un susurro.
—Mi receta ultra secreta para los espaguetis con carne, transmitida de generación en generación —dijo Billy en tono solemne.

Bufe de forma divertida y burlona.

—La verdad, dudo que esa receta exista desde hace tanto. —bromee.

Papá había invitado también a comer a los Clearwater, Harry, Sue, Leah y Seth. Apenas entramos a la casa todo parecía encogerse por la cantidad de gente, pero de una u otra forma parecía una familia reunida. Leah pasó toda la noche pegada al teléfono. Al parecer Sam había salido temprano, y no sabían nada de el aun. Ella estaba mas que preocupada por Sam.

Me acerque a Seth y lo salude con ligero abrazo, el es un pequeño apenas de tan solo catorce años, aunque no lo aparenta tanto al hablar. Era joven si, pero de mucha confianza y un gran amigo. Pasaba la mayor parte del tiempo cerca de mi, o hablando conmigo.

Intentamos sin éxito comer juntos en la mesa, pero jamás podríamos sentarnos todos en esa mesa tan pequeña. Así que Charlie fue con Harry salieron al patio en busca de otras sillas. Nos comimos la cena con los platos sobre nuestras piernas. No me incomodaba en absoluto pero me sentía algo mal por Bella, aunque ella se veía de lo mejor, no dejaba de sonreír y miraba a todos con un brillo muy ligero en los ojos.

Esta Bella que estaba a mi lado, parecía una diferente a la de hace unos días.

Me hacia feliz tener que ver en eso.

Harry, Charlie y papá veían el juego en la sala de estar, y hacían planes para ir de pesca, mientras Sue trataba de convencer a Harry de que desistiera, por el colesterol e intento hacerlo comer algo de un feo color verde. Pero Harry era muy terco, solo se reía y continuaba comiéndose sus espaguetis con carne, que además estaban muy sabrosos.

Pase toda la noche hablando con Bella, de diferentes cosas que salían la paso de nuestra conversación, Seth me interrumpía debes en cuando yo me olvidaba de su presencia y me sumía en una conversación donde no lo incluía a el.

Todos hablaban más que un radio prestado. En voz alta y narrando diferentes anécdotas y chistes. Bella se reía de forma cómoda en la charla.

Luego de unos minutos el cielo fue cubierto por una espesa nube, trayendo consigo una lluvia típica del estado, dando por terminada la pequeña fiesta. Cuando Charlie se iba con Bella, me apresure a su lado para despedirme de ella. Le di un corto abrazo y retrocedí. Charlie se despidió con la mano desde el auto. Harry se había ido un poco antes con Sue y sus hijos. Leah continuaba dando vueltas como una leona, apresurada por irse.

Papá estaba sonriente, más que satisfecho por como se estaba dando mi amistad con Bella. Yo no podía evitar sentirme feliz por ese hecho, también a mi me alegraba. Quería pasar cada minuto del día con ella.
Estuve un rato en el garaje durante esa noche reparando la moto roja. Era de Bella, y quería que quedara perfecta. Pasaron un par de horas, ajuste las tuercas del manubrio cromado para la moto, revise el arranque y los cables del freno. Todo estaba mejorando y la moto se veía cada vez mejor.

El largo día comenzó a pesarme sobre los hombros. Me bañe y me acosté a dormir mas que relajado. Deseoso de que la mañana me trajera a Bella nuevamente.

Me levante temprano y puse manos a la obra con la moto, me sentía eufórico, había dormido mas que bien, como un león que descansa sobre el pasto, bajo la sombra de un baobad.

Le coloque los neumáticos nuevamente, estaban en un estado aceptable. Modifique las suspensiones y puse la moto en pie.

Cuando vi el reloj me levante como un resorte del suelo. Sali corriendo a bañarme a vestirme. Comí algo improvisado, creo que era un pan con jamón, o algo así.

Llegue al instituto casi sin aliento por que había corrido desde el estacionamiento. Llegue algo tarde a la clase de historia y además había olvidado por completo un trabajo que nos habían asignado la semana pasada.

Estaba algo retrasado con mis estudios, debía rogar ahora para que papá no se enterara y ver como recuperaba esa nota.

Pase el resto de la mañana perdido entre mis pensamientos y el techo del aula. Los muchachos ya comenzaban a preocuparse.

— Cielos jake, pareces un loco. Tas frito. —se había burlado Embry.

Llegue a casa aun pensativo. Necesitaba ponerme al día con mis estudios y terminar la moto.
Aunque si fuera mas inteligente y no tan fanfarrón fuera tardado más. Sol quería mostrar mi habilidad y rapidez, pero se me olvido el hecho de que al terminar las motos, Bella se iría. Dejaría de visitarme tan seguido como lo hace ahora.

Agarre una bolsa de papás y varias sodas. Me fui al garaje y las metí dentro del pequeño refrigerador mientras me devoraba las papas. Un sonido ya más que conocido, recorría el camino hasta el frente de mi casa, por algún motivo mi sentido del oído está más agudo que hace unos días.

mayo 11, 2011

Cap. V

“Una moto en el camino es mejor que dos en el garaje”… yo sacaría dos a la calle.

El agua caía del cielo de forma incesante. Se derramaba por los alrededores de la casa, y caía en hilos desde los bordes del techo de la cochera. Busque un pequeño papel y escribí las herramientas y las piezas que necesitaríamos posiblemente para la reparación de las motos.

Un paraguas negro grande, de papá me llamo la atención, me pareció buena idea esperarla con el para mantenerla protegida de la lluvia; me guarde la lista en el bolsillo del pantalón, agarre el paraguas y me quede cerca de la puerta. El maravilloso sonido que mis odios anhelaban, se escucho fin a unos kilómetros de distancia. Sali rápidamente antes de que apagara el coche. Mientras llevaba el paraguas en mano. Camine hasta el auto y me asome por encima de la puerta cuando ella abría.

— Ha llamado Charlie diciendo que estabas en camino —le explique con una ancha sonrisa. Ella me la respondió complacida. El corazón se me hinchaba cuando sonreía, cuando me observaba. Cuando respiraba y su corazón latía cerca del mío.
— Hola, Jacob. –me saludo. Estaba increíblemente agradecido de que ella estuviera ahí. Conmigo. Y que en pocos minutos no habría más nadie en casa. Podríamos irnos a comprar lo que necesitábamos sin ser juzgados por la proveniencia del dinero. Mas que todo me alegraba pasar tiempo solo con ella.
— Buena idea, hacer que invitaran a Billy. –levante mi mano, ofreciéndole chocar los 5 dedos de la palma. Ella se estiro hasta que nuestras manos chocaron.
Harry apareció para llevarse a Billy sólo unos minutos después. Pasee a Bella por mi casa, recorrimos varias habitaciones entre ellas mi cuarto. Mientras hacíamos tiempo para estar solos. Y poder salir.
— Bueno, ¿y adonde vamos, señor Buena Pieza? —se burlo con un tono de sarcasmo y felicidad en cuanto papá salió de casa acompañado por Harry.

Busque el papel que había doblado anteriormente, lo saque del bolsillo del pantalón y lo estire para poder dilucidar las letras borrosas y mal escritas.

— Empezaremos primero por el vertedero, a ver si tenemos suerte. Esto puede ser un poco caro —le advertí con rosto preocupado por los costos—. Esas motos van a necesitar un montón de piezas antes de que podamos ponerlas en marcha otra vez. –insistí.
Su rostro no se inmuto. Lo intente una vez más.

— Estoy hablando quizás de más de cien dólares.
Bella saco una chequera y se abanico de forma fanfarrona con ella poniendo los ojos en blanco. Saqué mi chequera, me abaniqué con ella y puse los ojos en blanco ante su rostro preocupado.
— Creo que nos alcanzará. –concluyo ella.
Llegamos al vertedero, aun llovía, y todo el lugar estaba hecho un pantano no me molestaba pero me preocupaba Bella. Quizás fuera sido mejor venirme solo. Pero cuando la mire de reojo ella se veía realmente complacida. Sonreía y caminaba tranquila por el fango mientras reía sin molestarse en absoluto por el ambiente; considerando su ya conocido desagrado en cuando al clima del lugar.

Yo estaba más que feliz, siempre que ella me observaba yo tenia una estúpida grandota y estúpida en mi cara. Pero no me molestaba verme tonto, estaba feliz de que Bella irradiara vida.
Cuando íbamos en el auto note algo extraño, faltante, en su monovolumen, donde debía estar el estéreo, solo había un enorme hueco. Pero se veía algo maltratado el lugar. Como si un perro fuera arrancada de un mordisco lo que estaba antes ahí.
— ¿Se te rompió el estéreo? —le pregunte para salir de dudas.
— Así es —confirmo ella. Pase las manos por la vacío, estaba realmente dañado el espacio. En vez de un perro, parecían haber sido 5.
— ¿Quién se lo llevó? Ha hecho un buen destrozo... –concluí, luego de mi examen a esa parte del auto.
— Fui yo —admitió un poco avergonzada.
No pude evitar reírme. Si ella se había transformado en 5 perros hambrientos para arrancar ese estéreo, no quería ni imaginar que podría hacer con algo más grande e importante. Como una moto, por ejemplo.
— Pues quizá sea mejor que no toques mucho las motos. –le aconseje entre risas.
— Sin problemas. –accedió ella riendo.
Nos había ido muy bien en el vertedero, como lo había supuesto. Conseguimos los cuadros y empalmes en una vieja moto. Estaban algo grasientos pero eran los que necesitaba, conseguimos unos tubos y horquillas. También encontré la correa de mando que le faltaba a la motocicleta roja.

Cuando conseguí todo lo que pude en el Vertedero, nos fuimos para Checker Auto Parts que había más abajo, en Hoquiam. Duramos un par de horas de trayecto, ya que el monovolumen no alcanzaba mucha velocidad. Aunque no me afectaba en nada a mi humor. El cual estaba increíble. Pase todo el viaje haciendo chistes y bromeando con Bella. Sabía que ella era grandiosa, pero nunca pensé que un día entero junto a ella fuera tan satisfactorio. Yo no paraba de hablar, le comente otra vez sobre mis amigos, ella estaba inmersa en la conversación conmigo y me hacia preguntas de ves en cuando con verdadero interés.

— Estoy llevando yo toda la conversación —me queje luego de terminar de narrar la historia de Quil, donde el se había metido en una gran bronca por querer bajarle la chica a un tipo alto y cuadrado del ultimo curso. Yo le advertí que no la invitara a bailar pero el es muy persistente. — ¿Por qué no hablas ahora tú? ¿Qué tal va todo en Forks? Seguro que es más excitante que La Push.
— Qué va —refuto entre un suspiro—. En realidad, no pasa nada. Tus amigos son mucho más interesantes que los míos. Me gustan. Quil es muy divertido.

Fruncí el ceño ante su comentario. Quil pensaba algo parecido. Aunque el no se conformaba con la palabra divertido.

— A Quil también le gustas tú. –refunfuñe.
Bella se rio para restarle importancia.
—Pues es un poco joven para mí.
Arrugue más el ceño ante su comentario. Quil tenía casi mi edad, ósea que también se refería a mí en cuando a lo de “un poco joven para mí”.
—No es mucho más joven que tú. Sólo un año y unos meses.
—Seguro que sí. Pero considerando la diferencia de madurez entre chicos y chicas –explicaba mientras hablaba en tono suave y bromista– ¿no tendrías que contarlo en años similares a los de los perros? ¿Y eso qué me hace, unos doce años mayor?

Me reí mientas veía al cielo con un gesto de dramatismo. Ella quería sacar cuentas. Bien sacaríamos cuentas.

—Vale, pero si te vas a poner picajosa con eso, también tendremos que considerar el tamaño. Eres tan pequeña que vamos a tener que descontarte diez años del total.
—Uno sesenta y cuatro está totalmente dentro de la media —replico con un bufido—. No es culpa mía que seas un fenómeno. –trato de hacerme quedar mal.

Pero no se lo permití, todo el camino lo pasamos discutiendo la formula correcta de concretar la cifra de nuestra edad. Yo sabía cambiar ruedas así que gane unos puntos más mientras que los de Bella seguían cayendo por un barranco. Cuando legamos al punto de ocuparse de las cuentas de las casas me lanzo por el mismo despeñadero. Yo no podía siquiera leer el recibo de luz sin arrugar la cara.

Cuando llegamos a Checker, me sentí muy seguro de que podría terminar las motos. Conseguí concentrarme en el porque y que buscamos ahí. Logre encontrar todo lo de la lista. Complacido nos devolvimos hacia la Push. Todo el camino lo pasamos decidiendo nuestras edades, al llegar allá yo tenia unos treinta bien ganados, y ella rondaba los veintitrés por su pequeña madurez. Estaba demostrado que la edad solo era un numero.

Yo acumulaba habilidad tras habilidad… mientras las de ella no superaban la cocina y el lavandero.
Cuando entramos a casa me sentí satisfecho de que papá aún no fuera llegado. Sabia que tardaría en volver por que mientras veía el partido, hablaba y comía se le iba el día sin darse cuenta.
Cerca de una gran lona de plástico tendida cerca de la caja de herramientas tendimos las diferentes piezas delante de nosotros, mientras hablábamos y reíamos. Pase mis manos sobre la piezas, rosándolos y calculando el trabajo que debía hacer y como lo haría.

Quil y Embry no rondaron sus cabezas por la casa como yo supuse que harían. Obedecían cuando sabían que la venganza les dolería más.

Oscureció y la llamada de Billy nos alerto. Bella se levanto para ayudarme a recoger las cosas.
—Déjalo ahí —le pedí—. Volveré a trabajar con eso más tarde, esta noche.
—No vayas a dejar de hacer los deberes o cualquier otra cosa que tengas pendiente —le comenté, sintiéndome algo culpable. No quería que se metiera en problemas, ya que este plan sólo debía afectarme a mí.

— ¿Bella? –era Charlie quien llamaba a Bella. La voz procedía de entre los arboles que estaban cerca de nosotros.

—Corre —susurro Bella—. ¡Ya vamos! —grito ella hacia la casa.
—Vámonos —dije sonriendo, divirtiéndonos con el complot que teníamos.

Apague la luz mientras salíamos, todo oscuro. Y Bella pareció desconcertada, le dio la mano a Bella y salimos del garaje encaminados hacia los arboles. Su piel era calidad y suave. Muy reconfortante.

Tropezamos a menudo en la oscuridad a pesar de caminar por el sendero. Aún nos reíamos cuando la casa apareció a la vista..

Charlie nos esperaba de pie en el pequeño porche trasero y Billy estaba detrás, sentado en el umbral.